DiócesisHomilías Mons. Dorado

Nuestra Señora de la Merced

Publicado: 24/09/2006: 655

1.- San Bernardo de Claraval fue un monje del siglo XII que en su tiempo contribuyó más que nadie a la renovación de la Iglesia, a la construcción de la Europa cristiana y al florecimiento de una cultura riquísima que ha llegado hasta nuestros días. Nos interesa hoy destacar su profundo amor y su filial devoción a la Santísima Virgen.

Él solía proponer a los cristianos de su época una fórmula muy sencilla para orientarse en aquellos años de crisis religiosa y de decadencia de la Iglesia, que fácilmente invadía los ánimos de la gente de sentimientos de desconcierto, de perplejidad y de no saber a qué atenerse. La fórmula, muy válida y eficaz, según su propia experiencia, era ésta: “Respice Stellam. Invoca Mariam”. “Pon los ojos en la Estrella e invoca a María”. (La estrella luminosa era también María).

En esta Fiesta de la Virgen de la Merced, en que el recuerdo de la Virgen pasa al primer plano de las actualidad y se reaviva en el corazón de los católicos el amor y la devoción a nuestra Señora; y para estos tiempos de cambios tan profundos que tanto afectan a la Iglesia, me atrevo a proponeros como medio para orientarnos y como camino de salida de nuestros desánimos, incertidumbres y crisis, la misma fórmula que resultó tan creadora y fecunda en la vida y la acción de aquel humilde fraile y ferviente devoto de la Virgen que fue San Bernardo de Claraval: “Respice Stellam. Invoca Mariam”. Fijad vuestra mirada en esa Estrella luminosa que es la Virgen de la Merced, e invocad a María con una oración humilde y confiada.


2.- Debajo de tan sorprendente solución para los graves problemas que hoy nos acucian, y que a muchos parecerán un simplismo o una ingenua beatería, hay dos grandes convicciones para un creyente:

a). El convencimiento de que la Virgen es la mejor discípula del Señor y la más perfecta realización histórica del Evangelio de Jesucristo. Ella fue una mujer enteramente ganada pror el Evangelio. Y para esta época en que no valen los programas de segunda mano, cuando son más necesarios los testigos que los maestros, cuando hace falta gente que tenga una experiencia religiosa y apostólica de primera mano y que vivan muy directamente el atractivo de Jesucristo viviente, que es el Evangelio perenne de Dios a los hombres, María es la Estrella que ilumina con su vida, que es Evangelio en acción, como la mejor creyente, la mejor discípula de Jesús.

b). Y una segunda convicción: la fe en la eficacia de la oración como nos asegura Jesús en el Evangelio: “lo que pidáis al Padre en mi nombre…” Las personas más creativas de la Iglesia y de mayor eficacia apostólica han sido los grandes místicos, es decir, los grandes santos y las personas profundamente contemplativas.

También hoy tenemos que vencer la resistencia a recuperar todo aquello que es necesario para mantener una viuda espiritual y apostólica vigorosa: la oración constante y las prácticas de piedad, la celebración de los Sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia, el sosiego de la contemplación y la confianza ilimitada de quien vive en las manos de Dios, que es nuestro Padre.

Como María, la mujer orante del Magnificat, de la Anunciación y de Caná.

A la luz de estas convicciones, la invitación de San Bernardo aparece más fecunda y prometedora de lo que parecía a primera vista.

La Fiesta de la Virgen de la Merced, es una invitación fuerte a dejarnos iluminar por la Vida evangélica de la Virgen y a invocarla como mediadora de la Gracia de Dios.


3.- En estos tiempos nuevos que estamos viviendo, la Iglesia entera y nuestra diócesis, está empeñada en impulsar una “Nueva Evangelización”, que significa para nosotros poner en pie una Iglesia renovada, afrontar la tarea de difundir el Evangelio de Jesucristo, ofreciendo a nuestros hermanos la salvación de Dios, colaborar en la transformación de nuestra sociedad y la cristianización de nuestra formas de vida personales, familiares y sociales, de manera que sea Jesucristo, el Señor y el centro afectivo de nuestras vidas.

Pero esta nueva evangelización no será una realidad sin un gran esfuerzo de renovación espiritual e institucional de nuestras parroquias. Renovación en la vida y el ministerio de los sacerdotes, en la vida, actuación y conciencia eclesial de los religiosos, en la existencia de seglares verdaderamente convertidos a Jesucristo y dedicados intensamente al despliegue de la misión de la Iglesia en la sociedad, en los aspectos evangelizadores y transformadores.

Necesitamos una generación de apóstoles con buena formación y profunda experiencia religiosa, entusiastas, esperanzados y desprendidos, fieles hasta la muerte.


4.- Yo os invito a poner hoy este programa y este empeño bajo el manto maternal de la Virgen de la Merced, Madre y Maestra de la fe, de la fidelidad, de la esperanza firme que atrae infaliblemente la gracia y el poder de Dios sobre nosotros. Ella sabe mucho de empresas evangelizadoras y ha estado presente en el origen y desarrollo de todas ellas.

Ella ha sido siempre la Estrella de la Evangelización que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, ha promovido y desarrollado en todas las épocas de la historia.

La Virgen de la Merced, la Virgen sensata y prudente, está hoy con nosotros para hacernos capaces de poner los fundamentos de una Iglesia evangelizadora y creadora, capaz de promover unos hombres nuevos que hagan una sociedad nueva, fundada en la fe en Jesucristo y animada por las luces y la esperanza del Evangelio.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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