DiócesisHomilías Mons. Dorado

Sacramento de la Penitencia Jueves Santo

Publicado: 05/04/2007: 543

1.- Para revivir el triduo sacro de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, nos acercamos a celebrar el Sacramento de la Misericordia de Dios Padre y de nuestra conversión, que es un encuentro con Jesucristo y con el Espíritu Santo.

De la conversión se derivan frutos preciosos y abundantes. San Pablo los enumera en el fragmento de la Carta a los Efesios recién proclamado (Ef. 4, 17.22):

• la mansedumbre, donde imperaba el enfado.
• la conversión sitúa el amor a la verdad donde proliferaba la falsedad.
• la diligencia donde reinaba la negligencia.
• las palabras y gestos de aliento donde predominaban los gestos y palabras desmoralizadoras.
• la dulzura y la ternura donde reinaba la amargura.
• la paz donde se imponía el conflicto.
• la misericordia donde se alojaba la dureza de corazón.
• el perdón donde había espíritu de venganza.


2.- Iluminados por estos textos, evoquemos algunos pensamientos que favorezcan en nosotros las disposiciones adecuadas para recibir el Perdón de Dios.

2.1. No olvidemos que en este Sacramento, Dios Padre nos abraza personalmente en su Hijo. La Confesión no es un puro esfuerzo de reforma, es un “re-encuentro”.

No hagamos de la Confesión y de la conversión un puro esfuerzo ético. Restauramos nuestra relación con Dios y así se regeneran nuestras otras relaciones.

2.2. Recordemos así mismo que, en rigor, no somos nosotros quienes nos acercamos a Dios, sino que Dios se nos acerca a nosotros. Él nos precede siempre: “Tú no me buscarías si yo no te hubiera encontrado”. Es Pascal quien pone en boca de Cristo estas palabras dirigidas al creyente. San Pablo no dice casi nunca “reconciliaos con Dios”, sino “dejaos reconciliar con Dios”.

2.3. Recordemos también que el re-encuentro con Dios no solamente sana nuestras heridas pasadas, sino que es creador de vida nueva: nuevos ideales, nuevos valores, nuevas actitudes y comportamientos.

2.4. Tengamos en cuenta además que al convertirnos a Dios nos convertimos al futuro. Ante el futuro personal, eclesial, cívico, nos brotan muchas preguntas cargadas de ansiedad cuando no de angustia: ¿qué será de mí más tarde?, ¿qué será de mis trabajos y sudores eclesiales?, ¿qué será de nuestra Iglesia y del mundo?

Convertirse consiste en domesticar nuestros miedos poniendo en el corazón sentimientos de esperanza.

2.5. Recordemos así mismo que nuestro abrazo a Jesús se realiza a través de nuestro abrazo a la Iglesia, a la que debilité con mi pecado y es mediación de la misericordia y el perdón que hoy recibo. Por eso los Santos Padres llamaban a este Sacramento “Pax Ecclesiae”.

Acerquémonos confiadamente a la fuente de la gracia, a nuestro Señor Jesucristo, para que encontremos la misericordia y el perdón en este tiempo santo y podamos así fortalecer nuestra Fe y transmitirla a los demás.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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