DiócesisHomilías Mons. Dorado

Festividad de los Santos Ciriaco y Paula, patronos de Málaga

Publicado: 18/06/2008: 474

Parroquia de los Santos Mártires

1. Fiesta de nuestros Patronos.

Os saludo fraternalmente en este día en el que la Iglesia de Málaga conmemora a los Santos Ciriaco y Paula, nuestros Patronos. Con vosotros doy gracias a Dios y, a vosotros os invito a vivir con profundidad la memoria agradecida de los Santos Mártires a quienes la Iglesia de Málaga venera con especial solemnidad y se encomienda cada día para vivir con fidelidad la vieja herencia evangélica.

Hacemos memoria de dos jóvenes, Ciriaco y Paula, que en un contexto histórico contrario al Evangelio fueron testigos de Nuestro Señor Jesucristo con su vida y con su muerte.

Del martirio de Ciriaco y Paula, tal como ha sido estudiado, conocemos que fue en la persecución del Emperador Septimio Severo, que comenzó el año 202.

Queridos cristianos, reunidos hoy en la parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula, somos llamados a vivir con especial calidad evangélica porque los tiempos no son fáciles y estamos pasando por una creciente descristianización de nuestra sociedad.


2. El gran don que pedimos: la fe.

El recuerdo de los mártires Ciriaco y Paula es ocasión de que pidamos a Dios, por su intercesión, el gran regalo de una fe recia, sólida, que nos haga capaces de mantenerla, de enraizarla y de testimoniarla en cualquier circunstancia social y política en que nos encontremos.

Queridos cristianos de Málaga. Nuestros Patronos son ejemplo de existir en y desde la fe en el Señor.

Conviviendo con muchas personas que rechazan la fe o son indiferentes ante ella, la debemos definir con claridad para así poder vivir en coherencia.

Un cristiano es una persona que ha reconocido a Cristo como Mesías, Señor e Hijo de Dios. Y, por consiguiente, quiere que la vida de Jesús sea quien conforme la propia vida, quien considera que la muerte y la resurrección, son fuente de nuestra reconciliación con Dios y garantía de nuestro futuro, más allá de la muerte.

El cristiano es quien hace del Evangelio la norma de su propia vida: el perdón “setenta veces siete”, el amor a todos, por encima de razas, ideologías, edad, como El nos ha amado, estar al servicio de los demás como Jesús, que lavó los pies de los apóstoles.

Y que acepta la revelación de Jesús de que Dios es nuestro Padre, que El es el único mediador y que hay un más allá de plenitud y felicidad, después de la muerte.

Un cristiano es una persona que se siente miembro del pueblo de Dios, formado por todos los que confiesan a Cristo, como su Señor y se dejan guiar por el Espíritu Santo. 

La Iglesia a la que pertenece todo bautizado es, como recuerda el Concilio, “signo e instrumento de salvación”. No es la salvación, pero sí el medio que el Señor ha establecido para tener acceso a la experiencia personal de Jesucristo. Un cristianismo sin Iglesia no tardará en disolverse ante otras ideologías e, incluso, religiones.

Jesús llega a cada uno de nosotros por la palabra apostólica que ha resonado a través de estos veintiún siglos en la Iglesia, garantía de la verdad de la Palabra que se le ha entregado a ella y del testimonio de Jesucristo.

Es la fe que en Málaga comenzó hace tantos siglos y que tiene el testimonio de tantas vidas señaladas por el amor a Jesucristo y que, en muchos casos, supieron ofrecer el sacrificio de la propia existencia porque, como Ciriaco y Paula, fueron mártires.

Esta Málaga nuestra que ha sabido ser abierta para acoger personas de culturas distintas, de religiones diferentes y que tiene que pedir a Dios la fidelidad a la fe en Jesucristo, vivida como comunidad de los bautizados, como Iglesia.

A los Santos Patronos pido que nos ayuden con su intercesión a ser verdaderos creyentes, más creyentes, mejores creyentes. Es la mejor manifestación de verdadera devoción que hoy podemos tributar a Ciriaco y Paula, los jóvenes mártires de nuestra primera historia.


3. Dos características de la fe: fe martirial y fe anunciada.

La vida cristiana es gracia, pero no es fácil. Se separa de los criterios mundanos, de las pautas de conducta que promueven aplausos fáciles, del egoísmo.

La vida cristiana tiene siempre una dimensión de sacrificio, de martirio. El anciano Simeón dijo de Jesús que “era signo de contradicción”. Y esa es la vida del creyente. Sin quererlo, sin buscarlo. De hecho signo de contradicción porque su fuente es la vida del Señor y los criterios de Jesucristo están en el Evangelio que no se ha escrito por mayoría de votos sino como manifestación del inmenso amor de Dios a cada uno.

La primera lectura ha afirmado: “La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia... pero ellos están en paz”.

Y más explícitamente el Evangelio es un anuncio del sufrimiento cristiano. “Estad alegres cuando compartís los sufrimientos de Cristo... si os ultrajan, dichosos vosotros... si alguno sufre por ser cristiano, que no se avergüence, que dé gloria a Dios por este nombre”.

El presente cristiano nos da ocasión, a los que queremos ser fieles a Jesucristo, a sufrir en más de una ocasión. Especialmente la experiencia de soledad cuando nos damos cuenta de que Jesucristo y su Evangelio es ignorado, negado o desfigurado.

Y la vida cristiana se quiere sólo tolerar en el ámbito de la intimidad personal, sin trascendencia social y comunitaria alguna. Como si la aportación a la cultura, a la enseñanza, al servicio ingente de caridad, no fuera un testimonio claro de lo que promueve la fe en el Salvador. Como si la fe no fuera la mejor fuente de la verdadera libertad.

Cristianos de la ciudad de Málaga, contemplad a los Santos Mártires Patronos y, con la gracia de Dios, haced un ofrecimiento claro de vivir la fe con la mayor autenticidad aunque ello conlleve sufrimiento y dificultades.

Junto a la capacidad martirial, la fe que hemos recibido debe ser anunciada, transmitida. Desde los propios hogares, a cualquier otra instancia en la que nos encontremos. Vivimos en un mundo que promueve muchas relaciones. Pues debemos aprovecharlas para anunciar al Señor, para ser apóstoles. El quehacer evangelizador organizado a través de las parroquias, de los movimientos, de las asociaciones y el quehacer personal que siempre encuentra ocasión.

El cristiano no es una persona que, ante las dificultades, los contratiempos, se queja y protesta. Es aquél que siempre descubre una posibilidad de anunciar con su vida, con su palabra, con su testimonio, que Jesús es el Salvador, es el Hijo de Dios que nos ofrece el sentido más pleno de la vida.

Todos apóstoles. En este día de la celebración de los Santos Ciriaco y Paula es la mejor ofrenda y la que da sentido a celebrar las fiestas de ellos con toda solemnidad. Una vida de fe que sabe asumir la dosis de martirio que pueda presentarse y una vida de fe que sabe responder a la llamada del Señor de “id y anunciad el Evangelio”.

La Eucaristía es hacer presente la entrega total de Jesucristo, el testigo fiel, en favor nuestro. “Este es el Cuerpo que se entrega por vosotros...”. “Esta es la Sangre que se derrama por todos...”. Es lo que transformó la vida de Ciriaco y de Paula. Es el acontecimiento sacramental que transforma nuestra vida.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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