DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo XVII del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Publicado: 29/07/2007: 566

S.I. Catedral

1.- El relato del viaje a Jerusalén con sus discípulos se enriquece ahora con un nuevo episodio en el que Jesús, a petición de sus discípulos, les enseña a orar, a rezar (Lc 11, 1-4).

La introducción de esta plegaria –el “Padre nuestro”- de la narración evangélica de Lucas, cuadra perfectamente con su contexto inmediato. Hace muy poco el propio Jesús acaba de invocar al “Padre” alabándole y dándole gracias (Lc 10, 21-22); a continuación introdujo un ejemplo de “amor al prójimo” (el Buen Samaritano, Lc 10, 29-37); y por fin pone de relieve el significado de la escucha de la Palabra de Dios, la “única cosa necesaria”, como dice a Marta en Lc 10, 38-42. El conjunto de estos episodios revela, con diferentes modalidades, la actitud característica del discípulo con respecto a Dios y los sentimientos que deben brotar de esa actitud. Por otra parte, el “Padre nuestro” es el primero de un conjunto de tres pasajes dedicados a la oración: le siguen la parábola del amigo impertinente y ciertas máximas sobre la eficacia de la oración que alcanzan el punto culminante en la donación del espíritu Santo, el Don supremo que dará el Padre a los que se lo piden (Lc 11, 13b).


2.- Las lecturas de hoy son una llamada a la fidelidad en la oración. Oración es la “fe que ama”. Fidelidad es “el amor que dura”.

El texto del Evangelio de hoy es la respuesta de Jesús a la petición de un discípulo: “Señor, enséñanos a orar”; que es lo mismo que preguntarle: “¿cómo tenemos que relacionarnos con Dios?”.

Jesús les contesta cómo hay que orar, y con qué confianza. Las repasamos por orden inverso:

a). Confianza segura, porque Dios es Padre (vv. 9-13). “Pedid,... buscad…llamad” son una expresión de cordial insistencia. “Dios os dará”, “Dios os abrirá la puerta” Si los padres terrenos, tan imperfectos, no defraudan las súplicas de sus hijos, ¿qué no hará el Padre Dios?

b). Insistencia audaz, que “Dios es Amigo” (S-8). La amistad da valor, incluso para “molestar” al Amigo, cundo nos urge un problema o una necesidad. El Amigo de Dios, Abrahán, no temió insistir hasta el límite (Primera Lectura).

c). La carta fundamental de la oración. Un detalle inicial de inmenso valor ( v.1); a los discípulos se les despierta la sed de orar, viendo orar a Jesús. El arte de hacer oración se comunica por contagio personal, como el de tener Fe y el de ser feliz.
3.- Jesús no dio una fórmula, sino una pauta.

Toda la oración se concentra en el vocativo “PADRE”. Define al cristiano y a todo hombre como “hijo de Dios”. En su lengua materna, Jesús utilizaba al palabra característica de los niños en familia: “¡Abba!” Nadie había osado hacerlo antes de Él. Sentido religioso de infancia filial que es la esencia del Evangelio.

- Los hijos de Dios piden, ante todo, por los “intereses del Padre: el respetuoso reconocimiento” (santificación) de su Nombre: que se reconozca su santidad y se proclame su alabanza.

El segundo deseo de la comunidad orante tiene como objetivo su “REINO” (“venga a nosotros tu Reino”), es decir, que la soberanía absoluta de Dios sobre el acontecer humano llegue a su plena madurez y se manifieste como realidad consumada: Verdad, Amor, Paz, Gozo.

- La segunda parte de esta oración comunitaria, en la versión de San Lucas, completa la Alabanza a Dios con una serie triple de peticiones. La comunidad de discípulos depende esencialmente del “Padre”. Por eso tiene que pedirle:

• que socorra sus necesidades diarias de sustento,
• tiene que implorar su perdón, ya que el pecado es una realidad esencialmente humana,
• y tiene que rogarle que no le enfrente con situaciones (tentación) en las que pueda peligrar su actitud de entrega y de confianza en el Padre.

Como complemento de la segunda petición una frase explicativa que manifiesta la actitud de la comunidad: también los discípulos perdonan a todo el que les hace mal (Mt 18, 23-35).


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga