DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo XIV del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Publicado: 06/07/2008: 613

1.- El fragmento del Evangelio que hemos escuchado hoy está en el centro de dos capítulos de San mateo (11 y 12), en los que Jesús aparece rodeado de incomprensión y oposición. Habían esperado un Mesías muy distinto. Pero el texto de Zacarías da testimonio de que también los profetas habían descrito ya, de alguna manera, el estilo peculiar de Jesús.

De la Carta a los Romanos toca el primero de seis fragmentos del capítulo 8º que se irán leyendo en Domingos sucesivos. Dicho capítulo expone los valores positivos esenciales de la justicia o santidad cristiana en orden a la salvación.

El Evangelio de hoy tiene una excepcional densidad. A partir del capítulo 11, San mateo pone en primer plano la cuestión o el tema de la fe en Jesucristo. Jesús se había manifestado ya en los capítulos 5-10, en su doctrina, en su acción y en su programa. Juan bautista, en el capítulo 11, 2-5, plantea el gran interrogante: ¿Quién es Jesús? Un repaso al ambiente constata menosprecio (11, 16-19), inercia (11,20-24), oposición (12,1-14), calumnia (12, 22 ss.). En el centro de esta actitud negativa ambiental, una sublime excepción: los “pequeñuelos” comprenden a Jesús. A ellos se dedica el himno que leemos hoy: es una oración de alabanza, de agradecimiento, que nos hace descubrir sus sentimientos más profundos.


2.- El himno consta de tres estrofas: en la 1ª (A), bendice al Padre; en la 2ª (B), Jesús se define y en la 3ª (C), el señor invita a su Escuela.

A.- La 1ª estrofa se refiera a una oración suya al Padre: una oración de alabanza, de agradecimiento que nos hace conocer sus sentimientos más profundos. El sentimiento más profundo del Hijo respecto al Padre es el de la gratitud: una gratitud intensa que se manifiesta en cada momento de su vida.

La ocasión que provoca la gratitud de Jesús es una circunstancia en la que nosotros, ciertamente, no pensaríamos en dar gracias: un fracaso en su ministerio. Jesús ha predicado, pero su predicación no ha sido acogida ni por los sabios ni por los entendidos; es decir, por “la gente bien”, que es la que se encuentra en mejores condiciones para apreciar la predicación de Jesús. Los “sabios y los entendidos” deberían descubrir con mayor facilidad las cosas bellas, justas y profundas que dice Jesús.

Él predica el Reino de Dios, revela su misterio por medio de parábolas; pero los fariseos, los escribas y los sumos sacerdotes, las autoridades del pueblo judío, no quiere n recibir esta predicación.

Jesús da gracias en esta situación porque ha intuido sus designios: “Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y tierra, porque ocultando estas cosas a los entendidos, se las revelaste a los ignorantes. Sí, Padre, esa ha sido tu elección”. Jesús comprende el designio del Padre que se opone al orgullo humano y quiere revelarse a los sencillos.

Es muy cierto que la inteligencia puede suscitar el orgullo y, cuando eso sucede, en vez de servir a la verdad, se vuelve nociva. Así les pasa a las autoridades del pueblo judío. Jesús reconoce el designio del Padre; comprende que es un designio de Amor, que se revela a los sencillos, a los pequeños, a los humildes; y no puede revelarse a los corazones endurecidos.

B.- La 2ª estrofa (verso 27), es una “proclamación de fe”. La crisis de fe que describen los capítulos 11 y 12 del Evangelio de San Mateo gira en torno a una pregunta: “¿Quién es Jesús? Los “sabios” daban respuestas diversas, desconcertantes. Uno diría que se está dando hoy una situación análoga. El versículo 27 da la respuesta, que es luz de los sencillos: “Jesús es el Hijo de Dios”. Jesús expresa su relación de intimidad con el Padre: “Todo me lo ha dado mi Padre”.

Cuatro afirmaciones :

a). “Ha puesto en sus manos el Universo”.

b). El misterio de la filiación divina de Jesús sólo lo sabe Dios: y por Él sólo puede y quiere revelarlo, y de hecho lo ha revelado;

c). La profunda identidad de Dios –la de ser Padre- sólo la conoce Jesús.

d). La ha manifestado a los sencillos, los que tienen el alma y el corazón abiertos al cielo de las bienaventuranzas.

C.- La 3ª estrofa es una invitación a entrar en la “escuela de Jesús”: “Venid a Mí”. El contacto personal con Cristo transforma el corazón, que ya no considera su “yugo” como “carga”, sino como “amor”.

Jesús:

1.- Invita  a adherirse a Él: “Venid a Mí”; a ser “discípulos suyos”; a entrar en “su escuela”.

2.- Alienta, indicando que su escuela es humana. No regida por el dominio, sino por el amor.

3.- Y ofrece el reposo al alma. La “paz asimilada” que tiene su fuente en el propio interior. “Donde hay amor –dice San Agustín- no hay pena; y si pena, ésta es amada, y así se vuelve ligera”.

Pidamos en esta Misa la gracia de cargar sobre nosotros el “yugo de Jesús”, tolerante y humilde de corazón, a fin de alcanzar la paz interior, el consuelo en las dificultades y la paz en nuestras relaciones con los otros. Podemos pedir  también por la paz del mundo, según el deseo del corazón de Jesús.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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