DiócesisHomilías Mons. Dorado

Jueves Santo. Ciclo C

Publicado: 08/04/2004: 695

1. Estamos viviendo una celebración que es recuerdo de la noche imborrable y muy densa del primer Jueves Santo. El mismo Jesús no pudo contener su emoción y sus sentimientos: “Ardientemente he deseado esta Cena”. Los apóstoles la debieron vivir sobrecogidos: guardaron los gestos y las palabras que vieron y oyeron. Y hasta San Pablo las recoge en la Primera Carta a los Corintios, que hemos proclamado.

Hermanos: recordemos también nosotros. Es una tarde para recordar y para hacer memoria: “Haced esto en conmemoración mía”. Es el recuerdo de dos gestos de Jesús:

• el de partir el pan, y
• el gesto de lavar los pies.


2. La presidió el Señor. Le rodeaban en torno a la mesa los apóstoles. San Juan dice expresamente que “era de noche”. La Liturgia precisa más “Era la noche en que iba a ser entregado” y vilmente vendido. En esa noche de traidores brilló con toda su luz la libertad intocable de Jesús para darse Él, porque quiso, porque nos quiso, porque amaba al Padre, Él se nos entregó.

Ellos vieron que Jesús cogió de la mesa un trozo de pan ácimo pascual, lo tomó entre sus manos venerables y lo mostró a todos en silencio. Pronunció unas palabras estremecedoras que la Iglesia, emocionada y agradecida, ha pronunciado millones de veces; las mismas que resonarán dentro de unos minutos en nuestra Asamblea. En aquel momento las manos de Jesús se convirtieron en custodia y viril. Fue la primera exposición del Santísimo Sacramento. Luego lo partió con cuidado y a cada uno de los doce fue entregando su Cuerpo.


3. En aquella noche, ardientemente deseada, acaba de nacer para siempre la Eucaristía. Y junto a ella nacía el Sacramento del Orden, tan unido al Santísimo Sacramento. Y en la sobremesa de su Cena se proclamaba nuestra Constitución Cristiana, con un único artículo y mandamiento. En aquella mesa y sobre ella estaba naciendo la Iglesia.

A la Iglesia, que es misterio y que es misión, se le daba un nombre propio: Comunión. Comunión con Dios, Comunión con Cristo, Comunión con los que comulgan.


4. ¿Dónde se encuentra la fuente de esta entrega desmedida y desbordante? Lo hemos oído al comienzo del Evangelio que se nos ha proclamado: “Porque amó a los suyos y los amó hasta el extremo”. La Iglesia, como la Eucaristía, se hace de amor, nace del amor, la sustenta el amor y el amor la empuja hasta el martirio de los mejores de los nuestros. Ese amor que es el nombre de Dios.

5. Con nosotros se repite la Cena del Jueves Santo. No es de extrañar que esta tarde nos martillee insistentemente el mandato de Jesús: “Como Yo os he amado”. No se trata de amar sin más, sino como Él ha amado.

¿Cómo nos ha amado el Señor? Porque amó se acercó a nosotros, se despojó de su rango, se vació. Se cargó al hombro el dolor de los hombres. Amó con preferencia a los pobres y a los enfermos y a los excluidos. Amó perdonando. Amó hasta morir rechazado.

El amor de Jesús se hace de paciencia, de comprensión. Lo soporta todo. No juzga, no lleva cuentas del mal, disculpa siempre. El amor de Jesús no falla.

“Un mandamiento nuevo os doy. Que os améis unos a otros como Yo os he amado”.


6. Otro gesto impresionante presenciaron los apóstoles. Se levantó de la mesa el Señor, echó agua limpia en una palangana y se ciño una toalla larga y se puso a realizar una acción impensable para nosotros. Jesús se arrodilló delante de cada uno, para lavarles los pies. Los apóstoles sintieron su amor. Él impuso en la Iglesia este mandamiento y esta norma: “También vosotros debéis lavaros los pies, como Yo os he lavado”.

Así se hace la Iglesia. Las hermanas y los hermanos de todos los hospitales y asilos, los que lavan los pies a los inmigrantes. Los que con paciencia limpian la incultura, los que sirven de corazón a quien los necesitan, ésos hacen en silencio y con eficacia a la Iglesia. El amor hace a la Iglesia y hemos aprendido que el amor se hace de servicio y de rodillas. Como Él amó. Como él lavó.


7. Es un día para reflexionar y para orar. Os invito a la adoración, a la alabanza y a la acción de gracias.

Por la Eucaristía, que es presencia, alimento, compañía, pan partido.

Por el sacerdocio, que nos la asegura.

Por la Iglesia.

Gracias porque Cristo ha introducido en el mundo una nueva Ley: la del amor. Gracias porque aprendimos que el hombre no es grande por el engreimiento o por el dominio, sino por el amor que se hace de servicio. Recordad el encargo: “Como Yo os he amado”. Es día de Caridad.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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