Publicado: 12/09/1992: 1101

Vigilia Mariana

Cádiz, 1992: 12 de septiembre

Los cristianos de Cádiz nos reunimos esta noche en una gran Vigilia que se celebra en los principales santuarios marianos de nuestra diócesis para orar con María.

Así queremos prepararnos para los Congresos Mariano y Mariológico que la Iglesia celebra en Huelva para dar gracias a Dios por la evangelización de América, que iniciaron hace cinco siglos hermanos nuestros de fe y de sangre, y para impulsarnos a reanudar la evangelización de cara al año 2000.

Llamados para evangelizar: la tarea que se nos encomienda es grandiosa, pero nuestra fe es pequeña. Y a veces nos sentimos un poco perdidos y como paralizados: no acabamos de creer que el Evangelio tenga fuerza para atraer y renovar al hombre de hoy. Quizá porque nosotros mismos no nos hemos dejado transformar por él y no lo anunciamos con convicción y entusiasmo.

Sí, a veces nos sentimos como perdidos y paralizados. Como nos dice el Libro de los Hechos que se sintieron los discípulos de Jesús después de su Ascensión: “no sabían qué hacer y se encerraron”. Pero se pusieron a orar, como estamos orando esta noche. Y allí estaba María, la Madre de Jesús, con ellos. Igual que está con nosotros. También a nosotros nos presta su apoyo y su presencia de Madre para que abramos nuestros corazones al Espíritu Santo que nos fortalece, nos transforma y nos llena de amor y para que nos lancemos a evangelizar con obras y con palabras.

Este es el objetivo puntual que nos hemos propuesto en toda la diócesis para este curso: renovar nuestras parroquias y convertirlas en comunidades vivas que evangelizan, que dan testimonio de lo que han visto y oído. Es algo que anhelamos sinceramente y que estamos dispuestos a continuar. La cuestión clave es cómo hacerlo.

A María la invocamos, entre otros títulos, como la “Estrella de la Evangelización”, porque a través de Ella, el gran don de Dios, Jesucristo, llegó a toda la humanidad. Y si la Iglesia desea que Jesucristo llegue a todos los hombres –eso es evangelizar-, tendrá que seguir el ejemplo y el camino de María.

¿Qué hace María ante la llamada de Dios? ¿Y qué tenemos que hacer nosotros hoy ante la llamada a una “nueva Evangelización”?

Las actitudes fundamentales de la Virgen María las podemos resumir en tres grandes palabras: escucha, ora y se ofrece.

En primer lugar, escuchar: para evangelizar tenemos que dejarnos evangelizar y meditar la Palabra de Dios, acogiéndola en nuestro corazón. Escuchar la Palabra viva y cargada de fuerza que se nos da en el Evangelio. Y hacer nuestra la experiencia de que el Evangelio es una noticia gozosa que nos salva y nos libera.

Escuchar es también descubrir la presencia del Espíritu Santo en nuestro mundo: en las personas y en los grupos que trabajan por la paz y la justicia.

Escuchar es abrirse al dolor y al clamor de los pobres y de los que sufren. La Iglesia, como María, necesita escuchar la Palabra de Dios.

La segunda actitud de María es orar, vivir en amistad con Dios, abiertos a su amor y a su presencia; sabiendo que Él nos ama y nos sostiene. María es una persona muy adentrada en la amistad con Dios. Como Virgen orante aparece María en el Magnificat y en Caná, donde, manifestando al Hijo con delicada súplica una necesidad temporal, obtiene además un efecto de la gracia: Que Jesús, realizando el primero de sus milagros, confirme a sus discípulos en la fe.

Como Virgen orante aparece en los comienzos de la Iglesia que se dispone a la evangelización.

La renovación de nuestras vidas y de nuestras comunidades pasa por el camino de la oración. Los momentos más ricos y creativos de la historia de la Iglesia han estado marcados por la presencia de grandes orantes.

Y María se ofrece enteramente a Dios, como esclava. Porque ha escuchado a Dios, porque vive en profunda amistad y sintonía con Él, María sabe que su plenitud está en cumplir la voluntad del Padre. Es este seguimiento de la voluntad de Dios lo que la hará más persona, más humana; lo que hará que aún hoy le sigamos diciendo que es una bendición, porque es bendita entre todas las mujeres.

Así también la Iglesia se realiza en la entrega y en el servicio. En el sí a la voluntad de Dios y en el amor incondicional a los hombres.

A cada uno de nosotros, y a todos como Iglesia diocesana, María nos invita a seguir a Jesús, a hacer “lo que Él nos diga”. O quizás nos invita a hacer nuestro el misterio de la Encarnación: a decir con decisión Sí a Dios y Sí al hombre. El resto lo pondrá el Espíritu Santo. Y “si la Estrella nos guía –como dice el himno oficial- florecerá en el mundo la luz del Evangelio que enciende la oración”. Amén.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga