DiócesisHomilías Mons. Dorado

Boda de David y María

Publicado: 14/06/2006: 759

Boda de David y María

14 de julio de 2006

(Iglesia de San Julián: TOLEDO)


1.- Casarse por la Iglesia -como han decidido hacer libremente María y David-
es una manifestación pública de fe cristiana. Una fe que no es una mera herencia
cultural, sino una acción cristiana de la gracia de Dios que llama y de la libertad
humana que puede o no adherirse a esa llamada.

Casarse por la Iglesia y celebrar el Sacramento del Matrimonio significa que los
novios creen, al menos, dos cosas:

- creer que Dios existe, y

- creer que el matrimonio es una forma de vida que tiene mucho que ver con
Dios.

Por eso, el matrimonio y la familia no son un invento humano, ni en su origen
existe el azar o la casualidad, sino que es un proyecto de amor de Dios. Ya en el Libro
del Génesis se nos revela que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de
Dios para amar, y que sólo se realiza plenamente a sí mismo cuando hace entrega
sincera de sí a los demás. Así lo enseña el Catecismo: ‟Dios, que es amor y creó al
hombre por amor, lo ha llamado para amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha
llamado en el matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, `de manera
que ya no son dos sino una sola carne´‶.

Ésta es la verdad que la Iglesia proclama sin cesar al mundo. ‟El hombre se ha
convertido en imagen y semejanza de Dios, no sólo a través de la propia humanidad,
sino también a través de la comunión de las personas que el hombre y la mujer forman
desde el principio. Se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de la
soledad, cuanto en el momento de la comunión. Dios los creó hombre y mujer‶.

Jesucristo elevó el matrimonio y la familia a la dignidad de Sacramento. Son uno
de los siete Sacramentos. Y por eso son un don divino, un don de Dios.

Decir que el matrimonio cristiano es un Sacramento equivale a decir que es un
lugar para el encuentro personal con Jesucristo: Dios se hace realmente presente en
el matrimonio y convierte a la familia en una ‟Iglesia doméstica‶.

‟No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una ideología, sino por
el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un horizonte a la vida,
y con ello, una orientación decisiva‶. El corazón de la fe cristiana lo expresa el
Evangelio de San Juan con claridad meridiana con estas palabras: ‟Dios es amor y
quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él‶. (1 Jn 4, 16). El cristiano
es quien puede afirmar: ‟Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos
creído en Él‶. ‟Hemos creído en el amor de Dios‶: así puede expresar el cristiano la
opción fundamental de su vida.

Por eso, prescindir de Dios, actuar como si Dios no existiera o relegar la fe al
ámbito de lo privado, socava la verdad del hombre y de la familia e hipoteca el futuro
de la sociedad.

Dios creó al hombre y a la mujer para que fueran felices y libres. El texto bíblico
dice que los creó en ‟el Paraíso‶, el lugar de la felicidad, donde Dios estaba presente
y paseaba con ellos como un amigo por el jardín. Eran como dioses con Dios. Y el
origen del mal y del sufrimiento es querer ser Dios sin Dios: y ése sigue siendo el
drama del mundo de hoy y de nuestra vida. El intento de prescindir de Dios para ser
dioses hace imposible la unidad del matrimonio y el amor (se acusan mutuamente),
provoca el odio entre los hermanos (Caín y Abel), la confusión y la guerra entre los
hombres (Babel).

En un mundo –como dice el Papa Benedicto XVI– en el cual a veces se
relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligación del odio y la
violencia, y Dios se presenta como enemigo del hombre o como un obstáculo a su
felicidad, el mensaje de que Dios es amor y nos ha amado primero es un mensaje de
gran actualidad y con un significado muy concreto. Nos corresponde a los cristianos
presentar esta nueva imagen de un Dios que es Amor y la alegría y la belleza del
Evangelio, de la vida y del matrimonio cristiano como Santuario del amor, de la vida y
de la fe. ‟Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio de
hombre y mujer, como Iglesia doméstica, es una gran responsabilidad de todos‶.

En el Sermón de la Montaña, que hemos proclamado en el Evangelio, Jesús de
Nazaret nos enseña que su mensaje es una buena noticia –Evangelio– que nos señala
el camino para ser felices, ‟bienaventurados‶.

Al contraer el Sacramento del Matrimonio, os llama a ser felices, os indica el
camino y os da la fuerza para ser felices. ¿Sabéis cuándo seréis más felices? Nos lo
ha recordado Benedicto XVI en el V Encuentro Internacional de la Familia Cristiana:

Las afirmaciones más repetidas son éstas:

- Bienaventuradas las familias que tienen el convencimiento de que Cristo está
con ellos y hacen un hueco en su vivir diario para hablar con Él y escuchar su Palabra.

- Bienaventuradas las familias en las que cada persona aprende a dar y recibir
amor y que no se encierran en sí mismas.

- Bienaventuradas las familias formadas por el matrimonio cristiano de un
hombre y una mujer que viven como una comunidad de vida y amor.

- Bienaventuradas las madres y los padres que han dicho un sí total ante Dios
hasta que la muerte los separe y que están abiertos generosamente a la vida.

- Bienaventurada la familia que asume con alegría la tarea de transmitir la fe a
sus hijos, haciendo verdad que la familia es una Iglesia doméstica.

- Bienaventuradas las familias que se asocian con otras, sea en las parroquias,
en los movimientos familiares, en asociaciones o instituciones de la Iglesia: que
promueven la espiritualidad y el compromiso apostólico de las familias.

Queridos María y David, queridas familias cristianas:

- que Dios os sostenga con su mano protectora,

- que guardéis en vuestro corazón las maravillas que Dios hace en vuestras
vidas,

- que la fuerza de Dios os mantenga firmes, que la Palabra de Dios os hable y
que la mano de Dios os proteja.


+ aNAntonio Dorad o Soto,
Oispobispo de MálagaSo

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