DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo III del Tiempo Ordinario

Publicado: 23/01/2005: 609

1.- Hoy empezamos a leer el Evangelio de San Mateo. Durante 30 Domingos del Tiempo Ordinario leeremos por orden unos 30 textos seleccionados de este Evangelio.

Empezamos con el capítulo 4º, saltando los 3 primeros, que nos cuentan la infancia de Jesús, que ya hemos leído en el Adviento y en la Navidad.

El texto de hoy tiene por objeto introducir la “Misión apostólica de Jesús en Galilea”, e indicar los aspectos de esta misión:

- el lugar de la misión,
- el programa de su misión evangelizadora,
- los colaboradores que eligió,
- y el método de su evangelización:
• enseñar y
• curar enfermos.


2.- Nos fijamos hoy en los dos primeros: el lugar y el programa de su misión.

a). Su misión la empieza Jesús en un lugar impensado: no en Jerusalén, la ciudad más importante, ni en Judea, que era una zona más pacífica, sino en la comarca de la baja Galilea, zona periférica de la tierra de Israel, de escasa incidencia política o social en el conjunto de la nación.

Como nos recuerda la 1ª Lectura, durante la juventud del profeta Isaías, 800 años antes de Jesucristo, las tropas militares de Asiria devastaron la baja Galilea. El profeta reacciona en esperanza: “el pueblo que ahora está sumergido en “las tinieblas” (o sea en la opresión de los paganos, “Galilea de los gentiles”) verá en el futuro el amanecer de una inmensa Luz = el “Enmanuel o Mesías”, Príncipe de la Justicia y de la Paz”.

En el pensamiento de San Mateo, la llamada “Galilea de los gentiles”, bastante paganizada, es un signo del mundo pagano. La elección de este lugar ya da a entender que Jesús va a ofrecer una salvación universal y que va a dar preferencia a los “alejados”, a los publicanos y a los marginados de la sociedad.

b). El tema fundamental de la primera proclamación de su Evangelio se resumía en 2 palabras:

• un indicativo: “llega el Reino de los Cielos”,
• y un imperativo: “Convertíos”.

Esta palabra había sido la interpelación urgente y muy repetida de muchos profetas al pueblo de Israel.


3.- “Convertíos”.

La palabra griega usada para convertirse significa: volver a pensar, dejar entrar a Dios en los criterios de la propia vida, no juzgar según las opiniones corrientes.

Convertirse significa, por lo tanto, no hacer como hacen todos, no vivir como viven todos; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; buscar por tanto el bien, aún cuando sea incómodo; no hacerlo pensando en el juicio de la mayoría de los hombres, sino en el juicio de Dios. Con otras palabras: buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva.

Conversión significa aceptar la propia insuficiencia y nuestra indigencia humana y buscar el don de la comunión con Jesús y, por tanto, con Dios.


4.- “El Reino de los Cielos está cerca”

La palabra clave del anuncio de Jesús es el Reino de los Cielos, que no es una cosa ni una estructura social o política. El Reino de los Cielos es Dios que viene personalmente al encuentro del hombre. En Jesús de Nazaret se acerca a cada uno de nosotros y nos ofrece su amor y su amistad.

Este Reino comienza en el corazón de la persona. Cuando los hombres deseamos hallar a Dios y ponemos los medios necesarios, Dios se hace presente en nosotros. Lo advertimos porque cambia nuestra vida. Es como nacer de nuevo. San Pablo lo explicaba diciendo que es como resucitar, pues el corazón se llena de paz y de alegría, de amor y misericordia, de bondad y de paciencia. Se ve a las personas y a la vida con una luz diferente. Y en lo más hondo del alma, brotan tres fuerzas formidables: la fe, el amor y la esperanza. Las llamamos las virtudes teologales, porque brotan de Dios y nos llevan a Dios, pasando por el hombre.

Aunque comienza en el corazón de la persona, el Reino de Dios, o de los Cielos, se traduce también en unas relaciones nuevas con Dios, con los demás, con la vida y con las cosas. Con Dios, que se manifiesta como nuestro Padre y se hace presente en nuestra existencia humana. Con los demás, porque la fe nos invita a tratarles como hermanos, con amor y con respeto. Con la vida, porque descubrimos que este mundo es un regalo de Dios para que lo disfrutemos, lo cuidemos y lo pongamos al servicio de todos.

Este Reino de Dios ha llegado con Jesucristo y sigue llamando al corazón de cada uno para ofrecerle la luz de la fe. Porque también nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI, habitamos en “tinieblas y sombras de muerte”, como dice el Evangelio. Y en medio de nuestras dudas y preguntas, Jesucristo nos sigue diciendo a cada uno: cree en el Evangelio y conviértete para seguirme.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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