DiócesisHomilías Mons. Dorado

Memoria del Beato Manuel González

Publicado: 04/01/2007: 467

S.I. Catedral


1.- Saludos:

Hoy, 4 de enero del 2007, celebramos la memoria Litúrgica del Beato Manuel González, Obispo de nuestra diócesis de Málaga.

En la ceremonia de su Beatificación el Papa Juan Pablo II señaló el 4 de enero como fecha para que las Iglesias Diocesanas donde ejerció el ministerio como sacerdote y como Obispo, esto es, Sevilla, Huelva, Málaga y Palencia, y las Casas de las Misioneras Eucarísticas, con las Auxiliares y los grupos de la UNER, vivamos agradecidos la MEMORIA del Obispo que buscó compañía y solución a tres profundas soledades: la del Sagrario, la de las personas y la del sacerdote.

Nuestra Asamblea Eucarística siente esta tarde el gozo de la MEMORIA del Beato Manuel González y alaba al Señor por este motivo. El Beato Manuel González es un don inapreciable para nuestra Iglesia Diocesana que acogemos con gratitud y al que debemos responder con generosidad.

Deseamos que la MEMORIA y la PRESENCIA de D. Manuel se enraíce en nuestra diócesis y sea estímulo permanente para nuestra vida cristiana que tiene que ser fiel al Señor en este mundo de cambios tan profundos y rápidos que estamos viviendo.


2.- “De mí sé deciros –son palabras de D. Manuel- que aquella tarde, en aquel Sagrario yo entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había soñado, y para mis entusiasmos una poesía que antes me era desconocida”.

Palabras que están en el Oficio de Lecturas de la Memoria del Beato que rezamos hoy y que corresponden a un texto de su libro titulado “Aunque todos… yo no”.

Dice D. Manuel que “entrevió aquella tarde… una ocupación en la que antes no había soñado”. También nosotros necesitamos en estos momentos de nuestra historia saber descubrir ocupaciones, actitudes, talantes evangelizadores nuevos o renovados para “fortalecer la Fe y transmitirla a los demás”, que es el objetivo más importante de nuestro Proyecto Pastoral Diocesano.

No podemos dejarnos llevar por la rutina, por la inercia, por las formas establecidas. Si D. Manuel no hubiese sido el hombre abierto a Dios y a lo que Dios pudiera pedirle, aquella tarde en Palomares hubiera respondido con un lamento estéril, quizás con una crítica amarga e ineficaz, pero no con esa respuesta sincera a esa llamada de Dios que tanto influyó en su existencia y en su ministerio.

Nuestra vida, iluminada e impulsada por el Espíritu Santo, debe tener sensibilidad para preguntarnos qué debemos hacer como cristianos y evangelizadores y cómo lo debemos hacer. En la celebración de esta Eucaristía debemos “descubrir que el problema de hoy es más de fe que de moral” y por tanto ésa es la ocupación a la que debemos consagrar nuestra vida, nuestros esfuerzos, nuestro tiempo, nuestra salud. Se trata de creer o no creer.

Este descubrimiento nos hará cambiar, como escribe el Beato, hasta la “poesía” que anima nuestros entusiasmos. D. Manuel llegó al Sagrario de Palomares gozando “aquella sabrosa luna de miel” que era su ordenación sacerdotal. En aquel momento, de rodillas ante el Sagrario “acababa de caer una mancha roja, como se sangre, que quitaba toda la alegría del cuadro y apagaba toda la luz”. Era el realismo de una situación muy extrema a la que él responde con mucha fe y mucho amor. Lo que desea, a partir de entonces, es “ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo para quererlo yo por todo el pueblo”.


3.- “Rabí, ¿dónde vives? Venid y lo veréis”.

El Evangelio nos hace presente el encuentro con el Señor de los primeros discípulos. ¿Qué les interesa a los discípulos de Juan? Dónde vive y cómo vive el Señor. La respuesta de Jesús les consuela: “Venid y lo veréis”.

La vida de los hombres y mujeres que han estado llenos de Dios, animados siempre por la fe y el amor del Señor, nos interesa no sólo por lo que han hecho, sino principalmente por su vida. Nos interesa, nos hace bien la vida de los “testigos” de la Fe que supieron mantenerse en ella a pesar de las dificultades, de las contradicciones, hasta de las calumnias.

En la Iglesia y en el mundo se necesitan con urgencia “testigos fuertes” de Dios. En esta celebración os invito a contemplar la vida del Señor y que ésa sea nuestra primera enseñanza. Pero contemplad también la vida evangélica de D. Manuel, su profunda vida interior, sus sentimientos, su reciedumbre ante el sufrimiento, su pobreza manifestada en tantas ocasiones, de forma especial durante su estancia en Madrid entre los años 1931 y 1935.

Todos debemos hacer un esfuerzo de adentrarnos en las convicciones y en los sentimientos del Beato Manuel González, sin seleccionar anécdotas o enseñanzas, sino con un serio y profundo estudio de su interioridad a través de sus enseñanzas y de sus acciones pastorales y especialmente de sus sentimientos y sus reacciones en los numerosos momentos difíciles que tuvo que vivir.


4.- Conclusión:

Adoremos a Dios que ha hecho maravillas. Hoy contemplamos la vida de quien fue nuestro Obispo, cuya impronta permanece entre nosotros.

Y demos gracias a Dios porque en  el Obispo D. Manuel González manifestó su misericordia con nuestra querida diócesis de Málaga.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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