DiócesisHomilías Mons. Dorado

Ordenación de tres diáconos

Publicado: 22/12/2007: 583

Ordenación de tres diáconos

José Javier García Pascual, Alfarnate.
Antonio Jesús Guzmán Molina, Marbella.
Rafael Jesús Caro, Villanueva del Trabuco

S.I. Catedral de Málaga

1.- Saludo.

Con himnos de acción de gracias y de alegría (“Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador” y “Mi alma proclama la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”) y en la víspera del IV Domingo de Adviento, la acción del Espíritu se hará presente a través de nuestra Iglesia para que sean ordenados de diáconos tres miembros de nuestra comunidad diocesana que se han preparado en el Seminario con oración, estudio y experiencia pastoral.

Felicidades y acción de gracias a las familias y a vuestros lugares de origen: “Por este niño –decía la madre de Samuel- suplicaba yo al Señor y me ha concedido lo que pedía; por eso, yo también se lo entrego al Señor y quedará cedido al Señor, mientras viva”.

Queridos diáconos, queridos sacerdotes y querida comunidad cristiana reunida en la Catedral, en este ambiente de esperanza, propio del Adviento: hoy es el día de acción de gracias a Dios por haber instituido el Sacramento del Orden. Antes que una llamada a un servicio, a un ministerio, vosotros, queridos ordenandos, vais a recibir el Don del Espíritu que os configura con Cristo Sacerdote, en el grado de diáconos.

Más que contemplar en este momento el quehacer que os espera, abrid los ojos de vuestro interior y maravillaos por la acción del Espíritu y por la transformación de vuestras vidas: quedáis configurados de forma especial a Jesucristo, a quien debéis seguir e imitar en todo lo que constituye vuestra vida. Nada de lo que viváis es indiferente o ajeno a vuestro ser de diáconos. Y sólo hay una forma de vivir como diáconos: la santidad a ejemplo de Jesús, que “no vino a ser servido, sino a servir”. Por bautizados, por ordenados, esta mañana os reitera el Señor la llamada a que seáis santos. Con el especial camino de santidad del ordenado. No os dejéis secularizar por el ambiente creyendo que así hacéis más bien a las personas


2.- Tres aspectos importantes de vuestra vida a partir de ahora:

El servicio señala la identidad del diaconado. Sois servidores de lo que se os entrega y para lo que se os llama.

Como dice una de las consideraciones de la Liturgia, “en vuestra condición de diáconos, es decir, de ministros de Jesucristo, que se mostró como “el que sirve”, seguid gustosamente su voluntad y servid con amor y con alegría tanto a Dios como a los hombres”.

El primer servicio a la comunidad es el testimonio de vuestra vida. Debéis ser hombres llenos del Espíritu Santo. Esto lleva consigo una forma de vivir que, como decía el Beato Carlos de Foucauld, “grite el Evangelio”. Como os voy a decir al entregaros el Evangelio: “Convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho vida, enséñalo y cumple aquello que has enseñado”.

En la oración consecratoria pedimos a Dios “que resplandezca en vuestra vida todas las virtudes… y un vivir siempre según el Espíritu”. No se es diácono sólo durante las horas de trabajo pastoral, sino siempre. Por eso vuestra existencia debe quedar marcada por la radicalidad evangélica que supone una vida en pobreza, en humildad, en obediencia y en castidad,

El segundo servicio a la comunidad es la fidelidad en vuestra predicación del Evangelio. Se habla en la ordenación de la fidelidad al celibato y a la Liturgia de las Horas. Pero vais a ser constituidos servidores de la Palabra. Sed fieles a ella y servidla toda a vuestros fieles por encima de los propios gustos. Porque es la Palabra de Dios la que salva, la que es promesa que suscita esperanza, la que descubre los horizontes bellos y libres que Cristo vino a instaurar.

El tercer servicio a la comunidad que se os encomienda, es el servicio a la caridad. Es toda la Iglesia la que lo debe vivir, pero vosotros estáis llamados a ser signos permanentes de esta entrega, para que no sea olvidada por los demás y para que tenga verdadera preferencia en la vida eclesial.

También lo expresa la oración de consagración: “los apóstoles, movidos por el Espíritu, eligieron como auxiliares suyos a siete varones, tenidos por fieles testigos del Señor, a quienes mediante la oración y la imposición de las manos, dedicaron al servicio de los pobres”.

Ésa es una especial señal y tarea que se os encomienda.


3.- Toda esta grandeza del Sacramento que recibís es esencialmente una realidad eclesial. No hay Sacramento que no sea acción de la Iglesia.

Sois diáconos, que es un ministerio de la Iglesia. El sentido de pertenencia a la misma, el afecto eclesial, el convencimiento de que el diaconado no es una situación que adquirís en la Iglesia para vuestro provecho y para ser vivido según decisiones propias, sino que está insertado en esta comunidad eclesial, que, además de ser servicio, es ministerio y comunión.


4.- Queridos ordenandos: vivid estas consideraciones en el marco litúrgico de una Iglesia que espera al Señor, que en este día 22 de diciembre dirige su mirada al acontecimiento del Nacimiento en Belén.

Hoy el Evangelio nos ha hecho presente a la Virgen María, que canta la alegría de que el “Señor ha hecho maravillas en su vida, porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Rezo con vosotros y por vosotros. Reza toda la comunidad aquí reunida, que está contenta y llena de esperanza, Porque el Señor hace posible que vuestras vidas queden señaladas siempre por Él y por su Espíritu, como diáconos que nos ayuden a vivir como una Iglesia santa y servidora de los más pobres.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga