DiócesisHomilías Mons. Dorado

Clausura del curso académico de los centros de formación diocesanos

Publicado: 02/06/2006: 585

Clausura del curso académico del Seminario, del Instituto de Ciencias Religiosas San Pablo y de la Escuela de Agentes de Pastoral

 


La conversión intelectual


1.- La pregunta que Jesús hace a Simón Pedro a la orilla del Lago de Tiberíades atrae y espanta a la vez. “¿Me amas?”. Hecha a Pedro, pero también a cada uno de nosotros, esta pregunta nos pone ante el misterio de Cristo Resucitado, pero también ante nuestro propio misterio como criatura humana llamada a responderle y a ser objeto de su confianza.

“¿Me amas?” significa primeramente “¿Me amas a Mi? ¿Amas lo que Yo soy? ¿Quieres seguirme en el camino que Yo he tomado?”.

Significa lo mismo que “¿Me amas tú, que eres débil, que me has negado tres veces?”. Amar a Cristo es tenerle confianza, es dejarle transformar nuestra vida en algo que no podemos imaginar.

Pedro tuvo que recorrer un largo camino hasta convertirse en discípulo de Cristo y en testigo fiable del Señor; para ser como él dirá después de sí mismo: “testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse” (I Pe, 5, 1).


2.- Es dejarle transformar nuestra vida en algo que no podemos imaginar.

El proceso de fe es un camino de conversión progresiva que tiene distintos aspectos, que no son exactamente etapas.

Podemos hablar así de conversión religiosa, de conversión moral, de conversión intelectual y de conversión mística.


3.- La conversión intelectual:

Sobre este nivel de conversión intelectual quiero concentrar vuestra atención.

Esta conversión forma parte del camino cristiano, a pesar de que son pocas las personas que llegan a ella porque es más cómodo y más fácil conformarnos con lo que oímos, con lo que piensa la mayoría y con la influencia del ambiente. Lo que llama el Papa “la dictadura del relativismo”. El cristiano maduro tiene una necesidad absoluta de hacerse con convicciones personales interiores para ser evangelizador en un mundo pluralista y marcado por una tempestad de opiniones en contraste, en el que “todo da igual” porque no hay verdades objetivas. La conversión intelectual es propia de quien ha aprendido a razonar por sí mismo, a conocer el contenido de la fe cristiana y de la Revelación, a comprender lo razonable de la fe, gracias a un camino que le permite iluminar a otros. Actualidad de las Encíclicas “Fides et Ratio” y “Splendor Veritatis”.

Esta madurez cristiana –que nace de la conversión intelectual-- es lo que hoy necesitamos para evangelizar a una Europa sofisticada y atrapada por las corrientes de pensamiento más extrañas.


4.- La conversión intelectual en San Pedro: hay dos etapas decisivas en su vida: la llamada a orillas del lago de Galilea y luego la confesión de fe: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo”.

Pero a continuación le viene la crisis al anunciar Jesús cómo iba a ser Rey de la Salvación en los anuncios de la Pasión. Y su huida ante la Pasión y la muerte del Señor. Después Jesús Resucitado le hace caer la máscara y entender la verdad de su corazón débil y el misterio de Cristo.

La conversión intelectual es llegar a comprender el misterio de Cristo en toda su profundidad.

También nuestra fe es una fe inicial y tenemos que recorrer un largo camino. En este camino hoy tenemos dos exigencias fundamentales: estudiar más y orar más: dedicar más tiempo a la oración y al estudio.


5.- El testimonio evangelizador de San Pablo en medio de unas culturas paganas (Grecia y Roma) y de los errores de la religión judía.

Cfr. La 2ª Carta del Apóstol San Juan.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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