DiócesisHomilías Mons. Dorado

Fiesta del Bautismo del Señor

Publicado: 07/01/2007: 682

S.I. Catedral

El Bautismo de Jesús, cuya Fiesta celebramos hoy, fue también una Epifanía; es decir: una “manifestación espléndida de Jesús”.

El Silencio de la Encarnación y del Nacimiento se hizo Palabra y signo cuando llegó su momento, con el fin de iluminar y fortalecer la Fe de los hombres.

La Liturgia cristiana –los actos de culto, como las Fiestas a través del Año- celebra desde muy antiguo, con alborozada gratitud, las “primeras manifestaciones del Hijo de Dios”. Y consideró como tal el Bautismo del Señor en el Jordán.

Hemos leído hoy el relato correspondiente en el Evangelio según San Lucas. Como es frecuente en la Biblia, la manifestación o revelación se hace perceptible a los sentidos humanos de dos maneras complementarias: al oído, por la voz del Padre; a los ojos, por el descenso visible del Espíritu y la apertura de los Cielos: “Se abrió el Cielo”.

a). La voz del Padre afirma en sonido la identidad de su Hijo Único: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”. En la intención de los evangelistas esta declaración es programática. Porque la orientación pedagógica de los Evangelios está polarizada por una pregunta fundamental que supone o suscita en sus lectores: “¿Quién es Jesús?”. Ya en la primera línea del Evangelio de Marcos indicó sin imprecisiones su pensamiento: Jesús es el Hijo de Dios. Y apenas entra en escena, vencido el silencio de Nazaret, Dios mismo da testimonio desde el Cielo: “Tú eres mi Hijo, el Predilecto”.

b). El primer signo a los ojos es que “se abrió el Cielo”, que es una alusión a Isaías 63, 19 .

Con la muerte de los últimos profetas se había extendido en el judaísmo tardío el convencimiento general de que el pecado de Israel había alejado a Dios de los suyos. Dios se calla y el pueblo sufre en silencio. Los cielos permanecen cerrados e impenetrables. Los hombres caminan tristes a través de una tierra sin cielo, sin horizontes. Por eso la escena del Bautismo de Jesús significa una noticia revolucionaria para los primeros creyentes: el Cielo se abre y el Espíritu de Dios desciende de nuevo sobre los hombres. La vida no es algo cerrado. Se nos abre con Jesús un horizonte infinito. La vida no es intrascendente. Dios está con nosotros.

Oculto para unos, desconocido para muchos, Dios está con nosotros. No es el Dios frío de la razón, no es el Dios distante, sino Dios hecho carne, como hermano y amigo. Cristo es el único cauce de amor y de vida entre el hombre y Dios.

Esta solidaridad de Dios con el hombre pone el cimiento más profundo que podemos conceder a la solidaridad y fraternidad entre los hombres y la esperanza más rica que puede alimentar la tierra.

c). El descenso del Espíritu –que es el signo visible- significa y manifiesta a los ojos el carácter de la misión de Jesús, el Mesías. Nos descubre la vocación, la misión y el destino del Señor.

Cuando los apóstoles repasaron con ojos de fe el Antiguo Testamento, vieron descritos de antemano en algunos pasajes el carácter de Jesucristo y el estilo de su misión.

Entre los profetas que más le impresionaron están: “los cánticos del Siervo de Yahvé”, conservados en el libro del profeta Isaías.

Hoy hemos escuchado la lectura primera: “el Señor promoverá la victoria del derecho y la justicia hasta los confines de la tierra” (1-4). Será el aliado del pobre en la búsqueda de la verdadera liberación. El respeto a los débiles será la gloria de su fortaleza. “El Espíritu de Dios está sobre mí porque me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres…” (Lc 4, 18 ss).

Por Jesucristo se abre el Cielo a la tierra y nos invita a entrar en comunión con Dios.

Estas realidades se hacen presentes en nuestro Bautismo.

Conclusión:

Queridos hermanos: demos gracias hoy al señor porque Dios no se esconde detrás de las nubes al misterio impenetrable, sino que, como nos dice el Evangelio de hoy, ha abierto los Cielos, se nos ha mostrado, habla con nosotros y está con nosotros. Vive con nosotros y nos guía en nuestra vida.

Demos gracias por el don de nuestro Bautismo y pidamos que nos dé la Vida, la verdadera Vida, la Vida eterna.

 


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga