DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo V de Cuaresma. Ciclo A

Publicado: 09/03/2008: 542

1.- “Yo soy la Resurrección”, dice el Señor. “Yo soy la Vida para siempre”. Este es el pensamiento dominante y la idea principal de las lecturas de este Domingo V de Cuaresma.

La liturgia de este Domingo nos prepara para la Semana Santa, a celebrar el Misterio Pascual de Jesús, hablándonos de su Victoria sobre la muerte y de su Resurrección.

La Primera Lectura es ya una promesa de Resurrección. Ezequiel declara, en nombre de Dios, que habrá Resurrección:

“Esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, os voy a sacar de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os voy a llevar a la tierra de Israel”.

La Segunda Lectura habla claramente de la victoria sobre la muerte:

“Si el Espíritu Santo, que resucitó a Jesús de la muerte, habita en vosotros, el que resucitó a Jesucristo de la muerte, dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el Espíritu suyo que habita en vosotros” (Rom 8, 8 ss.).

Y el episodio del Evangelio nos muestra que Jesús es capaz de comunicar una vida nueva, de vencer la muerte. Más aún, Él mismo, hablando con Marta, se define como la Resurrección: “Yo soy la Resurrección y la Vida”.


2.- “Yo soy la Resurrección y la Vida”. Es una vigorosa afirmación sobre quién es Jesucristo, que recapitula el mensaje de la extensa lectura del Evangelio.

En esta página de San Juan todo es, a un tiempo, narración histórica y teología, realidad y signo. La real muerte y vuelta a la vida temporal de Lázaro, significa la futura Resurrección a la gloria eterna. Y así mismo la presente Resurrección espiritual del pecador a la Gracia. El Espíritu Santo, enseña San Pablo, define la existencia cristiana. Es auténtico cristiano aquel en quien vive y actúa el Espíritu de Dios: “Los verdaderos hijos de Dios con los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios”.

En estos textos aparece la fascinadora personalidad de Jesucristo: tan humano que llora por el amigo (“mirad cómo le quería”); y tan divino que tiene poder sobre la muerte; y tan filial que actúa con la absoluta seguridad de que el Padre lo escuchará.


3.- “El que cree en Mí, aunque haya muerto vivirá”. Estas palabras explican la primera parte de la afirmación precedente: “Yo soy la Resurrección”. Resucitar es recobrar plenamente la propia vida después de haber muerto. Es un infinito regalo de Cristo a los que creen en Él. Cuando los catecúmenos escuchaban este Evangelio como preparación a su próximo Bautismo, en la noche de Pascua, presentían el gozo de sentirse salir de una situación “de sepulcro” para emprender su renovada vida de santidad, llenos del Espíritu de Cristo. De esta vida sinceramente “espiritual” nos habla San Pablo en la Segunda Lectura.


4.- “Y todo el que está vivo y cree en Mí, no morirá para siempre”. Es el comentario a la segunda parte de la afirmación principal “Yo soy la Vida”.

La resurrección de Lázaro es un ejercicio práctico de fe, protagonizado por Marta. Cuando San Juan habla de la fe, se refiere a la fe total, que es adhesión a la persona de Cristo en plenitud de pensamiento, corazón y obras. Fe que el Bautismo consagra y que la Eucaristía alimenta y mantiene en llama viva. Así entendida, la fe es manantial de Vida Eterna y germen de Resurrección.

Por encima del inevitable destino de nuestra muerte corporal, que ningún progreso ha suprimido ni suprimirá, el que cree tiene Esperanza. Por eso, vivir en cristiano es resucitar: “el que cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá”. Lo que el mundo llamaba “muerte” será en Cristo dormición: “el que está vivo y cree en Mí, no morirá para siempre”. El que cree, ama y espera, saboreará la eternidad en el centro de su alma.

La resurrección de Lázaro, con ser un milagro portentoso, es muy poco para el hombre. Pues de poco habría servido vivir unos años más si al final todo acaba en el sepulcro. Contemplado a la luz de la Resurrección de Jesucristo, este milagro es tan solo un anticipo de esa Vida que no acaba; de esa Vida que se nos da en el Sacramento del Bautismo.

La resurrección de Lázaro es tan sólo un anticipo que anuncia ya la Victoria de la Vida.

El Evangelio de hoy supone una gran ayuda para nuestra fe y para toda nuestra vida cristiana. Sabemos que Jesús nos da ya desde ahora una Vida Nueva, que es una vida en la fe, en la esperanza y en el amor. Debemos acogerla con generosidad, confianza y gratitud a Dios.

Vivimos en una situación en la que no faltan los sufrimientos ni las pruebas, pero nuestra esperanza es mucho más fuerte que cualquier sufrimiento y cualquier prueba. San Pablo dice: “¿Quién nos apartará del amor de Cristo?”. A continuación enumera una serie de obstáculos tremendos: “¿Tribulación?, ¿angustia?, ¿persecución?, ¿hambre?,. ¿desnudez?, ¿peligro?, ¿espada?...” Y concluye: “En todas esas circunstancias vencemos de sobra gracias al que nos amó” (Rom 8, 35-37).

Esta es la enseñanza del Evangelio de hoy; con Cristo somos más que vencedores; podemos seguir adelante con confianza, con esperanza, con la esperanza de haber sido asociados a la Victoria de Cristo.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga