DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo de Resurrección. Una explosión de vida

Publicado: 15/04/1990: 496

Una explosión de VIDA

1.- La Resurrección de Jesús ha sido y es el verdadero punto de partida para el nacimiento de la fe en Jesucristo.

A partir de la Resurrección, y a su luz, los primeros creyentes volvieron a recordar la actuación y el mensaje de Jesús, ahondaron de nuevo en su vida y en su muerte, fueron descubriendo la verdadera personalidad de Jesucristo, creyeron en Dios de una manera nueva y comprendieron la existencia con una esperanza renovada.

La Resurrección de Jesús debe ser hoy para nosotros "la gran explosión de vida" que fue en el interior de aquella pequeña comunidad de seguidores. La Resurrección de Jesús no es una verdad más, es la Verdad con mayúscula, el acontecimiento que lo ilumina todo y da sentido a toda nuestra adhesión a Cristo y a nuestro seguimiento.

Es la fe en la Resurrección la que enriquece y da su verdadero contenido a nuestra vida cristiana.


2.- En esta mañana de alegría y de gozo por la Resurrección de Jesús, quiero destacar solamente uno entre los múltiples aspectos de lo que aporta a nuestra fe cristiana la experiencia pascual.

Cuando uno es cogido por la fuerza de la Resurrección de Jesús, comienza a entender a Dios de una manera nueva como "un Padre apasionado por la vida del hombre" y comienza a amar la vida de manera diferente. Porque la Resurrección de Jesús nos descubre, antes que nada, que Dios es Alguien que pone vida donde los hombres ponemos muerte. Alguien que genera vida, donde los hombres la destruimos.

Por eso, los creyentes reactualizamos hoy la Resurrección luchando por la vida y combatiendo la muerte.


a). Esta lucha por la vida debemos iniciarla “en nuestro propio corazón”, campo de batalla en el que dos tendencias se disputan la primacía: el amor a la vida y el amor a la muerte.

Desde el interior de nuestro corazón vamos decidiendo el sentido de nuestra existencia: o nos orientamos hacia la Vida por los caminos de un amor creador, de una entrega generosa a los demás, una solidaridad generadora de vida, un compromiso apostólico para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia; o nos adentramos por caminos de muerte, instalándonos en un egoísmo estéril y decadente, una utilización interesada de los otros, una apatía e indiferencia total  ante el sufrimiento ajeno.
b). Esta "pasión por la vida" propia del que vive animado por la Resurrección de Jesús debe también impulsarnos a hacernos presentes allí donde se "produce muerte", para luchar contra todo ataque a la vida.

Esta actitud de defensa de la vida no nace sólo de unos imperativos éticos, sino del Espíritu mismo del Resucitado, y debe ser firme y coherente en todos los frentes.

Esta defensa de la vida abarca un campo amplísimo: las muertes provocadas violentamente, la destrucción lenta de los marginados, el genocidio de tantos países del Tercer Mundo, el aborto que no es un derecho sino un crimen, que es inmoral y anti-social, la eutanasia activa, el exterminio por el hambre y la miseria, la destrucción del hombre por la tortura.

Creer en la Resurrección es comprometerse por una vida más humana, plena y feliz. Por una vida en gracia de Dios y la lucha contra todo pecado.


3.- La Resurrección de Jesús nos revela que, en el Mensaje del Evangelio, la primera palabra de Jesús no es la Cruz ni su última palabra será muerte. La primera palabra es "Felices", "Bienaventurados" y la última palabra es Vida.

La contemplación de Cristo Resucitado nos permite comprendernos a nosotros hechos partícipes de esa vida nueva. Dios nos vivificó juntamente con Él y con Él nos resucitó y nos hizo entrar en los Cielos. Somos ciudadanos del Cielo y podemos vivir una vida nueva. “El Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús, dará también vida a nuestros cuerpos mortales por el Espíritu”.

Necesitamos esta comunión con Cristo Resucitado para creer que entregando la vida se produce la Vida. Para creer que la fuerza más dinámica, más poderosa en nuestra historia, aunque trabaje ocultamente, es el Amor que se entrega hasta dar la vida.

Dejad que nos impregne el gozo de Cristo Resucitado, la plenitud de vida que hay en Él.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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