DiócesisHomilías Mons. Dorado

IV Domingo de Adviento. Ciclo A

Publicado: 23/12/2007: 727

1.- En este Domingo nos preparamos para las Fiestas de Navidad. Las lecturas de hoy nos muestran la iniciativa extraordinaria de Dios mediante este gran misterio. No lo hemos pedido nosotros, tampoco lo hemos concebido nosotros; ha sido Él quien ha tomado la iniciativa. Y lo ha hecho para nuestra salvación, para establecer su presencia en medio de nosotros y nuestra comunión con Él.


2.-  Por eso las lecturas de la Palabra de Dios de este IV Domingo de Adviento son una renovada profesión de Fe de que Dios existe. Y es importante destacar este primer aspecto en una situación cultural y social, como la nuestra, en la que predomina el silencio sobre Dios. En tiempos aún recientes, todo el entorno cultural nos hablaba de Dios y del Evangelio. Pero la novedad del momento presente en que vivimos es que apenas existen cauces por los que llegue a las nuevas generaciones el anuncio de Dios y la invitación a acoger su presencia. Hay un denso silencio sobre Dios en la cultura, en el hogar, en la enseñanza y en los medios de comunicación social. Lo llamaba el Papa Juan Pablo II, “el eclipse de Dios”.


3.- El primer rasgo del cristiano es poder decir con Verdad: “Yo creo en Dios; Dios existe”. Pero ser cristiano no sólo consiste en afirmar que “Dios existe”; imaginar “algo” que desde una lejanía misteriosa da origen y sostiene a la creación entera. La Fe cristiana se enraíza y fundamenta en una afirmación sencilla y escandalosa: “Dios ha querido hacerse hombre”. Ser cristiano es descubrir y afirmar con gozo que “Dios está con nosotros”. Intuir desde la fe que Dios está en nuestro corazón y en el fondo de nuestra historia humana, compartiendo nuestros problemas y aspiraciones, conviviendo la vida de cada hombre.

Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, Jesucristo, que es Dios y hombre verdadero, tiene un nombre –“Enmanuel”-, que significa “Dios con nosotros”. El Credo nos dice que “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María la Virgen”.


4.- Y añaden las lecturas de hoy otro dato muy importante. Y es que “Dios está con nosotros para salvarnos”.

• Para salvar al pueblo de Israel de las amenazas de los pueblos vecinos. Este nombre-augurio, “Enmanuel” lo forjó el profeta Isaías un día que se enfrentó con el rey Acaz. Los enemigos querían invadir Jerusalén, el pueblo de Dios. Entraba en sus planes aniquilar la familia real, extinguiendo así la dinastía de David. Pero era Palabra de Dios que de la descendencia de David tenía que nacer el Mesías. Olvidando esta promesa y obcecado por el error, Acaz puso su confianza en equivocados proyectos político-estratégicos. Isaías hizo lo posible para influirle sensatez y fe. Al ver que era inútil su esfuerzo, pronunció la profecía que hemos escuchado en la Primera Lectura: quiere decir que, a pesar del ejército enemigo y no obstante los errores de Acaz, Dios cumplirá su Palabra. Será “signo” de esta seguridad el futuro nacimiento maravilloso de un Niño, de la estirpe de David. Este Niño demostrará al mundo que “Dios está con nosotros” Por eso se le dará el nombre simbólico de “Enmanuel”.

• En el texto del Evangelio según San Mateo, que hemos proclamado, hemos escuchado la misma respuesta divina: El “Enmanuel”, el Dios-con-nosotros, es Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo, que nació de María Virgen. El “Ángel del Señor”, transparencia del mismo Dios, confirma a San José como esposo de María, y le manda que al Niño le ponga por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados. Jesús, el Niño de Belén, es signo y realidad de lo que la palabra significa en hebreo: “Dios salva”. Dios está con nosotros para salvarnos.

Este gesto de Dios, que se solidariza con los hombres y comparte nuestra historia, es el que sostiene en definitiva nuestra esperanza cristiana. Nuestros esfuerzos y nuestras luchas no pueden terminar en un fracaso definitivo. Dios ha querido ser uno de nosotros y ya no puede dejar de preocuparse de esta historia nuestra en la que se ha encarnado y a la que Él mismo pertenece.

Desde entonces, como decía Camús: “en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Por eso, la Navidad cristiana es una sinfonía de Amor, Alegría y gratitud en torno al nombre y la presencia de Jesús, nacido en Belén de la Virgen María.


5.- Por último, la Virginidad de María, que José acepta con Fe, significa que en el punto de partida de la existencia del Niño, ha intervenido el Espíritu Santo, El símbolo de la Fe resume esta página del Evangelio con exacta sencillez: “Fue concebido por obra del Espíritu Santo de María Virgen”.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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