DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo de Resurrección

Publicado: 03/04/1983: 456

Domingo de Resurrección

Cádiz, 1983

¡Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado.

Cuando se proclamó por primera vez esta sorprendente noticia –hace 1950 años- un estremecimiento sacudió los corazones de las gentes de Jerusalén.

Los Evangelios fijan su atención en las reacciones que produjo en el grupo de los discípulos.


1.- La Resurrección y los primeros discípulos.

Los que siguieron a Jesús en los años de su vida pública, habían vivido experiencias gozosas y llegaron a gozar de un prestigio social que les afianzó en su vocación: Jesús parecía el Salvador que esperaba el pueblo, el que podía acabar con la dominación romana e implantar el poder de Israel.

- Con sus milagros había despertado la admiración de muchos que le aclamaban como el Mesías.
- Su doctrina y su mensaje eran tan convincentes que llegaron a decir: “Nunca ha hablado un hombre como éste”.

Pero la experiencia de la Pasión y de la muerte –que nosotros hemos celebrado estos días en nuestras calles y en nuestros templos- enfrió aquel gran entusiasmo; los discípulos se sintieron frustrados, desesperanzados. Puramente con la nostalgia de los años pasados.

La Resurrección vino a despertar de nuevo:

- su fe en Jesús,
- su fidelidad a Él,
- en entusiasmo y la alegría de vivir,
- su valentía para anunciar que sólo Jesús era el Salvador,
- su fortaleza ante las dificultades,
- su compromiso apostólico.


2.- La Resurrección y la Iglesia de hoy.

La fe en Jesucristo ha sido la gran fuerza que ha movido la vida espiritual y social de la Iglesia y de la sociedad española a lo largo de su historia, que el Papa definió en su reciente viaje como “una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes”.

Pero en los últimos años, las diversas crisis han paralizado en buena parte nuestro dinamismo apostólico y la alegría de nuestra vocación cristiana. Los intentos de desterrar o de matar a Dios en una sociedad como la nuestra, que no sabe distinguir entre Estado no confesional y Estado laico, entre libertad y ataque a los valores morales fundamentales y entre pluralismo social y espíritu sectario, han provocado que muchos católicos se hayan encogido llenos de temor, otros se han alejado y unos pocos han perdido la esperanza.

De nuevo, en esta mañana de Pascua, vuelve a sonar –ya casi sin fuerza- la misma sorprendente noticia: Cristo ha Resucitado. Cristo vive. Él es el verdadero Redentor del hombre.

Ante esta Buena Noticia, en este nuevo contexto histórico-social, “es necesario –nos ha dicho el Papa- que los católicos españoles sepan recobrar:

- el pleno vigor del espíritu,
- la valentía de una fe vivida,
- la lucidez evangélica,
- iluminados por un amor profundo al hombre hermano”.

“Desde esa fe en el Resucitado podemos encontrar –continúa el Papa- la fuerza renovadora que nos haga

- infatigables creadores de diálogo,
- promotores de justicia,
- alentadores de cultura y elevación humana y moral del pueblo”.

La fe en la Resurrección de Jesús debe “alentar las energías de la Iglesia y las obras de los cristianos”.

A esta renovación puede contribuir muy eficazmente el Año Santo de la Redención, cuya gracia específica “es un renovado descubrimiento del amor de Dios que se da, y en una profundización de las riquezas inescrutables del misterio pascual de Cristo, hechos propios mediante la experiencia cotidiana de la vida cristiana”.

Pido a Dios y a la Virgen que la celebración de la Resurrección del Señor y el Año Santo nos traigan “una corriente de más intensa espiritualidad, que anime nuestra vida y la vida diocesana”.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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