DiócesisHomilías Mons. Dorado

Misa Exequial por el Rvdo. D. Florencio Aguilar Ramos

Publicado: 12/03/2008: 649

Torremolinos

1.- El Domingo pasado, 5º Domingo de Cuaresma, nos ofrecía, en la Santa Misa, el Evangelio de la resurrección de Lázaro, narrado por San Lucas.

Se trata del último gran milagro y “signo” realizado por Jesús, tras el cual los sumos sacerdotes decidieron matar incluso al mismo Lázaro, que era prueba evidente de la divinidad de Cristo, Señor de la vida y de la muerte.

En realidad esta página del Evangelio muestra a Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios.

Ante todo el evangelista destaca la amistad de Jesús con Lázaro y con sus hermanas Marta y María. Subraya que Jesús les amaba y por esto quizá realizara el gran prodigio. “Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle”, dijo a sus discípulos expresando en la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la ve como un sueño del que se puede despertar.

Jesús demostró su poder absoluto sobre la muerte: puede verse cuando devolvió la vida al joven hijo de la viuda de Naim (Lc 7, 11-17), y a la niña de 12 años (Mt 5, 35-43). De ella dijo expresamente: “No ha muerto; está dormida” (Mc 5, 39), provocando la burla entre los presentes. Pero es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.


2.- Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar “con-pasión” por el dolor de la familia. Viendo llorar a Marta  y María y a cuantos habían venido a consolarlas, también Jesús “se conmovió interiormente, se turbó y se echó a llorar” (Jn 11, 33-35). El corazón de Cristo es divino-humano. Él es la imagen, más aún, la encarnación del Dios que es amor, misericordia, ternura paternal y maternal, del Dios que es Vida. Por este motivo declaró solemnemente a Marta: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que en cree en mí no morirá jamás”. Y añadió: “¿Crees esto?” (Jn 11, 27).

Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente supera nuestra capacidad de comprensión y nos pide que nosotros nos encomendemos a Él, como Él se encomendó a su Padre.


3.- La respuesta de Marta es ejemplar: “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo” (Jn 11, 27).

Sí, Señor, también nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y nuestras oscuridades; creemos en ti porque Tú tienes palabras de Vida eterna; queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de Vida más allá de la vida, de Vida auténtica y llena en tu Reino de Luz y de Paz.

Encomendemos nuestra oración pro D. Florencio, especialmente en estos momentos de dolor, de prueba y dificultad.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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