DiócesisHomilías Mons. Dorado

La Inmaculada Concepción

Publicado: 08/12/1990: 690

La Inmaculada Concepción
Año 1990

1.- Hoy celebramos con alegría la fiesta de la Inmaculada Concepción, que este año coincide con los 25 años de la conclusión del gran Concilio Vaticano II y con la acción de gracias de nuestra Iglesia diocesana en el IV Centenario de la fundación del Seminario Conciliar de San Bartolomé, donde se han formado miles de sacerdotes que han servido ejemplarmente a nuestro pueblo.

Tres grandes acontecimientos que nos invitan a la acción de gracias a Dios nuestro Padre y a nuestro compromiso cristiano.


2.- El Evangelio de hoy nos invita a situarnos en una actitud semejante a la de María en el misterio de la Anunciación: una actitud de oración contemplativa, de escucha atenta a la llamada que Dios nos dirige y de disponibilidad confiada.

¿Cuál es el mensaje que Dios pide hoy a nuestra Iglesia a través de sus ángeles? ¿A qué misión nos convoca en nuestro tiempo? ¿Qué nos pide?

Para acertar en la respuesta a esas grandes interrogantes, la Iglesia debe dirigir su mirada hacia María, su “tipo” virginal y a la vez materno en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo, como nos enseña el Concilio.


3.- Nuestra Iglesia, desde la interpretación que hace el Concilio de la llamada de Dios y desde la contemplación del misterio de la Virgen, es convocada hoy a una triple acción pastoral:

- En primer lugar, a lo que el Papa Juan Pablo II ha llamado “una nueva evangelización”: la misión primaria de la Iglesia bajo el impulso del Espíritu Santo es predicar y testificar la buena y alegre noticia de la elección, la misericordia y la caridad de Dios, que llega a su culmen en la plenitud de los tiempos por Jesucristo; y ofrecerles y comunicarles a los hombres por la fuerza del Espíritu Santo ¡La Luz de los hombres en Jesucristo!

Hoy resulta particularmente urgente esta tarea porque la transmisión de la fe y de los valores morales que proceden del Evangelio a las generaciones más jóvenes, está hoy en peligro. Se requiere un nuevo esfuerzo en la evangelización y en la catequesis integral y sistemática.

En circunstancias dificilísimas a lo largo de toda la historia de la Iglesia, los santos y santas fueron siempre fuente y origen de renovación y de evangelización. Hoy necesitamos fuertemente pedir a Dios con asiduidad santos.

Para todos los cristianos, la Virgen María, que fue la gran evangelizadora porque dio a Cristo al mundo y que es para nosotros Madre en el orden de la gracia, es ejemplo de santidad y de respuesta total a la vocación de Dios.
4.- Otra tarea urgente es fortalecer de manera efectiva la comunión eclesial. No es ningún secreto que hoy abundan posturas y teorías bastante ambiguas en cuanto a la manera de entender y vivir la comunión eclesial, en la doctrina, en la disciplina y en el afecto. Sobre todas las teorías, hay una muy clara: sólo dentro de la Iglesia, dejándose poseer y hacer por la fe y la vida interior de la Iglesia, llegamos a descubrir a Jesucristo y poder anunciarlo de forma creíble.

El individualismo creciente, la reacción contra lo institucional y las actitudes críticas radicales hacen especialmente importante este objetivo.

La eclesiología de comunión es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio. Una comunión con Dios, por Jesucristo en el Espíritu Santo, que se fundamenta en la Palabra de Dios y en los Sacramentos y se expresa en la íntima unión de todos los fieles.

La ruptura producida por el pecado en el mundo hay que superarla con la fuerza de la reconciliación que Dios nos ha dado en Jesucristo, nacido de María la Virgen.


5.- Finalmente es necesario avanzar en la clarificación del lugar que corresponde a la Iglesia en la nueva sociedad; su misión, sus características, sus responsabilidades específicas. Clarificar todo ello con verdadera libertad, desde las fuentes propias de la Iglesia, teniendo en cuenta el mundo en que vivimos.

La Iglesia, como comunión, es sacramento para la salvación del mundo.

Después del Vaticano II la Iglesia se ha hecho más consciente de su misión para el servicio de los pobres, los oprimidos y los marginados. En esta opción preferencial, que no debe entenderse como exclusiva, brilla el verdadero espíritu del Evangelio. Jesucristo declaró bienaventurados a los pobres y él mismo quiso ser pobre para nosotros.

Por otra parte, resulta particularmente urgente en las actuales circunstancias de nuestra sociedad, proponer las exigencias morales de la vida nueva en Cristo, exigencias postuladas por el Evangelio y que son un elemento irrenunciable de la misión evangelizadora de la Iglesia. Es preocupante el deterioro moral de nuestro pueblo y por eso es más urgente colaborar a la revitalización moral de nuestra sociedad, como nos dice el reciente documento de la Conferencia Episcopal.


6.- A nadie se nos oculta la importancia de los sacerdotes en esta tarea. La celebración del Centenario nos recuerda la urgencia de la pastoral vocacional.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga