DiócesisHomilías Mons. Dorado

Misa por D. Julián Gómez del Castillo

Publicado: 27/11/2006: 662

1.- En el Prefacio V del Tiempo de Cuaresma decimos al Señor:

“Es justo bendecir tu nombre ahora que en nuestro itinerario hacia la Luz Pascual, seguimos los pasos de Cristo, Maestro y Modelo de la humanidad reconciliada en el amor”.

La vida cristiana de Julián, iniciada en su Bautismo y dedicada por entero al servicio del Pueblo de Dios, después de su conversión, ha sido una larga peregrinación que ha querido seguir la Vida de Cristo, que es Maestro y Modelo de todos nosotros.

Ha experimentado la misericordia de Dios que es liberación y promesa que ahora se ha hecho realidad plena en el abrazo paterno de Dios, nuestro Padre.

Al meditar en esas palabras del Prefacio, queremos acoger el mensaje de vida cristiana que nos ofrece la muerte de un sacerdote militante cristiano muy querido.


2.- Nuestra existencia está dirigida hacia la Luz Pascual.

En medio de tantas dificultades propias y ajenas como experimentamos, nuestra vida tiene vocación de eternidad hacia una realidad que se hará presente en un día más o menos cercano.

Nuestra vida se encamina hacia el Cielo, hacia la Resurrección, hacia la “Luz Pascual”, como nos dice el Prefacio.

Es necesario que lo tengamos siempre presente, porque es la seguridad de que podemos vivir con esperanza, en camino hacia la promesa de Dios que Jesucristo, con su muerte y Resurrección, nos ha conseguido.

El más allá es el horizonte que debemos tener presente en nuestra existencia cotidiana para no desfallecer en el camino.


3.- “Seguimos los pasos de Cristo”.

La muerte nos ayuda a dar a cada cosa el sentido que tiene y su justo valor. Pero, además, nos hace ver a los creyentes la importancia de ser fieles seguidores de Jesucristo.

Seguimiento que se hace vida en nosotros cuando acogemos el espíritu de las Bienaventuranzas y el Mandamiento Nuevo del amor fraterno, el mandamiento de celebrar la Eucaristía –“Haced esto en memoria mía…”- y el envío misionero que nos hace ser testigos y profetas.

Seguimiento que es, como nos dice la carta a los Filipenses, “tener los mismos sentimientos en Cristo Jesús”.

Seguimiento que implica que estemos dispuestos, por amor a Jesucristo, a “renunciar a nosotros mismos, cargar con la Cruz y seguirle…”.


4.-Debemos escuchar “tu Palabra”.

El cristiano es, sobre todo, la persona iluminada por la Palabra de Dios. Ya en el Deuteronomio, Dios manda a los israelitas que “escuchen su voz”.

En el próximo tiempo de Adviento, el consejo reiterado de la Liturgia es que escuchemos la Palabra, porque Ella es la que nos libera y la que nos transforma y nos indica el camino del seguimiento de Jesús.

Jesús dijo: “Quien escucha la Palabra y la cumple tiene Vida Eterna”. Esa Vida Eterna que crece en  nosotros como Don y que en el momento de la muerte se hace plenitud de vida para siempre.


5.- La muerte de un ser querido es siempre para los cristianos un motivo de oración. Éste es el sentido fundamental de nuestra Eucaristía: orar, ponernos en contacto con Dios, darle gracias, solicitar su misericordia, consolarnos mutuamente con su Palabra.

Damos gracias a Dios por todo lo que ha realizado en Julián y a través de su ministerio presbiteral.

Bendecimos al Señor que lo ha sostenido en su vida y lo ha purificado en su enfermedad.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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