DiócesisHomilías Mons. Dorado

Navidad 2007. Misa de medianoche

Publicado: 24/12/2007: 666

1.- Nos reunimos para celebrar el Nacimiento del Señor a medianoche, que es un signo del silencio con que Dios entró en la historia del hombre y en nuestra propia vida.

Navidad es un misterio infinito que se expresa en signos humildes.

San Pablo lo expresará diciendo que en Navidad (y en un “pesebre”) “ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre”. Y la santa judía beatificada recientemente, Edit Stein, lo describe así: “Dios se hizo hijo del hombre para que los hombres llegaran a ser hijos de Dios”.

El Misterio de la Navidad está en que podemos contemplar a Dios en el rostro de un niño pobre y débil.


2.- El Evangelio de San Lucas, que acabamos de escuchar, nos presenta el Misterio de Belén en tres escenas:

• el Nacimiento del niño.

• El anuncio del Ángel.

• La visita de los pastores.

En la narración se armonizan, a nivel popular, la sinceridad histórica, la teología, o sentido de los hechos desde la fe, el arte y la espiritualidad, con la sugestión pedagógica de un pesebre viviente. Nuestra meditación de esta noche puede centrarse en la contemplación de los diversos personajes, como dice San Ignacio: oír lo que dicen, ver lo que hacen, gustar sus sentimientos.


3.- “Los ángeles” del anuncio:

a). San Lucas pone la comunicación del Misterio en boca de los Ángeles, que son los “mensajeros de Dios”:

• dicen quién es el Niño:

  es el Salvador: por eso le llaman Jesús.

  es el Mesías: en quien se cumple la esperanza del pueblo.

  es el Señor: que es la expresión de fe de la divinidad del Señor.

• tiene el arte de presentar el Evangelio no como un peso o una carga, sino como una inmensa alegría.

• les indica el lugar del encuentro: en su humildad, el Niño del pesebre es el centro del universo y de la historia.

b). El coro de los ángeles rubrica el mensaje con un himno: “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”, indicando que en el Nacimiento de Jesús se realiza un triple abrazo cordial e inseparable:

• del Cielo con la tierra,

• de Dios con los hombres,

• de la Gloria divina con la Paz del mundo.

Al mismo tiempo que felicitan, los ángeles invitan: si de verdad queréis la Paz, seguid el camino de Belén. La gloria de Dios y la Paz de los hombres son inseparables. No puede invocar la Luz quien niegue el Sol.


c). La visita de los pastores al Niño.

Los pastores simbolizan a todo el mundo de los sencillos: los hombres de Dios son hombres con corazón de fe que invitan y se ponen en movimiento (“vamos”), son dóciles a las Palabras del Ángel, creyentes para aceptar como Mesías a un Niño y generosos para comunicar su alegría a los demás. Navidad nos invita a convertirnos a la ingenuidad y a la sinceridad de aquellos pastores.


d). Y María, con José, inseparable del Niño; San Lucas nos la presenta en actitud de adoración y de reflexión profunda: contempla, vive e irradia el Misterio de Dios con nosotros.

Sus sentimientos los refleja en el himno del “Magnificat”:

• sentimientos de alabanza y de glorificación de Dios: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”.

• alegría serena y profunda: “se alegra mi espíritu”, desde la conciencia de que Dios, en Belén, ha hecho en Ella maravillas.

Éste es el gran misterio de Navidad que se expresa en signos tan sencillos. Para los que tienen Fe, Navidad es el gozo sin límite de saber y sentir que “Dios está con nosotros”.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga