DiócesisHomilías Mons. Dorado

Envío de los peregrinos al encuentro con el Papa V Encuentro Mundial de las Familias

Publicado: 25/06/2006: 439

S.I. Catedral

NOS APREMIA EL AMOR DE JESUCRISTO

(Dom XII, B. Envío de los Peregrinos al encuentro con el Papa)


1.- ‟Vamos a la otra orilla‶ (Mc 4,35). Estas palabras de Jesús que se han proclamado en
el evangelio de la misa van a guiar nuestra reflexión y nuestros sentimientos. Habéis acudido
a este encuentro de oración, a esta Eucaristía, tres generaciones unidas por el amor y la fe:
los abuelos, los padres y los hijos. ¡Y quizá algún bisabuelo! Vuestros rostros alegres
manifiestan que hoy se cumplen los deseos que os manifestó la Iglesia en el día en que os
unisteis en la presencia de Dios: que disfrutéis de vuestros hijos, y de los hijos de vuestros
hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Habéis edificado vuestro matrimonio y vuestra
familia sobre la roca firme de la fe en Jesucristo, habéis crecido en el amor servicial en medio
de dificultades y alegrías, os habéis guardado fidelidad, os seguís ayudando a crecer como
personas y hoy queréis decir a todos que el matrimonio basado en el amor entre un hombre
y una mujer, y la familia nacida de este matrimonio constituyen el fundamento de la sociedad
y el único lugar adecuado para que la persona viva y se desarrolle. En mi condición de
Obispo, os acojo con emoción, os felicito y os invito a perseverar y acrecer en vuestro
proyecto.

Es verdad que vivimos en una sociedad que, bajo la pretensión de ser más libre y más
moderna, se está alejando de Dios y de los valores sobre los que se asienta una vida
verdaderamente humana. Nos dicen las estadísticas que siguen creciendo los abortos, y
nadie nos habla de esas mujeres psicológicamente destrozadas por haber dado este paso;
nos recuerdan que aumentan las separaciones matrimoniales, y nadie parece pensar en el
tremendo drama y en la frustración de los hijos; nos ilustran sobre las muchas bondades de
los niños de diseño que salen de los laboratorios, y nadie parece darse cuenta de que el niño
no es un objeto para satisfacer la vanidad o el ansia de poseer de un adulto.

Verdaderamente estamos en medio de una crisis muy profunda, que amenaza a la
persona y a su ambiente natural: la familia. Y lo verdaderamente grave consiste en que
muchos piensen que Dios se ha olvidado de nosotros y empiecen a dudar. Por eso, Jesús
nos ha invitado a ir a la otra orilla: a la orilla de la búsqueda de Dios, a la orilla de la oración
y la escucha, a la orilla donde el Vicario de Jesucristo, Benedicto XVI, nos ha citado para
profundizar en nuestra fe y en nuestra esperanza.

Muchos os habéis puesto en camino hace tiempo, y esta tarde nos hemos reunido
una pequeña muestra de cuantos estamos peregrinando hacia Valencia para encontrar a
Dios, que se hará presente en medio de los hermanos unidos, en las palabras del Papa y en
la Eucaristía. Sabemos que es el Espíritu el que nos lleva y que Dios no faltará a la cita. No
pretendemos a huir de nuestro mundo, con todos sus logros y sus dolores, sino que vamos
a fortalecer nuestro amor, nuestra fe y nuestro esperanza para regresar a la vida diaria y ser
fermento de una humanidad nueva.
Como Obispo de la Diócesis, yo os insisto: pedid a Dios que aumente nuestra fe, que
elimine nuestros miedos, que fortalezca nuestra esperanza. Aunque a veces parezca que el
Señor está dormido, vive en medio de nosotros, camina con nosotros y va delante de su
pueblo. Por eso, en esta Eucaristía tenemos que desear ardientemente encontrarnos con
Dios; disfrutar de su amor reflejado en la dulzura de los abuelos y en la alegría de los niños;
y recordar las palabras de Jesús cuando envió a los suyos a anunciar el Reino sin otro bagaje
que la fe su Palabra. Porque la mayor dificultad de nuestra peregrinación no va a consistir en
las incomodidades del viaje ni en la austeridad del alojamiento, sino en que nuestro espíritu
permanezca paralizado por su tibieza, sus miedos y su falta de confianza.

¡Venid, vamos a la otra orilla, dando gracias a Dios por su gran misericordia, por las
maravillas que ha realizado con sus hijos y que resplandecen el mirada limpia de los niños
que nos acompañan.

2.- ‟Nos apremia el amor de Jesucristo‶ (2Co 5,14), y vosotros, queridos padres y madres,
sabéis que el amor es la palanca que moviliza al hombre y le ayuda a superar todas
dificultades. El amor es invencible, es más fuerte que el odio y es creativo

En nuestro caso, tenemos la garantía del amor de Dios al hombre, que se nos ha
manifestado en que ‟Jesucristo murió por todos‶, para hacernos partícipes de la vida divina.
Esta certeza, que Dios nos ama, es el fundamento último de nuestra existencia y el cimiento
que sustenta nuestra convicción de que el mal puede ser vencido siempre. ‟Lo antiguo- todo
eso que algunos presentan como progreso y que es sólo el retorno las costumbres superadas
por el cristianismo- ha pasado, lo nuevo ha comenzado‶ (2 Co 5, 17). Así nos lo ha dicho San
Pablo en la segunda lectura, mientras nos recordaba que ‟el que es de Cristo, es una criatura
nueva‶.

En estas palabras del Apóstol descubro tres urgencias que os deseo transmitir. La
primera, que no nos dejemos seducir por el retorno de actitudes y costumbres contrarias a
la dignidad de la persona y que algunos presentan como progreso. Los atentados contra la
vida, los experimentos con el matrimonio y la descomposición de la familia son tentaciones
y realidades muy viejas, definitivamente superadas por el Evangelio. Es necesario que
conozcamos lo que nos enseña la historia y que superemos cualquier tipo de complejo ante
el retorno de dichas costumbres. Nosotros hemos aprendido del Señor a ser libres:
especialmente frente a las ideologías y a las consignas de partido.

La segunda, que fortalezcamos nuestra fe, mediante la oración, el estudio sereno y
el entrenamiento compartido en esa Iglesia doméstica que es la familia. No se puede vivir en
el siglo XXI con lo que aprendimos al hacer la primera comunión. Tenemos que saber dar
razón de nuestra esperanza a los hombres de hoy y dialogar con la cultura moderna. Hay que
participar en los catecumenados y lugares de encuentro que ofrecen las parroquias. Y donde
no los ofrezcan, hay que crearlos. De poco servirán la homilías y los discursos del Papa si,
al regresar, no los estudiamos a fondo en comunidad y nos nos preguntamos cómo llevarlos
a la vida de nuestro pueblo.

Y la tercera urgencia consiste en animar a todos a participar más activamente en el
diseño del futuro que deseamos. A través del compromiso activo en las asociaciones de
padres; en las comunidades de vecinos; en las manifestaciones y pronunciamientos que
consideréis justos para defender vuestros derechos sobre la familia y la educación; en
vuestra implicación política activa. Si deseamos un futuro más justo y más humano, no
podemos limitarnos a rezar ni permanecer cruzados de brazos. Hay que dar la cara por
Jesucristo.

Siempre con la conciencia clara de es el amor de Cristo el que nos apremia. Es
verdad que nuestro mundo está revuelto, pero nos ha dicho el Salmo 106 que Dios ‟apaciguó
la tormenta en suave brisa y enmudecieron las olas del mar‶ (Sal 106, 29). Es lo que también
hizo Jesús cuando cruzaban el lago; y lo que sigue haciendo en todas las tormentas que
zarandean a los suyos.

Hoy comienza nuestra peregrinación a Valencia, una peregrinación hacia Dios. Para
que no desfallezcamos en este viaje del espíritu, nos va alimentar con el Pan vivo bajado del
cielo, con su Cuerpo y su Sangre, para que participemos en su victoria sobre la muerte y el
mal. Porque ‟vamos a la otra orilla‶, cogidos de la mano de María y repitiéndole: ‟Ven con
nosotros a caminar, Santa María, ven (...) Aunque te digan algunos que nada puede cambiar,
lucha por un mundo nuevo, lucha por la verdad‶.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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