DiócesisHomilías Mons. Dorado

Encuentro de Catequesis de Adultos

Publicado: 02/12/2007: 766

Primer Domingo de Adviento, ciclo A


1.- Celebramos este Encuentro de Catequesis de Adultos en el contexto de un nuevo curso pastoral (2007-2008), en el que damos continuidad a nuestro Proyecto Pastoral Diocesano que tiene como objetivo central “Fortalecer y transmitir la fe”, y el objetivo específico de “Avivar la experiencia del encuentro con Jesucristo en la oración y en la celebración del Misterio de Cristo en los Sacramentos”.

Al comenzar este Encuentro, en la Eucaristía del Primer Domingo del tiempo de Adviento, os saludo a todos con estas palabras de San Pablo (1 Tes 2, 13):

“No cesamos de dar gracias a Dios (por vosotros, catequistas y catecúmenos), porque al recibir la Palabra de Dios que os predicaron, la acogisteis no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes”.

En efecto, todos nosotros hemos recibido y aceptado con fe la Palabra de Dios, es decir, el Evangelio de Cristo que nos ha sido transmitido por los apóstoles y después por nuestros padres, nuestros catequistas y, en definitiva, por la Iglesia, que nos ha acogido en su seno y que ahora espera de nosotros que continuemos la misión evangelizadora. Porque de otro modo la Palabra de Dios –Jesucristo- no permanece viva y operante en nosotros.


2.- Creo que el problema mayor de Europa, de España y de Málaga lo constituyen los que un día fueron bautizados y hoy viven completamente al margen de la fe cristiana y de la Iglesia, y aquellos que tienen una fe tan débil que, al no resistir el ambiente laicista que se nos está imponiendo, están a punto de desfallecer. Por todo esto nuestra tarea principal es anunciar al Dios Padre que se nos ha revelado definitivamente en Jesucristo, el Salvador único y total de la vida humana.

Es de una importancia capital encontrarse con Jesucristo: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona (Jesucristo) que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”, como nos recordaba Benedicto XVI en su primera Encíclica.

La catequesis y la educación en la fe han de introducir al encuentro personal con Jesucristo.

Tiene que promover (la catequesis) vivencias de fe que dejen huella y marquen un hito en la vida de mucha gente que tenemos  nuestro lado. Anunciemos con nuestra palabra y con nuestra vida que el mensaje de las Bienaventuranzas no es pura utopía, sino que se puede vivir en la vida de cada día y que realmente aporta una felicidad verdadera. Nos envuelve una actitud de indiferencia frente a la fe cristiana. “Falta Dios, pero no se le echa en falta”. Es una situación verdaderamente nueva que nunca se había dado.


3.- La Iglesia ha de proseguir su misión y requiere la participación entusiasta de todos nosotros para seguir dando a conocer profundamente a Jesucristo y para extender el Reino de Dios en nuestra diócesis de Málaga, porque, como dice San Pablo en Romanos 10, 14-16:

“¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? Y ¿cómo van a oír sin alguien que les proclame? Y ¿cómo van a proclamar si nadie les envía? ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!”

En estos tiempos de increencia más o menos generalizada, conviene que meditemos estas preguntas, que formulan y relacionan de manera muy precisa las condiciones básicas que han sido siempre necesarias para la transmisión y el fortalecimiento de la fe.

A los cristianos de hoy nos tienta frecuentemente el desánimo, el cansancio. Nos parece que ya lo hemos intentado todo, y los resultados han sido escasos. Como los apóstoles, nos sentimos fatigados de haber estado pescando toda la noche y no haber logrado nada. El Señor se hace presente hoy, en este tiempo de Adviento, en medio de nosotros y nos pide que rememos “mar adentro”, y que echemos las redes “en su nombre”. La acción catequética ha de nacer de una fuerte espiritualidad y ha de estar sostenida por ella. “Sin Mí, ha dicho Jesús, nada podéis hacer”.

Pongamos a Cristo en el centro de nuestra vida y de nuestra acción.


4.- ¿Qué mensaje nos ofrece a nosotros, los catequistas y catecúmenos, este Adviento, en este tiempo que estamos viviendo?

Los textos de la Palabra de Dios que se proclamarán en este tiempo litúrgico, nos invitan a cultivar tres actitudes espirituales:

La primera es ésta: “Sé valiente. Espera en el Señor”. “Yo abriré caminos en el desierto”.

La esperanza cristiana abre al dinamismo. El porvenir de la humanidad está en quienes ofrezcan razones para vivir y razones para esperar.

Una segunda actitud es la que nos urge Dios a través de Isaías, con estas palabras: “Buscad al Señor mientras se le encuentra; invocadlo mientras está cerca”. Se trata de “salir al encuentro del Señor”. Es una llamada a la santidad: no cambiará nada a mejor si nosotros no cambiamos.

Y una tercera actitud que queda formulada así: “En el desierto preparadle un camino al Señor”.  Esto nos debe poner en tensión, en marcha, en una actitud de búsqueda y de creatividad pastoral.

Pongamos a Cristo en el centro de nuestra vida y de nuestra acción. De conocer, amar y seguir a Jesucristo: ha de nacer el dinamismo que nos impulse al testimonio y al anuncio de la Buena Noticia. Nuestra espiritualidad se ha de alimentar de la Palabra de Dios y de los Sacramentos. Así será contemplativa y activa a la vez, propensa a la alabanza a Dios y a la plegaria, abriéndose a los retos de nuestra situación personal, eclesial y social. Cuando se da una adhesión personal, generosa y gozosa a Jesucristo, vamos entregando más y más nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros bienes espirituales y materiales, no por imposición, sino por convencimiento. No olvidemos que los santos son siempre fuente y origen de renovación en la Iglesia, aún en las circunstancias más difíciles.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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