DiócesisHomilías Mons. Dorado

Exequias del M. I. Sr. D. Alberto Planas García

Publicado: 25/10/2005: 728

S.I. Catedral

1. La Iglesia da gracias a Dios por el don inestimable del venerado y querido sacerdote
D. Alberto Planas García. Para la Diócesis de Málaga es un regalo haber gozado de la vida
y del trabajo pastoral de un sacerdote como D. Alberto.

Damos gracias a Dios, y lo reitero de forma explícita, por toda la historia del Seminario
de Málaga y de los sacerdotes formados en el, fraguados en el espíritu que sembró el Beato
Manuel González, ayudado por sacerdotes que asumieron plenamente lo que el quería para
su seminario.

Las palabras de San Pablo a Timoteo, que ha sido la primera lectura, se hacen vida en
el sacerdote fallecido. D. Alberto se ha mantenido fuerte en la gracia de Cristo Jesús y ha
soportado las fatigas del servicio apostólico como buen seguidor del Señor. Damos gracias a
D. Alberto, porque ha trabajado en Málaga y en Venezuela hasta el agotamiento, porque
siempre ha transmitido su amor a Jesucristo y a la Virgen y, especialmente, por su dedicación
a suscitar vocaciones sacerdotales al mismo tiempo que animaba con sus consejos y su
testimonio a los ya sacerdotes a ‟servir a la iglesia de balde y con todo lo nuestro.‶

Su existencia sacerdotal de más de 66 años es un testimonio que deseamos no se
olvide en la Diócesis  porque es signo de fidelidad a la vocación a la que hemos sido llamados
todos los que conformamos el presbiterio diocesano.

La memoria de este venerable y ejemplar sacerdote es motivo de que recordemos
algunos principios de espiritualidad sacerdotal.


2. En primer lugar, la llamada a la santidad. O si quereís con otras palabras, al radicalismo
evangélico

Se nos hacen presente las palabras de Jesús en su oración en la Ultima Cena:

‟Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.Yo por ellos me santifico a mí mismo,
para que ellos también sean santificados en la verdad.‶
Lo que el Concilio Vaticano II nos recordó en la Constitución Lumen Gentium, ‟la
vocación universal a la santidad‶ fue principio reiterado en el Seminario de Málaga de los años
veinte. La razón de la santidad es el bautismo. Pero un segundo motivo del peculiar camino
de seguimiento al Señor es el sacramento del orden.

En aquellos años no era frecuente explícitar  la exigencia de la santidad. El seminario
de Málaga lo vive y lo transmite a los seminaristas. Sacerdotes seculares, sacerdotes llamados
a la santidad de vida.
Esto lo vivieron, lo enseñaron y lo predicaron los sacerdotes de aquellas generaciones.
Cuando D. Alberto es ordenado presbítero en el año 1939, está convencido de la llamada a ser
santo  y dedicará sus energías, fiel a los distintos quehaceres que el obispo le encarga, a
transmitirla.

Contempla con gratitud todas las vocaciones que existen en la Iglesia, pero quiere dejar
claro que el sacerdote está llamado al seguimiento en radicalidad de Jesucristo.

Hoy, ante su cadáver, queremos reiterar esta convocación específica a la santidad. El
Señor nos llama a ser santos, santos sacerdotes.

Por eso D. Alberto era entusiasta de San Juan de Avila, ‟del Beato Avila‶, como se le
conoce en aquellos años. Aquél santo, patrono del clero secular español, que promueve
grupos de sacerdotes que aspiran a una vida orante, pobre, fraterna y apostólica. En estos
años de vida sacerdotal, D. Alberto ha trabajado lo indecible para que los sacerdotes vivamos
con aquellos trazos de vida del Beato Avila.


3. En segundo lugar, al contemplar el cadáver del querido hermano sacerdote, debemos
fortalecer la dimensión apostólica de nuestra vida sacerdotal.

D. Alberto ha sido párroco, delegado de misiones y de vocaciones, director espiritual
del Seminario, en Málaga y en Venezuela. Ha sido también misionero rural. Con la libertad que
todos envidiamos sanamente, predicaba, como San Pablo, ‟a tiempo y a destiempo‶.

Podemos decir que su vida se ha gastado en el servicio del Reino de Dios.

En estos momentos de nuestra historia, más que una queja por las dificultades que
surgen, la conciencia de que somos llamados para trabajar en la viña del Señor nos debe
reforzar en nuestra decisión de trabajar mientras las fuerzas lo permitan para hacer presente
a nuestros hermanos el mensaje salvador del Señor. Con ardor renovado,  con pasión al
servicio de la caridad.


Recordar la vida de D. Alberto es hacer memoria de un sacerdote incansable, que
cualquier tarea que se le encomendaba la realizaba con ilusión de joven, con fortaleza de
adulto, con esperanza de anciano que mira al Señor que se hace cada vez más cercano.

Así nosotros, queridos sacerdotes. Oigamos en nuestro interior las palabras de
Jesucristo: ‟Id, anunciad el evangelio a toda criatura...‶  


4. Por último, la vida de D. Alberto es ejemplo que nos ayuda a vivir con total disponibilidad.
Un sacerdote me ha comentado que D. Alberto preguntaba con reiteración a los seminaristas
si estarían dispuestos a ir de coadjutor a Chilches, en aquellos años pueblo de muy pocos
habitantes, como ejemplo de obediencia, de disposición a lo que la diócesis necesitara.

El mensaje de la galería de la obediencia del Seminario era recordado por él de forma
reiterada, así como la acogida al magisterio del Sucesor de Pedro y la obediencia al propio
obispo. En esto era del más puro estilo ignaciano. Y de ello dio ejemplo en más de una
ocasión.
Todas estas virtudes vividas con un amor grande a la iglesia. Su generación sacerdotal
ha sido un ejemplo de recepción positiva de la enseñanza del Concilio, especialmente lo
referido a la Iglesia en el mundo actual y al Decreto sobre Libertad religiosa.

Han sido  un ejemplo de apertura al Espíritu y de ‟sentir con la Iglesia‶

5. Oremos por D. Alberto Planas para que goce de la misericordia de Dios, para que descubra
toda la riqueza de lo que significa ser sacerdote que le revelará el Resucitado y con el digamos
una vez más: ‟Pastor bueno, haznos buenos pastores, dispuestos a dar la vida por las
ovejas... danos numerosos y santos sacerdotes.‶

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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