DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo XII del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Publicado: 22/06/2008: 1510

1.- San Mateo, en el capítulo 10 de su Evangelio, nos presenta a Cristo dirigiendo una Exhortación programática a sus discípulos. Se llama el “Discurso de la Misión”. Nos viene a decir cómo tienen que ser los cristianos para evangelizar y transmitir la fe a los demás.

La tercera parte de este discurso –la que hemos escuchado hoy- se refiere a las persecuciones que acaba de predecir (10, 16-25). Dentro de este contexto de persecución, el breve inciso de la Misa de hoy está articulado en torno a una consigna repetida tres veces: “¡No tengáis miedo!”


2.- El primer aviso contra el miedo (26-27: “porque no hay nada oculto que no haya de manifestarse, ni nada secreto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz. ¡Lo que escucháis al oído, proclamadlo desde las azoteas!”), subraya el imperativo de proclamar a plena luz lo que los apóstoles aprendieron en la intimidad del Maestro. Ser altavoz del Espíritu. Cristo no quiere una Iglesia del silencio: “No temáis” no es un seguro contra infortunios; quiere decir que acepten de antemano con valentía la inevitable persecución (24-25: “el discípulo no es mayor que su Maestro; basta con que el discípulo sea como su Maestro y el siervo como su Señor”).


3.- El segundo aviso es de una impresionante seriedad. Supone al discípulo en el caso límite: o infidelidad o muerte por la fe. Ante el caso límite (“No tengáis miedo a los que matan el cuerpo”), nadie es héroe sino por motivos supremos. Cristo no desdeña proponer también como tal el temor de Dios (“Temed más bien al que puede destruir al hombre entero en el fuego eterno”).
Muchos mártires han aludido a esta frase del Evangelio en su respuesta a los jueces.


4.- El tercer aviso o reflexión (vers. 29-31: “No temáis, vosotros valéis más que los pájaros”), complementa y perfecciona al segundo. La mirada del que se siente hijo de un Dios omnipresente ve la mano del Padre en cada pormenor del mundo, hasta en la muerte de un pajarillo. La última razón que mueve la mano del Padre es el Amor. Cuando el apóstol de Cristo sufre o muere por serlo, sabe con certeza de fe que detrás de la mano del que le hiere está la mano que le ama.

Termina esta serie de exhortaciones a la confesión intrépida de la fe con otra referencia al juicio escatológico (final):

“El que se haya declarado abiertamente de Cristo ante los hombres, Cristo lo declarará abiertamente suyo ante el Padre. El que aquí finja desconocerle, allí, en la otra vida, será desconocido”.


5.- Jeremías es el arquetipo de la victoria sobre el miedo, que viene de fuera y sobre el miedo que nace de uno mismo. Las “Confesiones de Jeremías”: hombre de fe entre impíos, clarividente entre miopes, tímido entre prepotentes; su vida fue incomprensión, persecución y desaliento. En su fidelidad heroica a la vocación, escuchó a Dios que el decía: “Yo estoy contigo”.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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