DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo XV del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Publicado: 15/07/2007: 528

1.- El Evangelio de San Lucas presenta a Jesucristo caminando con sus discípulos a Jerusalén. A su paso va dejando lecciones de vida cristiana a los que encuentra a su paso. De estas lecciones escuchamos hoy la primera y principal.

Se presenta en dos fases, respondiendo a dos preguntas sucesivas que le formula un Doctor o Maestro de la Ley.


2.- A.- Primera pregunta:

¿Qué debe hacer el hombre para obtener la Vida Eterna?

El que pregunta es un israelita fiel a su práctica religiosa. Uno de los que reza cada día el texto fundamental de la Fe: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el Señor único. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu energía” (Deut 6, 4-5). Y no ignora que también está escrito en la Torá (la Ley): “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 19, 18).

Pregunta a Jesús lo que ya sabe. Lo pone en evidencia el Maestro al contestarle con otra pregunta, para que responda él mismo. Para “heredar” la vida eterna tenemos que hacer de nuestra existencia temporal un ejercicio de amor. Con aquella totalidad personal que subraya el texto bíblico más conocido de los israelitas: el que rezan cada día, cada mañana y noche, como profesión de Fe:”Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu energía”. Y amar es admirar, bendecir, respetar, sentirse unido a Dios como centro de la Vida.

“Amar a Dios y amar al prójimo”, como a ti mismo.


3.- B.- Segunda pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”

Hoy solemos decir, con más o menos convicción, “todo hombre es mi hermano”. Las antiguas palabras correspondientes a “prójimo” tenían también un acento afectivo de fraternidad. Pero se referían sólo a los de la misma raza, tribu, pueblo o comunidad. Pero siempre con un  límite: una frontera, al otro lado de la cual los hombres no son hermanos. La más sorprendente novedad del Cristianismo es identificar el concepto de prójimo con todo hombre.

Jesús da esta lección con la parábola del “Buen Samaritano”, que es la mayor revolución positiva, transformación o conversión de la historia: prójimo de cada persona humana es toda persona humana


4.- Jesús devuelve la pregunta al Doctor de la Ley, hecha imagen a todo color, con una aplicación final: un hombre no identificable, malherido, desnudo, en lo más tórrido del Desierto de Judá.

Pasa de largo la aristocracia oficial del espíritu: demuestran no amar a Dios. Pasa y se detiene un samaritano que se consideraba para los judíos, y viceversa, extranjero y cordialmente enemigo. Es un samaritano hereje y cismático, pero que tiene a Dios en el alma, quizá sin pensarlo. Ama de todo corazón, manos, bolsa, riesgo y sacrificio personal. Cuando Jesús pide la respuesta al escriba: (“¿Cuál de estos tres te parece que se portó como `prójimo´ del que cayó en manos de los bandidos?”), modifica intencionadamente la pregunta. No importa averiguar quién es prójimo para mí. Interesa saber cómo debo yo ser prójimo para todo aquel que Dios me ponga en el camino. El Doctor de la Ley comprende a quien debe imitar aunque no se digna manchar sus labios con la palabra samaritano.

“Anda, haz tú lo mismo” que el Buen Samaritano y tendrás la Vida eterna = serás feliz.

El mejor comentario está en la escena del Juicio Final según San Mateo: Jesús pinta al Samaritano con rasgos de Jesús…

El rostro social del Cristianismo ha de ser la ayuda fraterna al necesitado. Tan limpia de egoísmos que el mundo intuya en ella el resplandor de Dios.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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