Publicado: 05/08/1990: 756

Virgen de África

Año de 1990, Cádiz

San Bernardo de Claraval, un monje del siglo XIII, que contribuyó más que nadie en su tiempo a la renovación de la Iglesia, a la construcción de Europa y de una cultura riquísima que ha llegado hasta nosotros, solía proponer a los cristianos de su época una fórmula muy sencilla para aquellos años de crisis y de decadencia en los que fácilmente invadían los ánimos de la gente los sentimientos de desconcierto, de perplejidad y de no saber a qué atenerse. La fórmula, válida según su experiencia, era ésta: “Respice stellam, invoca Mariam” (Fíjate en la estrella e invoca a María… la estrella era también María).

En este día 5 de agosto en que el recuerdo de la Virgen de África pasa al primer plano de la actualidad y se reaviva en el corazón de los católicos el amor y la devoción a la Santísima Virgen María, y en estos tiempos de cambio que tan profundamente afectan a la iglesia, me atrevo a recordaros, como camino de salida, la misma fórmula que resultó tan fecunda y creadora en la vida y la acción de aquel humilde fraile y gran cristiano que fue San Bernardo de Claraval: “Respice stellam, invoca Mariam”; fijad los ojos en esa estrella que es la Virgen de África e invocad a María.

Debajo de tan sorprendente solución, que a muchos sonará a simplismo, hay dos grandes convicciones para un creyente:

a). El convencimiento de que la Virgen es la mejor realización histórica del Evangelio de Jesús de Nazaret. Ella fue una mujer enteramente ganada por el Evangelio de Jesucristo. Y para esta época en que no valen los programas de segunda o tercera mano, cuando son más necesarios los testigos que los maestros, hace falta gente que tenga una experiencia religiosa y apostólica muy de primera mano y que vivan muy directamente el atractivo de Jesucristo viviente, que es el Evangelio perenne de Dios a los hombres, tal como se conserva y se anuncia en la Iglesia, María es la Estrella que ilumina con su vida, que es Evangelio en acción, como la mejor creyente, la mejor discípula de Jesús.

b). Y una segunda convicción: la fe en la eficacia de la oración tal como lo testifica el Señor en el Evangelio: “lo que pidáis al Padre en mi nombre os será concedido…” Las personas más creativas de la Iglesia y de mayor eficacia apostólica han sido los grandes místicos, es decir, los grandes orantes y las personas profundamente contemplativas.

También hoy tenemos que vencer la resistencia a recuperar todo aquello que es necesario para mantener una vida espiritual y apostólica vigorosa: la oración, las prácticas de piedad, el sosiego de la contemplación y la confianza ilimitada de quien vive en las manos de Dios, que es nuestro Padre.

La invitación de San Bernardo aparece a esta luz más fecunda y prometedora de lo que podía parecer a primera vista.

La Fiesta de la Virgen de África, sea cual sea la situación y el estado de ánimo en que nos encontremos cada uno,  es una invitación a dejarnos iluminar por la forma de vida de la Santísima Virgen y a invocarla como Mediadora de la Gracia de Dios.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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