DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo III del Tiempo Ordinario; ciclo C

Publicado: 21/01/2007: 770

S.I. Catedral

1.-  Empezamos la lectura del Evangelio según San Lucas. Se irán sucediendo luego unos treinta fragmentos seleccionados. Participar en la Liturgia de la Palabra durante los tres ciclos supone escuchar, en tres años, más de ciento cincuenta lecciones sobre el Evangelio. Un tesoro de teología y cultura. Los minutos que dedicamos una vez por semana a reflexionar en la Iglesia sobre la Palabra de Dios merecen la más cordial atención. “Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida”, hemos rezado con el Salmo Responsorial.

El fragmento de hoy, en su primer párrafo, reproduce el prólogo con que San Lucas dedica su libro al amigo Teófilo, Luego, saltándose tres capítulos, presenta una escena programática: Jesús en la sinagoga de Nazaret.

2.- La sinagoga era el lugar en que los judíos se reunían cada sábado para profesar juntos la Fe, rezar, cantar y escuchar la Palabra de Dios, que se contiene en las Sagradas Escrituras, que mantenían viva la esperanza del pueblo judío.

Cuenta el evangelista Lucas que, al empezar, entregaron a Jesús el Libro de un profeta para que hiciera la lectura. Y leyó un pasaje muy hermoso donde se anuncia la llegada del Mesías con estas desconcertantes palabras: “El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista.. Para dar a los oprimidos la libertad, para anunciar el Año de Gracia del Señor”.

Era costumbre que el lector hiciera algún comentario, lo que llamamos la homilía. Por eso todos le miraban expectantes. Él se limitó a decir: “Hoy se cumple en mí esta Escritura que acabáis de oír”. O lo que es igual, Jesús se presenta como el Mesías esperado, como el Salvador Único y total. Y el evangelista Lucas cuenta que, según lo que ha escuchado a testigos oculares (pues él es médico pagano, de Antioquia), Jesús de Nazaret pasó “haciendo el bien”, porque devolvió la vista a muchos ciegos, hizo caminar a varios paralíticos, perdonó a los pecadores, se acercó a los marginados y evangelizó a los más pobres. Para todos tenía una palabra de aliento. Les decía que Dios es Padre de buenos y de malos, que nos ha creado libres, que nos perdona los pecados y espera de nosotros que nos comportemos como verdaderos hijos de Dios. El Evangelio es la Buena Noticia que nos hace saber que Dios nos ama y se ocupa de todos los hombres.

Jesucristo sigue vivo en medio de nosotros y nos sigue invitando a seguirle. Por la fe y el Sacramento del Bautismo nos transforma y nos llena de su Espíritu para que vivamos como hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Por eso esperamos unos cielos y una tierra nuevos.

A nosotros nos corresponde seguir proclamando este Evangelio a los pobres, liberando a los oprimidos por el hambre y la injusticia, arrancando de la soledad a los marginados, sacando de su abatimiento al fracasado y diciendo a todos, con obras y con palabras, que Dios nos ama y nos quiere verdaderamente libres y felices.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos recuerda el mandato del Señor de que seamos todos unos, para que el mundo crea que Él es el Hijo de Dios y Salvador de todos los hombres.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga