DiócesisHomilías Mons. Dorado

Fiesta de la Inmaculada

Publicado: 08/12/1991: 622

Fiesta de la Inmaculada

Año 1991

1.- Una especial alegría nos ha convocado hoy en la Catedral en el día de la Inmaculada. Celebramos el misterio de la victoria de la Gracia en María, liberada del pecado original desde el primer instante de su existencia.

María fue Inmaculada porque Dios la eligió y predestinó para ser Madre del Salvador. Ella es la Madre en la gracia de todos los creyentes. Ella es digna Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo hombre para rescatarnos del pecado. Convenía que una tal Madre y Compañera del Redentor fuera inmune a todo pecado, mantuviera “enemistades irreconciliables y totales” con toda clase de pecado. Y así Dios, que la eligió, la preparó Inmaculada en virtud y previsión de la gracia redentora de Jesucristo.

El alma de María estuvo adornada desde el comienzo de su vida con la plenitud de la gracia de Dios. Ella es la primera redimida y en el grado más eminente. Y, al mismo tiempo, María es la fiel Esposa del Espíritu Santo, por su total disponibilidad en las manos del Señor: “Yo soy la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Elección divina, victoria sobre el pecado y entrega fidelísima a la voluntad de Dios, son aspectos de una misma santidad, que en la Santísima Virgen alcanzó metas grandísimas y sublimes. María es la Reina de todos los santos.

Felicitamos hoy a la Virgen con toda la Iglesia. Glorificamos a Dios que la hizo tan hermosa y radiante. Te damos gracias, Padre, “porque libraste a María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia fuese digna Madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, Esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura”.


2.- A esta Madre y Reina de la Iglesia queremos encomendar hoy nuestra diócesis de Cádiz y Ceuta y todos nuestros programas y proyectos pastorales.

Queremos impulsar una nueva evangelización de los hombres y mujeres de nuestra tierra. En una sociedad nueva en tantos aspectos y aceleradamente orientada hacia el futuro con signos de cambios profundos, los creyentes no podemos quedarnos anclados en fórmulas pastorales del pasado. Tenemos el deber de buscar nuevas fórmulas, nuevos medios, nuevos cauces y nuevo ardor para que el Evangelio pueda iluminar la vida actual y pueda sazonar con la sal de Cristo la convivencia humana. Estamos en un momento importante y decisivo para comenzar una nueva andadura eclesial. La Iglesia tiene delante de sí un desafío evidente: ser testigo de la fe en Jesucristo ante la sociedad nueva que se empieza a dibujar en el futuro.

- nuestra Iglesia diocesana, siguiendo la inspiración del Espíritu Santo y al ritmo de toda la Iglesia Católica, necesita afrontar los nuevos tiempos buscando su perfecta encarnación en ellos desde una clara identidad e identificación con el Evangelio.

- Necesitamos fomentar catecumenados de adultos para que ellos marquen el camino de la vida de Cristo y sean indicadores de identidad cristiana para los jóvenes y los niños.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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