DiócesisHomilías Mons. Dorado

25 años de la parroquia Ntra. Sra. del Pilar

Publicado: 07/12/1997: 576

1.- Esta parroquia del Pilar comenzó su andadura pastoral de la mano de la Virgen Inmaculada hace 25 años, con la inauguración del nuevo templo. Son 25 años de presencia de Dios entre nosotros, de innumerables gracias recibidas de Él y de generoso trabajo apostólico de todos vosotros, que queremos y debemos celebrar como merece: con una oración de acción de gracias y de alabanza; y con el alma abierta a la voz del Espíritu para que nos señale el camino a seguir en el empeño de evangelizar, de intensificar la comunión eclesial y de promover la renovación espiritual y la santidad de toda la comunidad.

Y creo que la mejor forma de hacerlo, en esta Vigilia de la Inmaculada, es pedirle a Ella por toda esa espléndida acción de gracias y el proyecto pastoral que se contiene en su Magnificat. Vamos a hacer nuestro, desde el corazón, este cántico espiritual que es al mismo tiempo:

• una honda experiencia de Dios,
• un anuncio gozoso de su salvación en Cristo,
• y una proclamación de los signos del Reino de Dios.

¿Qué otra cosa, si no, ha sido y está llamado a ser el quehacer pastoral de una parroquia, de la parroquia del Pilar?


2.- El Magnificat es la expresión de una profunda experiencia de Dios. María canta y alaba a Dios a quien ha descubierto como el Señor, el centro y la meta de su vida; el único a quien vale la pena adorar. Ella lo experimenta como el Salvador que manifiesta su poder en la misericordia y el perdón. Dios es para María el Santo, el misterio de amor insondable, el Dios sorprendente y siempre mayor de lo que el hombre puede pensar; el Dios que enamora y seduce. Es el Dios fiel que cumple sus promesas, que camina en medio de sus noches oscuras y sus desiertos, la roca firme en que se apoya.

Esa es la experiencia de Dios que tiene María, su Credo, que ha descubierto desde su pobreza y su humildad.

Y esta ha sido la tarea de la parroquia en estos 25 años: educar en la fe y confesar y engrandecer a Dios, en medio de un mundo tentado de empequeñecerlo y, en consecuencia, de sustituirlo, proclamar y ser testigos del Dios Vivo, ayudar a encontrarse con Dios.

Una tarea que sigue siendo especialmente urgente hoy ante la increencia creciente que va invadiendo nuestra sociedad secularizada. Y por eso la parroquia tiene que seguir ayudando a cuantos se acercan a redescubrir el sentido de la oración, la meditación viva de la Palabra y la experiencia de Dios que salva.
3.- El Magnificat es un anuncio gozoso de la salvación de Dios en Cristo, proclamado desde la alegría y el entusiasmo de una mujer deslumbrada por Dios. Ella canta a Dios que, en Jesucristo, va a entrar personalmente en nuestro mundo para vencer el pecado y la muerte en su misma raíz, para darnos un corazón de hijos y hermanos, capaces de compartir nuestros bienes y de hablar un nuevo lenguaje: el lenguaje de la paz, de la solidaridad y del amor.

Lo mismo que Dios ha realizado en estos 25 años con su presencia sacramental entre vosotros. Hoy cantamos nuestro Magnificat porque en esta comunidad parroquial Dios ha actuado con poder y nos ha hecho sentir la experiencia del perdón en el Sacramento de la Penitencia, la vivencia profunda de su muerte y su Resurrección en la Eucaristía, la presencia luminosa del Espíritu Santo que se nos da en el Bautismo y la Confirmación; y la fuerza de Dios que recibimos en los Sacramentos del Orden, del Matrimonio y de la Unción de los Enfermos. Todos signos sencillos, pobres y desconcertantes, que celebra la parroquia, en los que descubrimos por la fe que Dios camina con su pueblo y nos salva.


4.- En el Magnificat María canta y da gracias a Dios que le ha revelado cuáles son los signos del Reino. Al proclamar la venida del Mesías de los pobres, María ilumina en nosotros la conciencia de que “no se puede separar la verdad sobre Dios, que salva y es fuente de todo don, de su amor preferencial por los pobres”.

En la comunidad del Reino, nos dice María, los pobres y los humildes van a ser los preferidos. Justamente lo que está llamada a ser la parroquia como comunidad de caridad. Hoy cantamos nuestro Magnificat porque Dios nos ha enseñado en la parroquia a querernos, a conocer el mensaje del Mandamiento nuevo, a valorar la dignidad de la persona humana, a compartir nuestros bienes, a defender la justicia, a promover la civilización del amor. Y pedimos, desde nuestra debilidad, a la Virgen Inmaculada que nos ayude a acoger al Espíritu Santo para que nuestra comunidad parroquial sea un testimonio luminoso de amor y de paz. Para que podamos seguir cantando el Magnificat con obras y con palabras.


5.- Hace unos años, un buen cristiano, desde su experiencia personal, escribió esta oración de alabanza a la Iglesia:

“Alabada sea también esta gran Madre por el misterio divino que nos comunica, introduciéndonos en él por la doble puerta que constantemente está abierta de su doctrina y de su liturgia.

Alabada también por el perdón de Dios que nos garantiza.

Alabada sea por los hogares de vida religiosa que suscita y protege, y cuya llama sostiene.

Alabada sea por el mundo interior que nos descubre y en cuya exploración nos lleva de su mano.

Alabada sea por el deseo y la esperanza que fomenta en nosotros.

Alabada sea también por las ilusiones que desenmascara y disipa en nosotros, a fin de que nuestra adoración sea pura.

¡Alabada sea esta gran Madre!”.

¿Acaso no es ésta también, en alguna medida, la gracia que Dios nos ha concedido durante estos 25 años a través de esta comunidad parroquial del Pilar?

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga