DiócesisHomilías Mons. Dorado

Vigilia de la Inmaculada

Publicado: 07/12/1991: 729

Vigilia de la Inmaculada

Año 1991

1.- San Bernardo de Claraval fue un monje del siglo XII que en su tiempo contribuyó más que nadie a la renovación de la Iglesia, a la evangelización y a la construcción de la unidad de Europa y el florecimiento de una cultura riquísima que ha llegado hasta nosotros.

Él, que tenía un profundo amor y una filial devoción  a la Santísima Virgen, solía proponer a los cristianos de su época una fórmula muy sencilla para orientarse en aquellos años de crisis y de decadencia, en los que fácilmente invadían los ánimos de las gentes los sentimientos de perplejidad, de desconcierto y de no saber a qué atenerse.

La fórmula, muy válida y eficaz, según su propia experiencia, era ésta: “Respice Stellam, invoca Mariam”; “pon tus ojos fijos en la Estrella e invoca a María” (la estrella humana era también María).

En esta Vigilia de la Inmaculada en la que el recuerdo de la Santísima Virgen pasa al primer plano de nuestra atención y se reavivan en nuestros corazones los sentimientos de amor y devoción a María; y para estos tiempos que estamos viviendo de cambios rápidos que tan profundamente afectan a la Iglesia, me atrevo a proponeros como medio para orientarnos y como camino de salida de nuestros desánimos y de nuestras incertidumbres, la misma fórmula que resultó tan fecunda y creadora en la vida y en la acción de aquel insigne monje y ferviente devoto de la Santísima Virgen que fue San Bernardo de Claraval: “Respice Stellam, invoca Mariam”. Poned vuestros ojos en esa Estrella luminosa que es la Inmaculada e invocad a María con una oración humilde y confiada.


2.- Debajo de tan sorprendente solución para los graves problemas que hoy acucian a Europa y que a muchos les parecerá un simplismo o una ingenua beatería, se esconden dos grandes convicciones para un creyente:

- el convencimiento de que la Virgen es la mejor realización histórica del Evangelio de Jesús de Nazaret. Ella fue una mujer enteramente ganada por el Evangelio de Jesucristo. Y para estos “tiempos recios” en que no valen los programas de segunda o tercera mano; cuando son más necesarios los testigos que los maestros; cuando nos hace falta gente que tenga una experiencia religiosa y apostólica muy de primera mano y que viva muy directamente el atractivo de Jesucristo viviente, que es el Evangelio perenne de Dios a los hombres, María es la Estrella que ilumina con su vida, que es Evangelio en acción, como la mujer creyente y la más fiel discípula del Señor.

- y una segunda convicción: la fe en la eficacia de la oración, como nos asegura el Señor en el Evangelio: “lo que pidiéreis al Padre en mi nombre, os será concedido”.

Las personas más creativas de la Iglesia y de mayor eficacia apostólica han sido los grandes místicos, es decir, los grandes orantes y las personas profundamente contemplativas.

También hoy tenemos que vencer la resistencia a recuperar todo aquello que es necesario para mantener una vida espiritual y apostólica vigorosa: la oración constante, el sosiego de la contemplación y la confianza ilimitada de quien vive en las manos de Dios que es nuestro Padre.

A la luz de estas convicciones, la invitación de San Bernardo aparece más fecunda y prometedora de lo que parecería a primera vista.

La fiesta de la Inmaculada Concepción, sea cual sea la situación y el estado de ánimo en que nos encontremos cada uno, es una invitación a dejarnos iluminar por esa forma evangélica de vida de la Santísima Virgen y a invocarla como Mediadora de la Gracia de Dios.


3.- Todos los que seguís con cierta atención las preocupaciones y la vida de la Iglesia Universal y de la Iglesia en España, sabéis que la gran tarea a la que se nos convoca y a la que nos remite la situación actual es lo que muy certeramente se ha llamado “la nueva evangelización”. Y esta es la finalidad de la Asamblea especial para Europa del Sínodo de los Obispos que se está celebrando en Roma: “enfrentarse con los retos que los acontecimientos recientes y los que todavía se está desarrollando en diversas partes del Continente plantean a los cristianos de hoy, sobre los cuales, en los umbrales del tercer milenio, recae la responsabilidad del anuncio evangélico a las nuevas generaciones”.

Porque en el Oriente y el Occidente de Europa siguen vigentes muchas ideas contrarias a la aceptación del Evangelio de Jesús, como la interpretación antropocéntrica del mundo y de la persona humana, al exaltación mitificada de la libertad humana, la reducción de la vida humana y del mundo al horizonte mundano y materialista, el olvido de Dios y la exaltación de las pequeñas felicidades inmediatas como única justificación de la vida y verdadera felicidad del hombre. Nuestra respuesta a los signos y a las exigencias espirituales de estos momentos se debe centrar en el anuncio del mensaje central del Evangelio de Jesucristo. Y en esas estamos: en el empeño de encontrar los caminos, el estilo y los métodos de una nueva evangelización.

Para esta tarea, que es de las que exigen mucho tiempo y no menos esfuerzo, en esta Vigilia de la Inmaculada, parece saludable acoger la invitación del gran evangelizador de Europa que fue San Bernardo: “Respice Stellam, invoca Mariam”. Y confiando en la maternal intercesión de la Santísima Virgen, nos atrevemos a decir:

Virgen Inmaculada:

Llena nuestros corazones de reconocimiento y entusiasmo
por nuestra vocación y misión de evangelizadores;
inspira en nosotros fortaleza de ánimo y confianza en Dios.
Haznos hombres y mujeres
sencillos, limpios de corazón y verdaderos, para que podamos ser
colaboradores de la Nueva Evangelización
y podamos contribuir a establecer sobre la tierra
la civilización de la verdad y del amor,
según el deseo de Dios y para su gloria.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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