DiócesisHomilías Mons. Dorado

Misa con los peregrinos malagueños en el V Encuentro Mundial de las Familias (Valencia)

Publicado: 07/07/2006: 472

Parroquia de San Juan de la Ribera, Valencia

SÍGUEME
(Lecturas del día: Am 8, 6-4.., Sal 118, Ev Mt 9, 9-13)


1.- ‟Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus
mandamientos‶ (Sal 118, 10). Pienso que estas palabras que se acaban de
proclamar y que pertenecen al Salmo 118 expresan el espíritu y el motivo de nuestra
presencia aquí. Nos hemos puesto en camino para buscar al Señor y seguirle, sin
desviarnos de sus mandatos. ‟Te busco de todo corazón, no consientas que me
desvíe de tus mandamientos.

Según algunos estudiosos, hay muchos católicos que se alejan de las
enseñanzas de la Iglesia, porque las consideran anticuadas; y que se está
produciendo una especie de deserción silenciosa por parte de sus hijos. Es posible
que tengan razón, pero opino que son, más bien, víctimas inocentes de una presión
interesada que les oculta la verdad de Dios y del hombre bajo un espeso manto de
silencio. El hecho del olvido de Dios es real, pero tenemos que preguntarnos por las
verdaderas causas. Nosotros hemos venido a buscar a Dios en medio de este
contexto social y a pedir que no permita que se desvíe nuestro corazón de su
Evangelio. ¿Cómo conseguirlo?

Para acoger su voz, necesitamos mantener un clima de oración y de silencio.
Las incomodidades naturales en un encuentro tan numeroso, la multitud de
sensaciones y la sorpresa ante la presencia de hermanos llegados de todo el mundo
nos pueden privar del recogimiento necesario para orar y escuchar la Palabra de Dios
actualizada, que viene a ofrecernos el Papa Benedicto XVI. Es verdad que
necesitaremos tiempo y reflexión para asimilar sus enseñanzas, pero la oración viva
que vamos compartir con los hermanos llegados de todos los rincones de la tierra y
presidida por el sucesor de Pedro, puede constituir ese impacto existencial que
necesita nuestro corazón para remover lo más hondo de nuestro ser y dar fruto
abundante. No permitáis que la falta de recogimiento y de presencia de Dios
conviertan esta peregrinación en una excursión más o menos interesante y novedosa.

Hemos venido a buscar a Dios con toda el alma. Se cumple en nosotros lo que
ha dicho el profeta Amós en la primera lectura: que los ciudadanos del mundo rico,
al que pertenecemos los católicos de Málaga, no nos vemos torturados por la falta de
pan y de agua, sino por la carencia de palabras luminosas que den sentido y hondura
a nuestra vida. A medida que nos vamos sumergiendo en la sociedad de consumo,
olvidamos la Transcendencia divina, pretendemos decidir cada uno lo que es bueno
y lo que es malo y nos vemos privados de un horizonte que nos ayude a realizarnos
como hijos de Dios. Quizá por eso hemos venido de Oriente y de Occidente, del Norte
y del Sur ‟buscando la Palabra del Señor‶. Sabemos que no es fácil encontrar su
rostro, y por eso os invito a reconocer los propios pecados, a desear a Dios y a repetir
que nuestra alma se consume ‟ansiando sus mandamientos‶, como ha dicho el
salmista.

A primera vista, se debe a la decisión libre de cada uno acudir a este
encuentro. Sin embargo, es Dios quien ha nos citado aquí y, por diversos caminos,
todos hemos escuchado una voz que nos decía, como a Mateo cuando estaba en su
trabajo:


2.- ‟Sígueme‶ (Mt 9,9). Es cierto que al dirigir la mirada a lo más profundo de nuestro
ser, nos sentimos tentados por el desaliento, porque reconocemos nuestra debilidad
y nuestros pecados. Sin embargo, la voz de Jesucristo es perentoria: ‟Sígueme‶,
pues ‟no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos‶. Y nosotros, los
bautizados, formamos parte de esos publicanos y pecadores que se acercaban a
Jesús esperando una palabra de vida y de ánimo.

Muchos se escandalizan porque también los bautizados somos pecadores; nos
lo echan en cara y desearían una Iglesia más evangélica. A veces pertenecen a los
nuestros y critican con enorme crudeza las incoherencias de los miembros del Pueblo
de Dios. Tienen razón en que necesitamos convertirnos y acudir a la misericordia del
Señor llenos de arrepentimiento y confianza, pero yerran si se niegan a reconocer
que nuestro Maestro acoge a los pecadores, a nosotros, y nos invita a su mesa; y que
quien no acepta y reconoce sus pecados, como el fariseo de la parábola, no puede
encontrar a Jesucristo. Cuando nos acoge con nuestras miserias, no lo hace para
restar importancia al pecado, sino para contagiarnos su amor y transformar de raíz
nuestra existencia; para poder preguntarnos, como a Pedro, si le amamos de verdad
y estamos dispuestos a seguirle, a pesar de todo. Porque antes de que nosotros le
hayamos encontrado, él se ha puesto en camino hacia todos y cada uno.

No olvidéis que nuestra peregrinación es la respuesta a una invitación personal
suya, que nos ha dicho y nos repite: ‟Sígueme‶. Él nos ha traído aquí porque nos
tiene reservado un don personal. Tú ‟sígueme‶. Nos lo ha dicho y nos esta diciendo
a todos. Baja a lo más profundo de tu corazón, reconoce tu pecado y busca el perdón
de Dios en el sacramento de la penitencia. Luego, como el apóstol Mateo, y tal vez
como Zaqueo, deja todo lo que te aparta del Evangelio y ponte en camino. Sólo así
viviremos ese encuentro que puede transformar nuestra existencia.

Aparte de este encuentro personal de cada uno con el Señor, si ha permitido
que el Papa Benedicto XVI venga a España en este momento de nuestra historia es
porque necesitamos la luz de su palabra. Algunos católicos españoles se sienten
acomplejados en medio de la crisis cultural que estamos viviendo, y el Papa viene a
decirnos que no tengamos miedo de ser seguidores de Jesucristo; viene a
confirmarnos en la fe. Una fe que no debe quedar recluida en el hogar, oculta en la
intimidad, como hizo el empleado que enterró el talento. Tenemos que vivir y
proclamar nuestra fe en el corazón de la vida; en el trabajo y en el descanso; en los
medios de comunicación; en la participación activa en la vida ciudadana; y de manera
especial, en la familia. No sólo criticando con nuestra palabra cuanto es contrario a
esta institución, sino poniendo de manifiesto con nuestra existencia que el matrimonio
estable entre un hombre y una mujer es el clima adecuado para criar y educar a los
hijos.

Espero y deseo que cuantos hemos venido a Valencia sepamos llevar a
nuestras comunidades ese impulso esperanzado que indudablemente nos a va
transmitir el Señor por medio del Santo Padre; y que digamos a todos que Dios sigue
activamente vivo en medio de su Pueblo.

Se lo pido por intercesión de Nuestra Señora de los Desamparados: para que
acoja bajo su manto a las familias golpeadas por la tragedia que ha golpeado a
Valencia; se lo pido por mediación de la Reina de la Familia, para que nos acompañe
siempre en esas iglesias domésticas que son nuestros hogares; y se lo pido por
Santa María de la Victoria, cuya advocación nos recuerda que Jesucristo, y nosotros
con Él, ha vencido ya el mal y la muerte.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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