DiócesisHomilías Mons. Dorado

La Anunciación del Señor

Publicado: 31/03/2008: 464

1.- La solemnidad de la Anunciación es, ante todo, una fiesta del Señor. La Liturgia la llama precisamente “Anunciación del Señor”. De hecho, lo más importante es el anuncio de la concepción de Jesús, es decir, el comienzo de su vida humana, con la que nos ha traído la salvación.

Con todo es también, al mismo tiempo, una fiesta de Nuestra Señora, porque la persona a la que se dirige el Ángel era María.

El Evangelio nos presenta la narración de este acontecimiento: un relato de una riqueza espiritual inagotable. El relato está preparado para la Primera Lectura, donde se refiere una oración del profeta Isaías dirigida al Rey de Judá, Acaz, que se enfrentaba, en medio de una gran dificultad, a la invasión Asiria; y por un pasaje de la Carta a los Hebreos que muestra la actitud con la que Cristo entró en el mundo. (Heb 10, 4-14).


2.- El profeta Isaías se dirige a Acaz, el Rey de Judá, y le invita a pedir una señal a Dios. Acaz rechaza la invitación. Pero Dios no renuncia a su iniciativa y promete que “Él por su cuenta dará una señal: Mirad la Virgen está encinta y dará a luz un Hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.”.


3.- La Anunciación es el cumplimiento de esa Profecía: Dios envía al Ángel Gabriel… el mejor resumen es el “Ángelus”.

María se queda turbada al oír esas palabras. Ella es una muchacha muy reflexiva y pregunta por el sentido del saludo del Ángel (leer el relato del Evangelio). El hecho ya estaba profetizado en el Antiguo Testamento: en Isaías y en los Salmos: “Tú eres mi Hijo; hoy te he engendrado” (Sal 2, 7).

Contestación de María:

Tiene una Fe total en Dios y una disponibilidad a su voluntad: “He aquí la esclava del Señor…”. Su humilde esclava abierta a la voluntad y al proyecto de Dios.

Procediendo de ese modo se encuentra en una perfecta sintonía con el Hijo de Dios en el momento de la Encarnación. La Segunda Lectura nos dice que el Hijo de Dios, al entrar en el mundo, dijo:”Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Disponibilidad y ofrenda.

Viene a sustituir todos los sacrificios antiguos con la ofrenda de su propio cuerpo humano. Dice el autor de la Carta a los Hebreos: “Todos quedamos santificados por la ofrenda, hecha una vez para siempre, del Cuerpo de Jesucristo”. Jesús manifiesta, desde el comienzo de su existencia humana, su disponibilidad para esta ofrenda que se realizará más tarde en el Calvario.

“Aquí estoy; he venido para cumplir, oh Dios, tu voluntad”, dice Cristo.

“Aquí tienes a la esclava del Señor; que se cumpla en mí tu Palabra”, dice María.

Esta perfecta correspondencia de actitudes manifiesta la santidad de María y representa una gran enseñanza para nosotros.

Debemos tener una gran Fe y una disponibilidad humilde y generosa para colaborar en el proyecto de Dios, que es un proyecto de salvación, de amor y de comunión. Debemos acoger este proyecto con humildad y generosidad en unión con María y Jesús.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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