DiócesisHomilías Mons. Dorado

María en la esperanza del Tercer Milenio del Cristianismo

Publicado: 01/09/1996: 696

María en la esperanza del Tercer Milenio del Cristianismo

Fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos

(2º día de la Novena a la Virgen de la Victoria, Málaga:
1 de septiembre de 1996)


1.-  Las cosas importantes hay que prepararlas bien: para no improvisar y no caer en la rutina.

El Papa que nos convoca a celebrar los 2000 años del nacimiento de Jesucristo, quiere que esta celebración vaya precedida de una fase preparatoria, que se desarrollará en una etapa de tres años, de 1997 a 1999.

El primer año -1997- se dedicará a la reflexión sobre Cristo, Verbo del Padre, hecho hombre por obra del Espíritu Santo. Él es el único salvador del mundo, ayer, hoy y siempre.

El objetivo prioritario debe ser “el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos”. “Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal… y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado”. (nº 42).
, como en años anteriores.

2.- En esta fase preparatoria, “María Santísima estará presente de un modo, por así decir transversal. Durante este primer año -1997-  será contemplada en el misterio de su maternidad divina: ¡en su seno el Hijo de Dios se hizo carne! La afirmación de la centralidad de Cristo no puede ser, por tanto, separada del reconocimiento del papel desempeñado por su Santísima Madre” (nº 43).

En este empeño tan urgente y necesario de fortalecer nuestra fe y el testimonio cristiano de nuestra vida, María nos acompaña como modelo de fe vivida, como mujer creyente.


3.- La educación y el fortalecimiento de la fe de los cristianos aparece hoy como la tarea más importante en nuestra vida y en la acción pastoral de la Iglesia. Por dos razones:

• porque la fe no se puede dar por supuesta. Y no se puede dar por supuesta ni siquiera entre los mismos católicos practicantes. Esto es una novedad,

• y porque la fe no está socialmente protegida como si fuese un valor importante en la sociedad y en la cultura de hoy, que no procede de la fe ni conduce a ella.

En estos últimos 25 años han cambiado muchas cosas en España y en nuestros pueblos: unas para bien y otras para mal. Pero el cambio más profundo ha consistido en que se han modificado las relaciones del hombre y de la cultura con Dios; hemos pasado de una cultura creyente a una cultura de la increencia, y de un mundo religioso a un mundo secularista.

El Dios Padre y amigo y Salvador del hombre, que se encontraba presente en todos los aspectos y lugares de la vida humana, aparece hoy para muchos:

• o como un “enemigo” del hombre, al que hay que desterrar,

• o como un ser “inútil” para los que han perdido toda esperanza de salvación: “¿dónde está vuestro Dios?”,

• o como algo que no es necesario ni es el valor supremo en la vida de los hombres.

El resultado es lo que el Papa llama “la indiferencia religiosa”, es decir, la actitud de quienes, aunque se llaman cristianos, viven, o vivimos, “como si Dios no existiera”, y que, por consiguiente, no tiene influencia en nuestra vida personal, familiar, profesional o social. Y por eso, las numerosas y crecientes manifestaciones de religiosidad tradicional y popular, en cuyas raíces y expresiones está presente la savia cristiana y religiosa de nuestro pueblo, coexisten con la influencia secularizada de la cultura, los valores y los estilos de vida hoy dominantes que son, en muchos aspectos, neopaganos, y con una sociedad que está de vuelta del cristianismo.

La gran mayoría de nuestro pueblo está compuesto por bautizados que se encuentran en una situación de fe poco madura. Y sin una fe personalizada y adulta les resulta muy difícil afrontar los retos de nuestro tiempo.

Hoy necesitamos cristianos convertidos y convencidos, cristianos de verdad. Cristianos que hayan acogido plenamente a Jesucristo y el don inefable del Evangelio y que, a fuerza de ser coherentes con él, viven y proclaman con total claridad las implicaciones morales, personales y sociales de su fe.


4.- En esta tarea prioritaria que nos urge a todos, el Papa nos presenta a la Virgen Santísima como “modelo de fe vivida”. El Papa viene a decirnos: en este año tenemos que centrar nuestra devoción y nuestro amor a la Virgen de Guadalupe, en la contemplación de su vida de fe. Para que nuestra devoción no sea “una vana credulidad”, ni un “sentimentalismo estéril”, tenemos que esforzarnos en imitar sus actitudes de fe, que la definen como “la Virgen fiel” y la “mujer creyente”. A la Virgen la llamó Isabel mujer feliz y bienaventurada, “porque ha creído”. Y Jesucristo sitúa su grandeza en que “ha escuchado la Palabra de Dios y la ha cumplido”.

En la Redemptoris Mater, el Papa describe la biografía de la Santísima Virgen con tres episodios equivalentes:

• “Peregrinación de la fe”,

• “Obediencia de la fe”,  ESA FUE SU VIDA

• “Itinerario de la fe”

“Su excepcional peregrinación de la fe presenta un punto de referencia constante para la Iglesia, para los individuos y comunidades, para los pueblos y naciones y, en cierto modo, para toda la humanidad” (RM, 6).

Su fe se expresa:

a). en la acogida  de la Palabra de Dios (En la Anunciación “entrega a Dios las llaves de su libertad”, dirá Santa Teresa).

b).  en la contemplación de la Palabra de Dios. “La noche de la fe” en la Virgen. “Conservaba en su corazón…”. “Estaba en pasmo”, dirá San Juan de la Cruz.

c). en la realización de la Palabra de Dios. El Evangelio hecho vida, hecho carne.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga