DiócesisHomilías Mons. Dorado

La Inmaculada. En la fiesta de los abogados

Publicado: 04/12/1982: 723

La Inmaculada

En la fiesta de los abogados: Cádiz, 4 de diciembre de 1982


1.- Los profesionales del Derecho y de la Justicia os reunís hoy en un acto religioso para celebrar la fiesta de una mujer a quien llamamos la “llena de gracia” y “Madre de misericordia”: la mujer de la Gracia y al Misericordia.

Los abogados de Cádiz y de la provincia queréis proclamar públicamente a la Virgen, con todo el pueblo cristiano, la Abogada nuestra, la Abogada de los abogados.

Quienes por profesión habéis dedicado vuestra vida a la defensa de los derechos del hombre, queréis humildemente dejaros enseñar por quien es la Madre del hombre y de todos los hombres.

Con este acto, como abogados católicos, queréis profesar públicamente vuestra devoción y amor a la Madre de Dios y Madre nuestra. Permitidme que hoy, como un hermano vuestro en la fe, os diga, con palabras del Papa Juan Pablo II:

“No olvidéis este rasgo vuestro. Mientras sea este vuestro distintivo, estáis en buenas manos. No habéis de temer”.


2.- La habéis escogido como Patrona vuestra en el misterio de su Inmaculada Concepción. Seguramente porque vuestros antepasados, los abogados católicos, supieron defender con fe y con su ciencia, este derecho divino de la Virgen: su absoluta inocencia, su falta de culpa desde el momento de su concepción, frente a quienes también la acusaban o dudaban de su inocencia.

Y seguramente también porque, desde vuestra profesión profundamente humanista, habéis descubierto en ese misterio un SIGNO.

La gran verdad que está detrás de la Inmaculada como SIGNO es la verdad del hombre. Porque María es el fruto mejor de todo lo que el hombre ha sido, es y será. Es la expresión del HOMBRE NUEVO que el Derecho y la Justicia, desde sus posibilidades, quieren hacer surgir en nuestro mundo, sujeto al pecado y a la injusticia. En Ella se actualiza aquella plenitud humana-cristiana que en ningún hombre llegó a su total realización. En este sentido podemos decir que en Ella nos es “real” la mejor parte de nuestra “irrealidad”; nos resulta “familiar” en Ella lo más “extraño” de nuestra existencia real: aquella “imagen propia” de hombres y creyentes que nunca alcanzaremos en totalidad.

Cuando el 8 de diciembre de 1854, Pío IX define que “María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano” nos está presentando a una mujer humilde como el modelo supremo de perfección ético-religiosa. María representa el modelo humano sin fisuras, ni siquiera en el primer momento de su ser; representa la naturaleza humana sin vacilaciones ante el mal, sin concavidades de alma oscura; en Ella aparece la semejanza primera con Dios. Es el símbolo central de las mejores posibilidades de auto-realización humana en el plano de la salvación que nos ofrece Jesucristo.


3.- Queridos amigos: al contemplar hoy a la Virgen Inmaculada, dejaos juzgar por Ella. A esa luz se descubre mejor la verdad y la mentira de nuestra vida. Porque en la verdad de la Inmaculada toma cuerpo aquel proyecto humano-cristiano inmejorable que, inacabado personalmente, siempre ha estado presente en la existencia creyente. El contacto con Ella, al mismo tiempo que nos hace conscientes de nuestros pecados y de los bajos fondos de nuestro corazón, puede reavivar y estimular nuestros mejores anhelos e ideales de superación.

Porque la verdad del hombre a la luz del misterio de la Inmaculada es que todos –excepto Ella- estamos sujetos a la fuerza del mal y del pecado –todos somos pecadores-, pero a todos se nos ofrece, por la fuerza y la gracia de Jesucristo, la posibilidad de ser hombres nuevos, la gozosa posibilidad, como le dijo Jesús a otro jurista, Nicodemo, de “nacer de nuevo”, abiertos total y responsablemente a la voluntad de Dios y al seguimiento de Cristo.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Cádiz

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