DiócesisHomilías Mons. Dorado

Envío de los Profesores de Religión

Publicado: 06/10/2007: 515

S.I. Catedral


1.- Nos hemos reunido en la Catedral, Iglesia-madre de las Iglesias de nuestra diócesis, para invocar la ayuda de Dios al comienzo del curso pastoral 2007-2008.

Venimos con nuestros temores y esperanzas, con nuestra debilidad y con la confianza que nos comunica el Señor, con la experiencia de nuestras limitaciones y dispuestos a escuchar una vez más la invitación personal de Jesús: “Rema mar adentro”. “En tu nombre echaré las redes”, queremos responder cada uno de nosotros.

En esta celebración, tan significativa y tan hondamente sentida, pedimos a Dios que nos envíe su Espíritu Santo para que nos guíe por el camino de la verdad, nos conceda la gracia de acertar en medio de las oscuridades y tribulaciones de nuestro tiempo, nos fortalezca en el testimonio cristiano y nos consuele con su bálsamo espiritual (Cfr. 2 Cor 1, 13 ss). Aunque caminemos por valles de tinieblas, nada tememos porque el Señor es nuestro Pastor. Él nos otorga serenidad y paciencia, amor y esperanza.

Es muy elocuente que empecemos el curso pastoral rezando, reunidos en oración como los apóstoles en el Cenáculo, con María, la Madre del Señor (Hech 1, 12-14), pidiendo a Dios que nos envíe el Espíritu Santo prometido para que sea el agente principal que hace de nosotros instrumentos vivos de la evangelización. En la oración reconocemos nuestra indigencia y hacemos espacio al poder de Dios: “Señor, auméntanos la fe”, decimos, como decían los discípulos.


2.- Siguiendo el Proyecto Pastoral Diocesano, queremos este año “fortalecer nuestra fe y el don de poder transmitirla a los no creyentes”. Sabemos que se evangeliza donde hay Evangelio vivido. La Iglesia, que somos nosotros, para evangelizar tiene que ser constantemente evangelizada.

Se contagia el Evangelio y la fe donde el Espíritu Santo guía poderosamente la vida de los profesores de Religión.

Necesitamos fortalecernos en la Fe a los profesores cristianos.

¿De qué manera renovarnos interiormente para ser fortalecidos con el poder de Jesucristo y así evangelizar con obras y palabras y con el anuncio del Evangelio?

Recuerdo a continuación algunos cauces para fortalecer nuestra Fe.
3.- Fortalecer el sujeto eclesial:

a). Ante todo reanima y conforta el encuentro personal con Jesucristo, que vivió como hombre entre nosotros, murió, resucitó y está vivo para siempre.

El encuentro con Jesucristo por la Fe no es sólo un conocimiento intelectual, ni la asimilación de una doctrina o un sistema de valores. Lo que impacta y transforma a la persona es vivir con Él, que dará paso a vivir como Él, para vivir en Él. Somos conscientes de que para llegar a la madurez cristiana de las personas y de los grupos, es necesario que la vida se centre y sustente en Jesucristo, tal como Él mismo nos lo dejó dicho: “Sin Mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5), y que se cultive la intimidad personal con Él, como lo han hecho siempre los santos (Gál 2, 2).

Jesucristo es la imagen de Dios Invisible; es el camino de todo hombre. Como cristianos buscamos la Paz y al Dios de la Paz; la justicia y la solidaridad entre los hombres y a Dios, que es amor; la esperanza que derrama sobre nosotros el Dios de la Esperanza.

Pongamos nombre cristiano a nuestros objetivos educativos, culturales y sociales. La secularización empieza en el corazón cuando el profesor de Religión pierde la libertad de proferir la palabra agradecida, confesante y evangelizadora. Necesitamos hablar explícitamente de Dios, es decir, anunciarlo como Buena Noticia para nosotros y para todos. El testigo habla de lo que ha visto y oído; para evangelizar no basta conocer las ciencias de la Religión ni la Teología, aunque sean una preciosa ayuda.

b). La Iglesia se renueva con nuevos hijos, con nuevos cristianos, con nuevos apóstoles. Por eso, para fortalecer el profesor de Religión debemos acentuar la transmisión de la Fe y de la Conversión, la iniciación cristiana y la incorporación a la Iglesia de nuevas personas.

Debemos acercarnos a los jóvenes y a  los niños y adolescentes por todos los medios a nuestro alcance.

Aunque a veces parezcan distantes, en realidad están preguntando a Jesús, como los discípulos de la primera hora: “Maestro, ¿dónde vives?”.

Se ha repetido frecuentemente en nuestros días que este siglo siente sed de autenticidad. Sobre todo con relación a los jóvenes se afirma que éstos sufren horrores ante lo ficticio, ante la falsedad y que además son decididamente partidarios de la verdad y de la transparencia. Ante estos signos de los tiempos debería corresponder en nosotros una actitud vigilante.

Tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta: “¿Creéis verdaderamente lo que enseñáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente lo que vivís?”. Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de nuestra enseñanza.

Paradójicamente, el mundo y los jóvenes, a pesar de los innumerables signos de rechazo de Dios, lo buscan sin embargo por caminos insospechados y siente dolorosamente su necesidad; el mundo exige a los cristianos que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen, como si estuvieran viendo al Invisible.

c). Agradezco sinceramente vuestra participación en la vida y la misión de nuestra Iglesia diocesana de Málaga en el campo de la enseñanza religiosa escolar.

Rezo por vosotros. Como decía Pablo VI: “Ojalá que los jóvenes –que buscan a veces con angustia, a veces con esperanza- puedan recibir el anuncio de Jesucristo, no a través de profesores de Religión tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan entregar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en los jóvenes y niños”.

 


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga