DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo de Ramos. Ciclo C

Publicado: 04/04/2004: 654

1. Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa, en la que celebraremos el acontecimiento siempre actual, sacramentalmente presente, de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Lo único verdaderamente importante para nosotros en estos días venerables, es contemplar este Misterio:

• con fe agradecida,
• con voluntad de corresponder,
• con deseo de sentir, y
• con la decisión de responder a la llamada del Señor.


2. La procesión de Ramos, las lecturas de Isaías, San Pablo y sobre todo el relato de la Pasión según San Lucas, significan para nosotros una primera inmersión en el Misterio Pascual. Paso a paso la Liturgia irá desplegándonos el Jueves, el Viernes, el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección, las diferentes dimensiones de este Misterio.

Hoy la Iglesia nos invita a una previa mirada de conjunto. En la Liturgia de este día se nos hace presente el entero Misterio Pascual en su doble aspecto de muerte y resurrección.


3. La muerte de Jesús nos es proclamada, sobre todo, en el relato de la pasión que acabamos de escuchar sobrecogidos. La muerte se anuncia también con impresionante realismo en el poema del Siervo de Yahvé recogido por Isaías. La muerte de Cruz es evocada con hondura teológica y mística por San Pablo en la Carta a los Filipenses.

La victoria de Cristo en la Resurrección es anticipada en la procesión inicial de las palmas, que es una profesión de nuestra fe en la que queremos decir: “Sabemos, Señor, de tu muerte. Te acompañamos agradecidos hasta la Cruz. Pero sabemos que de la Cruz brota la Vida. Desde ahora nos unimos llenos de alegría a tu Resurrección”.

Esa misma victoria está ya expresada en las lecturas de hoy, que no son un simple anuncio de la Pasión.

La lectura que refleja más explícitamente el significado total del Día de Ramos es el himno de San Pablo en la Carta a los Filipenses. En él resplandece la profunda unidad que existe entre la Encarnación, la muerte y la Resurrección del Señor:

+ el Hijo de Dios, por una obediencia filial al Padre y por amor a nosotros, que quiere salvarnos “desde dentro y desde abajo”, se vacía de su posición divina y se hace humano como nosotros, sometidos a la servidumbre de serlo: es la Encarnación.

+ el Hijo de Dios, llevado por la misma dinámica de su obediencia filial y su amor solidario, acepta bajar hasta el fondo de la miseria humana y experimentar el miedo, el sufrimiento, la angustia, el abatimiento, la muerte: es la Pasión.

+ el Hijo de Dios nos libera de nuestra esclavitud y nuestra tristeza; y acogido por el Padre y resucitado por el Espíritu nos regala su libertad, su amor, su alegría: es la Resurrección.

4. Encarnación, Pasión y Resurrección son en Jesús los grandes tiempos de su ritmo vital. Y por ello, encarnarse, morir y resucitar son los tres tiempos que han de hacerse presentes en toda auténtica vida cristiana:

o encarnarnos significa implicarnos, comprometernos, complicarnos la vida por las personas y por causas que merecen la pena. Dedicarnos a ellos con nobleza y con constancia, con generosidad y con espíritu de sacrificio, con sencillez y alegría. Así compartimos la Encarnación del Señor.

o morir significa saber renunciar y decir no cuando así nos lo pide la obediencia filial a Dios. Saber renunciar en nombre de la humildad, saber sufrir en nombre de la caridad. Así compartimos la muerte del Señor.

o resucitar significa transformarnos y cultivar con esperanza en nosotros, en nuestra familia y en nuestros ambientes, las semillas de la Resurrección y de la Vida Nueva sembradas por el Señor victorioso de la muerte. Así compartimos la Resurrección del Señor.

Que el pregón de la Semana Santa que es el Domingo de Ramos avive en nosotros nuestra fe y nuestro espíritu de oración; y que nos despierte de tal manera que, recogiendo y completando las palabras del apóstol Tomás en el Evangelio de Juan (11, 16): “vayamos también nosotros a morir y a resucitar con Él”.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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