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Jueves Santo. Ciclo B

Publicado: 17/04/2003: 649

Jueves Santo. Ciclo B

Año 2003

1. Jueves Santo es el día para recordar agradecidos la primera Eucaristía, en la que descubrimos nuestra identidad de cristianos.

En esta Eucaristía, anunciada por la Pascua Judía (Primera Lectura), descrita por Pablo (Segunda Lectura) y traducida por San Juan en el gesto del lavatorio de los pies, reside todo lo fundamental del Cristianismo: el amor.


2. La Eucaristía es la expresión del amor que Dios nos tiene.

El máximo gesto de amor de Dios se encuentra en la Cruz de Jesús. En ella Dios nos entrega a su Hijo por amor. Esta entrega del Viernes Santo se celebró anticipadamente la víspera por la tarde en la Cena del Señor: “este es mi Cuerpo (es decir, mi persona) entregado por vosotros; esta es mi sangre (es decir, mi vida) derramada por vosotros”.

En la entrega de Jesús en la Eucaristía se nos entregó Dios por amor y para siempre. Lo más original y más decisivo de nuestra vida cristiana es que Dios nos ama hasta el punto de entregarnos a su Hijo. La conciencia de ser amados por Dios es más importante en nosotros que nuestra solicitud para amar a Dios. Celebrar la Eucaristía es sentirse silenciosa y efectivamente queridos y acompañados por Dios. Y eso da a nuestra vida una confianza inmensa que se hace especialmente patente en los momentos de mayor dureza de nuestra vida.


3. Jesús en la Eucaristía es la máxima expresión del amor que Dios nos tiene. Pero es, además, la máxima expresión del amor que un hombre puede profesar a Dios. En Jesús –verdadero Dios y verdadero hombre- se cruzan el amor de Dios al hombre y el amor del hombre a Dios. Jesús vivió en la Eucaristía una entrega a Dios Padre de máxima intensidad.

Entregarse a Dios es la vocación más radical de un cristiano y la tarea más fundamental de la Iglesia. Nuestra tarea más básica es responder al amor que Dios nos tiene; y el desfallecimiento más penoso que puede padecer la Iglesia es que decaiga su amor a Dios. La mayor impiedad que puede cometer la Iglesia consiste, en palabras de Bonhoefer, en ofrecer al mundo algo que sea menor que Cristo.

Celebrar la Eucaristía lleva consigo entrar en la dinámica de Jesús que se entrega totalmente a Dios Padre y dejarnos conducir dócilmente por ella.


4. En la Eucaristía del primer Jueves Santo está presente el mandamiento nuevo del amor fraterno.

El cuarto evangelista –San Juan- no nos ha referido la Cena Eucarística del Jueves Santo. Pero sí nos ha recogido el espíritu propio de la primera Eucaristía. El relato del lavatorio de los pies equivale en San Juan al relato de la Eucaristía y significa lo mismo. Jesús ha querido realizar este humilde (servicio) oficio de lavar los pies de los discípulos para mostrarnos plásticamente cuál es la ley fundamental del comportamiento cristiano: servir humildemente a los demás, que es para sus discípulos su mandato y no simplemente una recomendación. El mismo Señor que dejó a su Iglesia el mandato de celebrar la Eucaristía hasta el fin de los tiempos (“haced esto en memoria mía”), nos confirma en el Evangelio de hoy: “también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. La vida de un cristiano se mide por la calidad espiritual de su servicio.

Jueves Santo es un día que nos invita a los cristianos y a toda la Iglesia a volver a nuestros orígenes.

Permitidme, queridos hermanos, que hoy os recomiende con interés la renovación de vuestra devoción a la Eucaristía: que busquemos la manera de participar en la Eucaristía a diario y especialmente en los Días del Señor; y que nunca estén los sagrarios olvidados, solitarios o abandonados por la frialdad o la indiferencia de los cristianos.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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