DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo de Resurrección

Publicado: 11/04/1982: 555

Domingo de Resurrección

Año 1982


“Verdaderamente ha resucitado. ¡Alleluia!”, fue la exclamación llena de sorpresa y de alegría de los primeros discípulos de Jesús.

Lo inaudito comenzó a predicarse de Jesús de Nazaret: “a quien los hombres crucificaron, Dios lo ha resucitado”. “¡Está vivo! Nosotros lo hemos visto”.

No es un retorno a la vida frágil y mortal, sino glorificación, entrada en la vida inmortal.

La Resurrección es, de esta forma, un Mensaje:

1º. Que contrasta con todas las previsiones humanas:

- Se quiso sepultar su Palabra y su Verdad, pero Dios la rehabilitó.

- Los mismos discípulos se sienten desconcertados por el miedo, la duda y la sorpresa.

- Los enemigos de Jesús quieren desacreditar ese mensaje con mil falacias.


2º. Renueva la existencia del que lo acoge con fe:

Son trasladados a otro modo de vivir: en gozo, esperanza, comunión, confianza…

“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom 10, 9).

Poco a poco surgirá un espíritu sin soberbia, unas entrañas sin maldad, una vida sin dureza, una mirada purificada sobre el mundo y misericordiosa sobre los hombres.

La primera experiencia que tienen los discípulos de su encuentro con Jesucristo Resucitado es que sus vidas se han transformado; son otros:

- Su fe vacilante y entrecortada se afianza hasta la muerte.

- Siente la experiencia del perdón y de una alegría nueva.

- Experimentan un renovado entusiasmo por Jesucristo.

- Entienden con una nueva luz las palabras de Jesús que antes les resultaban misteriosas: la cruz, el servicio, la pobreza, la humildad…

- Aquellos viejos seguidores abatidos y frustrados descubren un amor que permanece y una vida nueva que sólo saben expresar en gozo y alabanza.

- Se sienten poseídos por una gracia que les sobrepasa, y llenos de alegría, con un ímpetu interior que nada ni nadie puede contener, comienzan la gran aventura misionera de anunciar el Evangelio de la Resurrección a todos los confines de la tierra.

El encuentro con Jesús Resucitado ha renovado y recreado su existencia. Miran hacia adentro y se sienten diferentes. Es distinta su manera de ser y de sentirse ante las cosas.

Sólo les queda una certeza: “¡Cristo vive!”, y llevan en su entraña la herida de la Pascua.


3º. A través de los cristianos se convierte en un fermento de esperanza para el mundo:

La resurrección de Jesús cambia radicalmente la situación de la humanidad:

Al resucitar Él, nace una posibilidad gratuita ofrecida a todos para vivir eternamente. “Muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”.

Actitudes ante la vida:

- Actualismo: miedo a enfrentarse con el futuro.

- Los que se aferran a la esperanza intramundana:
• personal: carrera, dinero, …
• colectiva: revolución, …

- Quien cree que no hay esperanza posible en el mundo. Decepcionado de todo.

La Iglesia está llamada a ser fuente de Esperanza:

- Frente al atrapado en el pasado porque escépticamente piensa que nada hay nuevo bajo el sol.

- Frente al desalentado, cuyas rodillas vacilan por la dureza del camino.

- Frente al desencantado porque experimenta que todo hombre es falaz.
- Frente al que se automargina de todo empeño comunitario por falta de ilusión o egoísmo.

- Frente al que el fracaso y el desengaño le han cegado las fuentes del corazón.

- Frente al que el resentimiento esteriliza su vida hacia fuera por la agresividad y hacia dentro por la amargura.

- Frente al que el roce diario ha hecho resabiado.

- Frente al que la esperanza se le queda en deseo, pues no trabaja en el sentido de lo que espera…

Frente a tantas enfermedades de la esperanza, el cristiano, que hunde sus raíces en el Resucitado, que sabe que la resurrección se inició en la muerte y se consumó en los cielos, debe convertirse en un fermento de Esperanza gozosa en el mundo.

Y esta esperanza cristiana que vive del futuro, debe también impulsar al hombre para acometer el futuro y para trabajar por un mundo más humano, más digno y más solidario… Porque el cristiano, frente a tanta intoxicación y adulteración, frente a tanta amenaza de destrucción, frente a tanta manipulación y profanación, se atreve a esperar una tierra nueva en que habite el conocimiento de Dios, la justicia, la paz originaria y la pureza de la creación divina.


4º. La resurrección es el núcleo del cristianismo:

La Iglesia es una comunidad de testigos:

- Que anuncian y recuerdan.

- Que celebran: en los Sacramentos.

- Y que viven, en sus vidas transformadas:
• en la gracia,
• en el perdón,
• en la fraternidad,
• en la alegría.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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