DiócesisHomilías Mons. Dorado

Convivencia San Juan de Ávila

Publicado: 10/05/2004: 474

Convivencia San Juan de Ávila

10 de mayo de 2004


San Juan de Ávila “un maestro ejemplar para su pueblo por la santidad de su vida y su celo apostólico… haz que también en nuestros días crezca la Iglesia en santidad por el celo ejemplar de tus ministros” (Colecta de la Misa).

Queridos hermanos sacerdotes, diáconos y seminaristas:

Dos motivos de profunda significación nos convocan hoy a una jornada de convivencia sacerdotal: la fiesta del Santo maestro Juan de Ávila, nuestro patrono, celoso apóstol y evangelizador, formador de sacerdotes, maestro de vida cristiana; y la celebración “en familia” de los 25 y 50 años de ministerio sacerdotal de 22 hermanos nuestros.


1.- San Juan de Ávila:

Todos conocemos de cerca al Maestro Juan de Ávila:

- su vida santa, su incansable actividad apostólica;
- su ardiente afán misionero;
- su amplísima producción literaria sobre la vida cristiana;
- y en particular sobre la necesaria formación para el sacerdocio y sobre el ejercicio del ministerio pastoral siempre tan sólidamente fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia;
- su claridad en la tarea de ayudar a discernir y dirigir a sacerdotes, religiosos y laicos por los caminos de la vida ascética y de la mística;
- su capacidad para llegar apostólicamente, de palabra y por escrito, a todos los sectores de la Iglesia y de la sociedad: obispos, sacerdotes, religiosos, seglares de los distintos estados de vida y de distintas profesiones y responsabilidades;
- siempre atento a las “novedades” de su tiempo y a las urgencias de reforma en la Iglesia y a las exigencias de una verdadera evangelización.

El Papa, en su mensaje a los sacerdotes reunidos en Montilla con motivo del V Centenario de San Juan de Ávila, el 10 de mayo del año 2000, nos lo ha presentado como “modelo siempre actual para los sacerdotes”:

• con entereza espiritual para hacer frente a los grandes desafíos de su época;
• afianzado incondicionalmente a Cristo;
• lleno de amor por los hermanos;
• impaciente por hacerles llegar la luz del Evangelio;
• creativo en la tarea de evangelizar a todos los sectores de l sociedad;
• de inagotable actividad apostólica;
• siempre avalada por la santidad de su vida.

Ser ministro y apóstol de Jesucristo constituyó para él su ideal como sacerdote, encontrando ahí la plenitud de su vida y el sentido de su actividad ministerial.

En fin, queridos sacerdotes: acerca de San Juan de Ávila, nosotros no deberíamos quedarnos en hablar de él; deberíamos conocer mejor sus obras, su vida y su doctrina. El texto que ahora os cito quiere ser una invitación a leer y meditar sus escritos, particularmente los que se dirigen a los sacerdotes: pláticas, sermones, cartas…

Así inicia su precioso “Tratado sobre el sacerdocio”:

“Entre todas las obras que la Divina Majestad obra en la Iglesia por ministerio de los hombres, la que tiene el primado de excelencia y obligación de mayor agradecimiento y estima, el ministerio sacerdotal es, por ministerio del cual el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y su divina persona está, por presencia real, debajo de los accidentes del pan que antes de la consagración había.

Conviene mucho conocer esta merced para agradecerle al Señor que la hace, y también para usar bien de ella; lo cual, como San Ambrosio dice, no se puede hacer si primero no es conocida”.


2.- Bodas de oro y Bodas de plata sacerdotales.

En este año celebran sus 50 y 25 años de ordenación muchos de nuestros hermanos.

Nuestra celebración de hoy es experiencia gozosa de todo el presbiterio diocesano. No es sólo vuestra fiesta. Es la “celebración festiva de la familia sacerdotal diocesana”. Con vosotros bendecimos y agradecemos al Padre el inapreciable DON del sacerdocio a la Iglesia, así como la vocación y la generosa respuesta de cada uno de vosotros:

• la vocación sacerdotal;
• los prolongados años de ministerio pastoral ejercidos por vosotros, aceptando dificultades y sufrimientos;
• y experimentando también la alegría y los consuelos producidos por la Palabra de Dios anunciada de tantas formas a pequeños y mayores, a enfermos y sanos, a personas de toda condición social;
• por la atención y cuidado a los más pobres y débiles;
• por la celebración de los Sacramentos de la Salvación;
• por vuestra condición de pastores y guías de la comunidad cristiana.

Os felicitamos y os agradecemos vuestro testimonio de entrega, de perseverancia y de fidelidad.

Recuerdo ahora, pensando en vosotros y también en todo el presbiterio, algunos de los pensamientos del Papa en una de sus Cartas del Jueves Santo: “Deseo agradecer, a cada uno de vosotros, lo que habéis hecho y venís haciendo a favor del pueblo confiado a vuestro cuidado pastoral; pienso también en el trabajo que desarrolláis cada día; un trabajo a menudo escondido, no siempre debidamente apreciado, en ocasiones a pesar de las limitaciones propias de la enfermedad o la edad, por el Reino de Dios”.

“Os expreso mi admiración por este ministerio discreto, tenaz y creativo… Un ministerio tanto más digno de estima cuanto más probado por las dificultades de un ambiente altamente secularizado, que expone la acción del sacerdote a la insidia del cansancio y del desaliento. Lo sabéis muy bien: este empeño cotidiano es precioso a los ojos de Dios”.

Hoy os sentimos más cercanos, más hermanos. Percibimos que se hacen más fuertes vuestros vínculos de sacerdotes diocesanos, y más compartidos nuestros afanes de servicio a Dios y a los hermanos en el ejercicio diario del ministerio recibido. Es vuestra fiesta y nuestra fiesta.


3.- Ánimo, adelante, caminemos con esperanza. “Remar mar adentro”.

Nos dice el Papa: “Sigamos adelante, queridos hermanos sacerdotes, con el gozo de nuestro ministerio, sabiendo que tenemos con nosotros a Aquel que nos ha llamado y que no nos abandona. Que la certeza de su presencia nos ayude y nos consuele”.

Nos dice San Juan de Ávila: “Lo que se os puede decir, hermanos (habla a sacerdotes) es que, si sois clérigos, habéis de vivir, hablar y tratar y conversar “taliter” (de tal manera) que provoquéis a otros a servir a Dios. La candela, cuando la encienden, no es para matalla y ponella debajo del medio celemín. Y así en ordenándoos sois candela que habéis de dar lumbre” (Plática 6, nº 5).

Y también: “Ha de arder en el corazón de un eclesiástico el amor de Dios y de celo de las almas. “Bonus Pastor animan dat pro ovibus suis”, como hizo Cristo. Dice el Crisóstomo: todos los clérigos son pastores, hortelanos y soldados y labradores. Quiere decir: han de entender en el bien de las ánimas con el oficio que tiene cada uno… el jornalero que principalmente trabaja por el dinero, en viendo el lobo salta por las tapias… El que sirve por amor de Dios, sufre la pesadumbre que se ofrece y las molestias” (Plática 7, nº 5).

Queridos hermanos: ¡Ánimo! Hay que remar mar adentro. Al don precioso de la vocación y ordenación sacerdotal hay que responder con generosidad y confianza plena en la Palabra de Dios: “Yo estoy con  vosotros en cada momento de vuestra vida y de vuestro ministerio”.

¡Santa María, Madre de la Iglesia y de los sacerdotes, ruega por nosotros!


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga