DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo XVII del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Publicado: 26/07/2008: 653

En el capítulo 13 de su Evangelio, San Mateo recogió siete parábolas de Jesús para explicar el significado del Reino de Dios. Hoy hemos leído las tres últimas.


1.- La parábola del labrador que descubre un tesoro en el campo y la del comerciante que da con una perla de valor excepcional: son expresión significativa de una única experiencia. En la realidad que expresan las parábolas del tesoro y de la perla podemos considerar dos aspectos.


2.-
a) La alegría de encontrar.

“Hallar” algo de tanto valor que a partir de aquel momento, transfigura nuestra vida y le da sentido de plenitud en lo más hondo de las emociones humanas. ¡Dichoso quien tiene tal experiencia! Pudo ser por sorpresa, como la del labrador en el campo. También pudo ser fruto de una búsqueda más tenaz, como la del comerciante de perlas.

Ambas parábolas se refieren a una emoción incomparable: la de descubrir a Dios. Cuando Jesús las dijo, era una experiencia viva en torno a Él. Su Palabra y su presencia irradiaban plenitud de Dios y muchos sencillos lo comprendieron. Para el que abre los ojos del espíritu y de las fe, Dios es, en cada instante, una verdad eterna en infinita admiración. Felicidad. La felicidad en acto, se llama alegría.

b) El precio de la alegría:

El labrador y comerciante intuyen que lo que acaban de encontrar vale más que todo lo que poseen. Cada uno “va, vende lo que tiene” y, jugando con ventaja, compra el campo o la perla excepcional.

Los que entonces acompañaban a Jesús captaban al acto la alusión, porque sabían de memoria la consigna: “ve, vende todo lo que tienes -es decir, renuncia y dáselo a los pobres- y SÍGUEME.

Para los que han recibido la luz del Evangelio, encontrar a Dios es seguir a Cristo. Y “seguir a Cristo” exige renunciar a lo que es incompatible con Él. El precio de la ALEGRÍA es el SACRIFICIO. A algunos les pide la renuncia a todo. A otros les pide la renuncia a algo. La verdadera historia del pueblo de Dios es un inmenso tejido de vidas sencillas que, por los valores de Dios y del Espíritu, han renunciado libremente a muchas ventajas materiales.

3.- El Sermón de las Parábolas concluye con una reflexión que es otra parábola insinuada (Mt 5, 17). La del jefe de casa que conserva los valores antiguos y los sabe armonizar con las nuevas adquisiciones. Así es el maestro que asimila el estilo de Jesús. Nadie como Él habló en sintonía con el antiguo pensamiento y lenguaje de la Biblia. Y nadie como Él lo hizo revivir en trascendente novedad, dándole con la plenitud evangélica, la milagrosa capacidad de florecer en cada época y cultura. Es fácil ser antiguo o ser moderno. Ser cristiano de veras es un arte divinamente superior.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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