DiócesisHomilías Mons. Dorado

II Asamblea Acción Católica General de Adultos

Publicado: 06/08/2005: 660

Acción Católica General de Adultos: 3ª Asamblea

Eucaristía en la S.I. Catedral de Málaga: 6 de agosto de 2005

1.- El Evangelio de la Transfiguración, que hemos proclamado es la respuesta de Dios a una pregunta fundamental en el camino de la fe cristiana: ¿quién es Jesús de Nazaret?, ¿quién decís vosotros que soy yo?, ¿qué significo yo en vuestras vidas?

Es también una invitación a participar de la experiencia inefable de que gozaron los discípulos de Jesús, cuando la fe en la filiación divina -‟Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo”-, se les hizo claridad en los ojos y sabor de cielo en el espíritu. La revelación del Monte Tabor fue para los discípulos un encuentro gozoso con Dios en Jesucristo: ‟vieron su gloria”, dice el Evangelio. Un encuentro gozoso que les hizo despertar de su sueño y salir de su aburrimiento:

‟Señor, ¡qué bien se está aquí”, dijo Pedro. Que equivale a decir: ‟¡qué bien se está donde Dios está!, ‟¡qué bien se está con Dios!”.

2.- Esta revelación y esta experiencia de Dios ocurrió en un momento crítico de la vida de Jesús y de los primeros cristianos: el momento en que el Maestro expuso por primera vez a sus discípulos su destino y decisión de ir a la Cruz, consagrando así un único estilo de Cristianismo y de vida cristiana. San Lucas insiste más que otros en la necesidad de la Cruz como paso a la Gloria.

En la experiencia de la Transfiguración gloriosa, la humanidad de Jesús y sus discípulos pregustaron una anticipación de la Gloria en que florecerá la Cruz.

Al escribir esta página, los evangelistas concentraron en ella un tesoro de matices sobre la persona de Jesucristo. Ya hemos hecho alusión a varios de ellos. San Lucas hace notar en su Evangelio que esta Transfiguración del Señor, que cambió su rostro y reveló su gloria a sus discípulos, se produjo ‟mientras oraba”: ‟Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió”. De esta forma el evangelista insinúa el más divino elogio de la oración: la oración ‟transfigura”. En esta contemplación del Tabor, quiere dar a entender que la oración ‟eleva” y ‟transfigura”.

La contemplación del rostro de Cristo es una llamada para nosotros a una ‟existencia transfigurada”.

Tenemos que preguntarnos, con sinceridad, qué es lo que favorece y, por el contrario, lo que obstaculiza nuestra transformación en Jesús y con Jesús, para poder ser testigos.

3.- Dificulta la experiencia de Dios y la contemplación del rostro de Cristo, la cultura predominante, que está marcada por la ‟ausencia de Dios”, camuflada por una religiosidad vacía. El ‟eclipse de Dios” es el hecho característico de la hora en que vivimos. Se han difuminado notablemente en nuestra sociedad las huellas de Dios que nuestros mayores percibían en su entorno.

Esta cultura ambiental afecta también a la misma Iglesia, amenazada de una secularización interna que está teniendo sus efectos, como son:

- la débil transmisión de la fe a las generaciones jóvenes.

- la disminución de vocaciones para el sacerdocio y la vida consagrada.

- el cansancio y la desorientación que afecta a un buen número de sacerdotes, religiosos y laicos.

- la pobreza de vida de oración y en la celebración litúrgica.

Por este motivo, la principal tarea de la Iglesia y del cristiano tiene que ser ‟el anuncio de Dios y de su amor revelado en Jesucristo”. Es decir, hablar de Dios, anunciar al Dios verdadero como el sentido, fundamento, plenitud y felicidad del hombre.

Hoy no son suficientes los signos de amor y de solidaridad. Son necesarias las palabras y los testimonios que desvelen el rostro del Dios único y verdadero.

El Papa Juan Pablo II, en NMI 16, nos dice que los cristianos tenemos que ser ‟los contempladores del rostro de Dios para hacérselo ver a los hombres de hoy”. Y añade que ‟la contemplación del rostro de Dios se centra sobre todo en lo que de Él dice la Sagrada Escritura”. Y por eso la voz del Padre nos invita a escucharle: ‟Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadle”.  Y añade: ‟Sólo la experiencia del silencio y la oración, ofrece el horizonte adecuado para contemplar la gloria del Señor”.

4.- El lema de esta III Asamblea General de la Acción Católica de Adultos, nos invita a ser ‟en el mundo testigos”. Es una llamada a anunciar el Evangelio en la vida pública. Un Evangelio sin rebajas, con su radicalidad y su pureza, allí donde se decide y se diseña el futuro de los pueblos.

Y tenemos que hacerlo desde el testimonio personal de que Jesucristo y la fe en Él nos ha cambiado y por eso vivimos contra-corriente. No porque seamos de otra pasta, sino porque creemos en su Palabra y contamos con la fuerza de la oración. Ése es el gran milagro.

En las circunstancias actuales, para que la Iglesia llegue a tener una influencia evangelizadora en el conjunto de nuestra sociedad, hacen falta cristianos verdaderamente convertidos, ilusionados con su vocación cristiana, bien identificados con la Iglesia real y bien arraigados en el mundo. En la formación de esos hombres y mujeres, tienen una prioridad pastoral los hombres y mujeres de Acción Católica española.

No sirve de nada, y es muy poco realista, insistir en la necesidad de que los cristianos se comprometan en la vida pública, actuando como testigos y apóstoles de Jesucristo, si al mismo tiempo no nos ocupamos de organizar nuestras parroquias, nuestras asociaciones y movimientos, que sean generadores de cristianos transfigurados, convencidos, entusiastas y dispuestos a trabajar y sacrificarse por el anuncio del Evangelio y al servicio del Reino de Dios.

El Señor nos invita a ‟remar mar adentro”, dando profundidad a la vida, donde hay que arriesgar todo por Cristo, en la lejanía de la orilla, para superar todas las posibles ambigüedades de nuestra vida. Como diría Rahner, es una fuerte invitación a no ser cristianos de orilla... Porque no experimentamos de verdad el gozo de aquello que hemos escogido, hasta que no dejamos del todo aquello que hemos abandonado.

Así seremos ‟en el mundo testigos”.

Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga