DiócesisHomilías Mons. Dorado

Fiesta del Santísimo Cristo de Urda

Publicado: 29/09/2005: 466

Urda (Toledo)

Fiesta del Santísimo Cristo de Urda

 

1. Introducción.

Con gran solemnidad y una extraordinaria afluencia de fieles cristianos celebramos en
estos días la Fiesta del Santísimo Cristo de Urda.

Como acontecimiento religioso tiene su origen en la fe cristiana de nuestros
antecesores. Nosotros la hemos recibido como una herencia y una gracia que hemos de
acoger con una fe personal y transmitirla a las nuevas generaciones sin adulteraciones ni
impurezas. Por eso, como nos invitaba el Papa Juan Pablo II, estas fiestas deben ser una
llamada a:

․Mirar con gratitud al pasado,
․a vivir con pasión el presente
․y abrirnos con esperanza al futuro.

El Santísimo Cristo es siempre portador de un mensaje y de una Palabra de Vida. Él
mismo es la Palabra y el Mensaje. Y es bueno que cada uno le preguntemos en el silencio del
corazón: ¿Qué quieres de nosotros, aquí y ahora, Santísimo Cristo? ¿Qué quieres decirnos
a cada uno de tus hijos y a la Iglesia?


2. Una nueva Evangelización.

La Iglesia entera está comprometida, en estos años, al comienzo de un nuevo milenio,
en la apasionante tarea de fortalecer nuestra fe y de transmitir la fe en Jesucristo, Salvador del
hombre, a las nuevas generaciones.

Y tenemos que empezar por la recristianización de los bautizados. Urge que centremos
cada día más nuestra fe en la persona de Jesucristo, muerto y Resucitado. Urge que nos
dejemos conducir vitalmente por Jesucristo a Dios, nuestro Padre.

Urge que nos abramos al Espíritu Santo, Señor y dador de Vida. Se trata de ayudar a
cada cristiano, a cada uno de nosotros, a que haga su opción personal y pública por el
Evangelio como forma de vida y a tener una experiencia personal, viva y sosegada de Dios
nuestro Padre.

Y junto a esta fe personalizada y a esta experiencia cálida de Dios, tenemos que
capacitar a cada cristiano para que sepa dar razón de su fe y de su esperanza a los hombres
y mujeres de hoy; que sepa por qué cree en Dios y quien es el Dios de quien se ha fiado; que
pueda leer con provecho la Palabra de Dios contenida en la Biblia; que conozca, medite y
asimile los contenidos fundamentales de la Fe de la Iglesia. Que sepa armonizar su dimensión
de persona creyente con su condición de hombre moderno. Y todo esto, sin complejos, sin
ambigüedades y sin rebajas.

Se trata de una evangelización en profundidad que nos va a exigir a todos un notable
esfuerzo. Un esfuerzo de reflexión, de conversión y de experiencia. Frente a una cultura que
parece marginar a Dios por decreto, por ideología o por consigna, tenemos que crear una
cultura abierta a la trascendencia por la misma fuerza del pensamiento y de la verdad.

Es hora de que los cristianos seglares estudien a fondo nuestra fe cristiana y
profundicen en ella.

Necesitamos unos seglares con una fuerte experiencia de Dios (‟amigos fuertes de
Dios‶, como decía Santa Teresa) y con un espíritu apostólico creativo y alegre.


3. Desde la pasión por Dios.

Si queremos ser mensajeros y testigos del Santísimo Cristo y del Evangelio en nuestros
días, tenemos que avanzar hacia una renovación de nuestras familias y de nuestras
parroquias. Las dos pasiones que dan vigor a la Iglesia, que somos todos, son la pasión por
Dios y la pasión por los hombres.

Personalmente estoy persuadido de que la falta de vigor de la Iglesia, no se debe
principalmente a unas leyes hostiles ni a una cultura desfavorable. Se debe más bien a nuestra
mediocridad, a la debilidad de nuestra pasión por Dios, a la pobreza de nuestra vida de
oración. Y es que ‟si Jesucristo no constituye su riqueza, la Iglesia es miserable; si el Espíritu
de Jesucristo no florece en ella, la Iglesia es estéril; su edificio amenaza ruina si no es
Jesucristo su arquitecto y si el Espíritu Santo no es el cimiento de las piedras vivas con que
está construida‶.

Por eso deberíamos hacer más religiosa nuestra vida. Como os decía antes,
necesitamos una experiencia sosegada y cálida de Dios. En el seno de una cultura que
prescinde sistemáticamente de Dios, tenemos que abrir espacios y tiempos de silencio y de
oración que devuelvan a la persona humana su dimensión más humanizadora y profunda: su
dimensión religiosa.

La tarea más urgente, a mi juicio, para los cristianos, es redescubrir el sentido religioso
de nuestra vida; es decir, nuestra relación con Jesucristo Resucitado y nuestra apertura al
Evangelio.

Pienso que hoy Dios y la experiencia religiosa es la gran cuestión pendiente, incluso
para los cristianos practicantes, para que podamos hablar de Dios con palabras auténticas y
para que, como Dios, podamos decir estremecidos: ‟Te conocía sólo de oídas; ahora te han
visto mis ojos‶.

4. La pasión por el hombre.

Esta experiencia apasionada de Dios no nos aleja de la vida ni de la historia presente.
La experiencia de Dios que proclama la Virgen en el Magníficat, esa experiencia que llena su
boca de cantares agradecidos, la impulsa a proclamar el amor preferencial de Dios por los
pobres.

Sabemos bien que el Evangelio, como anuncio gozoso del amor redentor de Dios al
hombre, nos lleva también a vivir la pasión por los pobres, en el doble sentido de compartir con
ellos su dolor y de sentir por ellos un amor apasionado y liberador.

Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, tenemos que intensificar los cristianos esta pasión
por el pobre. Y me refiero a los pobres de verdad, a quienes no tienen nada. Pensad en los
emigrantes, en los parados sin subsidio de desempleo, en los toxicómanos, en los enfermos
crónicos, en los ancianos desatendidos... son ellos, deben ser ellos, los ,principales
destinatarios de nuestra pasión y de nuestro amor.

Estos pobres no son rentables, pues nadie ha hecho carrera trabajando por ellos. Y
para acercarnos a ellos necesitamos que el Espíritu de Jesucristo llene de amor y de fortaleza
nuestros corazones; necesitamos redescubrir un estilo de vida sencillo, pobre y austero.

La pasión que llevó al Cristo a la Cruz fue su pasión por cumplir la voluntad de Dios y
su amor apasionado a los hombres.

Este es el mensaje de nuestro Padre Dios. Y podemos llevarlo a la práctica, podemos
conseguirlo. Es lo que nos dice el Santísimo Cristo de Urda, que en la Cruz venció al pecado
y a la muerte y hoy vive glorioso y Resucitado.

5. Conclusión

Y desde la fe en el Resucitado nos hemos de sentir llamados a descubrir de manera
concreta nuevas posibilidades de seguir hoy al Cristo de la Vera-Cruz y de ser sus esclavos:

․preferir sufrir injustamente antes que colaborar con ninguna injusticia.
․saber sufrir el mal antes que hacer el mal.
․compartir el sufrimiento con los que son maltratados por la vida y por los
hombres.
․aceptar la inseguridad y los riesgos propios de una vida fiel al Evangelio.
․aceptar las consecuencias dolorosas de una defensa clara y firme de la
justicia, la verdad, y la libertad, como el Santísimo Cristo de la Vera-
Cruz nos lo recuerda.

A Él la gloria y el honor por los siglos.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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