Publicado: 10/04/2004: 539

Vigilia Pascual

Año 2004. Ciclo C


“Exulten por fin los coros de los ángeles,… exulten las jerarquías del Cielo… Goce también la tierra inundada en tanta claridad… Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante”.


1.- Con estas y otras expresiones nos invita el Pregón Pascual y la Liturgia a vivir y celebrar el Misterio de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Estos son los sentimientos que deben brotar en nuestros corazones al celebrar la Vigilia Pascual.

Los relatos pascuales nos hablan sin excepción de la alegría irreprimible que inunda el corazón de los creyentes al encontrarse con el Señor Resucitado.

Los discípulos de Emaús “en el viaje de vuelta de la desesperanza” sienten que el corazón arde y se ilumina con la presencia y compañía del Señor. Igual le pasa a los demás discípulos… ¿Podemos imaginar la alegría de la Virgen María al celebrar la Resurrección de su Hijo Jesús? Hay un precioso Icono en el que aparece Cristo, Resucitado ya y lleno de vida, aunque aún conserva las llagas de la pasión, acogiendo con toda ternura a su Madre, que con serena expresión se deja arrullar por Él, que la abraza y la conforta.


2.- Esta alegría pascual no es el optimismo ingenuo de quien no tiene problemas. Ni es tampoco la satisfacción que produce el haber saciado nuestros deseos o el placer que se obtiene del confort o la comodidad.

Esa alegría es fruto de la presencia del Señor Resucitado en el fondo del alma y en medio de la vida. Una presencia que llena de paz, dilata nuestras fuerzas, nos hace aceptar con paz nuestras limitaciones, nos hace vivir ante el Señor de la vida.

Esta alegría no se da sin amor y oración; es fruto del encuentro sincero y agradecido con el Señor y se experimenta como “un nuevo comienzo”.

Esta alegría no se vive de espaldas al sufrimiento hombre y del mundo. Al contrario, sólo es posible cuando uno ha percibido que este mundo de muerte tan maltrecho y sombrío, es aceptado con amor y ternura infinitos por ese Dios que ha resucitado a Jesús de la muerte.


3.- La Liturgia de hoy nos invita a vivir “rebosantes de gozo”. El Alleluia que hoy cantamos es un grito de júbilo. La luz del Cirio Pascual, símbolo de Cristo, enciende en nosotros la llama de la vida. La luz de Cristo Resucitado disipa en nosotros la niebla de la tristeza. La alegría es una herencia de la Resurrección.
¡Cuánto necesitamos los cristianos de hoy, acuciados por tantos problemas personales, familiares, profesionales, económicos, sociales y religiosos, una inyección de alegría pascual!

A veces damos la impresión de que no somos capaces de vivir la alegría cristiana y muchos menos de transmitirla.

La Vigilia Pascual nos invita a redescubrir esta Alegría que es Cristo Resucitado y a difundirla en la sociedad.

En esta Noche Santa de la Resurrección tenemos el derecho y la necesidad de pedirla y la esperanza de obtenerla.

Hermanos: el Señor ha resucitado, ¡Alleluia!

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga