DiócesisHomilías Mons. Dorado

Festividad de San José Obrero

Publicado: 01/05/2006: 997

1.- La Iglesia Católica celebra mañana la fiesta de San José Obrero para unirse al mundo del trabajo en sus legítimos anhelos de justicia. Fue Pío XII quien instituyó la Fiesta religiosa para alentar a los obreros cristianos a sumarse al carácter reivindicativo de esta jornada, que se venía celebrando desde el último tercio del siglo XIX, el 1 de mayo de cada año, para recordar las detenciones, juicios y ejecuciones de Chicago.

Las asociaciones obreras y ciudadanas no querían olvidar a quienes dieron su vida el año 1886 por defender que la jornada laboral constara de 8 horas de trabajo.

Y la Iglesia, dijo Pío XII, “no se puede ignorar o dejar de ver que el obrero, al esforzarse por mejorar su propia condición, se encuentra frente a una organización que, dejos de ser conforme con la naturaleza, contrasta con el orden de Dios y con el fin que Él ha señalado a los bienes terrenales”.


2.- El trabajo es un elemento básico de la vida de la persona que exige una atención renovada porque, como escribió Juan Pablo II, “surgen siempre nuevos interrogantes y problemas, nacen nuevas esperanzas, pero nacen también nuevos temores relacionados con esta dimensión fundamental de la existencia humana”.

Por eso pienso que la fecha del 1º de mayo nos exige un compromiso renovado y mayor.

Nuestro Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera ha escogido este lema: “El trabajo, principio de vida”. Lo considero un gran acierto por diferentes motivos. Entre otros, porque así nos lo exige nuestra Fe en la Resurrección de Cristo; porque la cultura imperante propicia el pesimismo y la pasividad; porque las organizaciones de los trabajadores no están en su mejor momento; y porque hay católicos que no conocen las orientaciones que nos ofrece la doctrina social de la Iglesia.


3.- Si miramos a la realidad concreta del trabajo, vemos que lejos de ser “un principio de vida” es una amenaza para numerosos trabajadores. Entiendo que existan accidentes laborales, pero el número de víctimas que se han producido en lo que va de año nos obliga a preguntarnos si se respetan los derechos de los trabajadores.

Por otra parte, bajo la dictadura de la racionalidad económica y la productividad, se está imponiendo la “sociedad de las 24 horas” que olvida que el trabajador es miembro de una familia y necesita la convivencia familiar para su desarrollo humano. Desconoce la primacía de la persona sobre el lucro y provoca una grave desintegración de la familia.

Finalmente, el trabajador se ve indefenso ante la flexibilidad del mercado de trabajo, prácticamente ilimitada. La precariedad laboral se ha convertido en una grave amenaza no sólo para los jóvenes, sino también para las personas que llevan muchos años en la empresa y tienen una edad en la que les resulta prácticamente imposible conseguir otro empleo cuando son despedidos.

Se trata de problemas graves y difíciles, pero la fe en la Resurrección de Cristo nos dice que podemos vencer al mal, a cuanto nos deshumaniza y convierte a la persona en una pieza más del sistema `productivo y consumista en que vivimos.

Jesucristo ha vencido a la muerte y nosotros podemos vencer el mal con su luz y con su gracia.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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