DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo XXXI del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Publicado: 05/11/2006: 659

S.I. Catedral

1.- En forma de diálogo con un doctor de la Ley o teólogo, en el Evangelio de San Marcos, Jesús nos da hoy la lección principal del cristianismo: “el Mandamiento del Amor”, que es el corazón de la fe cristiana.

A la pregunta de Jesús: “¿qué mandamiento es el primero de todos?”, Jesús cita el texto bíblico más conocido. Todo buen israelita creyente lo sabe de memoria: “Escucha Israel, dice el Deuteronomio (6, 2-9), el Señor nuestro Dios es solamente uno: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

El mandamiento de “amarle” no es imposición jurídica; es respuesta necesaria del corazón que se siente entrañablemente querido por Dios.

No hay hombre que niegue a Dios; cuando dice negarlo, lo sustituye porque lo desconoce. Y pone su alma y su vida en otros “dioses” que son añoranza del único Dios verdadero. Dios es único y quien lo descubre encuentra en Él toda verdad, pasión y belleza.


2.- “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El doctor de la Ley pensaba en un solo “mandamiento”. Jesús lo desdobla en dos. Porque en su visión divina de la realidad, sabe que toda persona humana es imagen viva y especial presencia del Único Señor. En el conjunto del Evangelio Jesús entiende por “prójimo” a todo hombre, incluso a los que, con criterio no cristiano, podríamos considerar como enemigos.

Este concepto de fraternidad universal, desconocido hasta entonces, ha sido la más admirable novedad en la historia de las relaciones humanas. Novedad evangélica que, para muchos, incluso bautizados, está todavía por descubrir. Amar en cristiano no es una utópica sintonía de sentimientos. Es la firme, y a veces heroica, voluntad de mirar con afecto y hacer bien afectuosamente a todo el que lleva la imagen de Dios, que es todo hombre. Amor que exige la justa ordenación social y también la recta educación y la corrección si es necesaria.


3.- “No estás lejos del Reino de Dios”. El doctor de la Ley aprueba con entusiasmo la doctrina de Jesús. Es la reacción de toda inteligencia noble cuando la entiende. Ya está muy cerca de Dios. Cuando ponga en práctica esta palabra estará “dentro” y habrá encontrado su paz al descubrir por experiencia que Dios es el centro de la vida.

Una mayor atención al amor de Dios revelado en Jesucristo, una escucha más honda y un silencio más prolongado ante Dios, una apertura mayor a su Espíritu, pueden hacer surgir poco a poco de nuestro ser posibilidades de amor que hoy ni sospechamos.

El Evangelio, Jesucristo, tiene fuerza para hacernos vivir una fe más profunda y una vida cristiana más intensa, verdadera y joven. Recordemos las palabras del novelista francés convertido, Bernanos: “¿Sois capaces de rejuvenecer el mundo, sí o no? El Evangelio es siempre joven. Sois vosotros los que estáis viejos”.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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