DiócesisHomilías Mons. Dorado

Solemnidad de la Inmaculada Concepción (Seminario)

Publicado: 08/12/2006: 482

Seminario Diocesano, Málaga


1. En todos los templos del mundo católico, los hijos de la Iglesia se reúnen hoy en torno a María, para saludarla con alegría como la mujer “bendita entre todas las mujeres” y como “llena de gracia”.
Nosotros nos unimos en nuestro Seminario Diocesano de Málaga a esa coral inmensa de voces de todos los católicos del mundo. Ella evoca en nosotros nobles deseos en este nuevo curso.


2. En primer lugar, su vida nos reafirma la primacía de Dios en nuestras vidas. En un mundo en que permanentemente se construyen frágiles dioses falsos, María nos evoca el amor apasionado a Dios y el amor apasionado a Jesucristo -a Cristo sólo se le puede amar con pasión-. Y el amor apasionado a la Iglesia, que es el “nombre plural de Cristo”, como la llamaba Pablo VI.

En el corazón del sacerdote diocesano crece con vigor el amor a la Diócesis: un amor incondicional, sin regateos ni discusiones.

Y un tercer amor: al pueblo; a este pueblo nuestro de Málaga, que camina muchas veces sin pastor, según la expresión de Jesús.

La imagen del Buen Pastor, el hijo de la Inmaculada, que preside nuestra Capilla, nos confirma  que de estos tres amores se nutre cada día especialmente el corazón del sacerdote. Esta casa –nuestro Seminario- es escuela y hogar de este amor hasta el sacrificio, como nos enseñan el Beato Manuel González, el Rector Vidaurreta y el diácono Duarte. Somos herederos de Santos Pastores. Pastores desprendidos y abnegados, sacerdotes enteros, sacerdotes servidores, sacerdotes santos.


3. María, la Inmaculada, ha ido contemplando generaciones de sacerdotes. Tenerla presente en los días de trabajo nos hace bien, y nos limpia de impurezas que desfiguran la imagen verdadera del pastor que aquí se debe fraguar.

Un pastor se hace de amor. “Oficio de amor es el nuestro”, decía San Agustín.
Y así se desprende de la conversación de Jesús con Pedro junto al lago: “Pedro, ¿me amas?”.

María también amó a Jesús y se puso a servir con todas sus fuerzas al proyecto de Dios. “Servidora” se llamó ella. Y con inmensa satisfacción san Pablo se llamaba “siervo de Jesucristo”.

No digo que ser sacerdote sea fácil, y os lo digo a los seminaristas y a los jóvenes. No es fácil y, si lo fuera, tal vez no merece la pena serlo. No es fácil hoy, ni lo fue nunca; y se requiere oración a fondo, fe, coraje y valentía, coherencia y mucha humanidad, y esperanza a prueba, y amor desmedido.

Pero ser pastor es apasionante y sencillo. Es decir, la vida es una vida trenzada de pocos cabos. “Amar y servir” es el lema de Jesús. Y el lema de María.

La mayor originalidad que podemos aportar después de veinte siglos es “amar y servir en todo”, como decía san Ignacio.
El amor y el servicio exigen capacitación. Estudiar a fondo es un modo de amar a Dios y a nuestro pueblo.

Un modo extraordinario de amor que ejerció el Señor fue “enseñar”. Enseñaba con paciencia y largamente. La mesa de estudio, por eso, debe ser un altar de amor.


4. Hoy, de nuevo y con fuerza, os pido a todos que “miréis a Cristo”, como nos recuerda el Papa. “Los ojos fijos en Cristo”, dice la carta a los Hebreos. Vuestra talla es la misma que la talla de Cristo.

Y con Él… “¡mar adentro!”, sin miedo, sin complejos. Con la humildad que genera esperanza. Sin ilusión y entusiasmo no merece la pena ser pastor. Vuestra fuerza es el nombre del Señor y el testimonio de vuestra vida, con el espíritu de María Inmaculada. Si vivimos esto, presiento que más jóvenes emprenderán la subida hacia esta casa, fundada sobre las montañas. Nuestra vida será un reclamo.


5. “Mar adentro” en nuestra tierra malagueña, sus hombres y mujeres, los niños y jóvenes. Y, sobre todo, los pobres. Nuestra barca es la Iglesia diocesana, que el Espíritu empuja y en la que nuestras manos reman. Y María Inmaculada nos acompaña.

“Dios no quiere que falten nunca buenos pastores. Dios no quiere que lleguemos a vernos faltos de ellos”.

Ojalá que el Señor no deje de suscitarlos y consagrarlos. Ciertamente que si existen buenas ovejas habrá también buenos pastores, pues “de entre las buenas ovejas salen los buenos pastores”, como decía san Agustín.

Así ocurre esta tarde con la presencia aquí de familias cristianas para ofrecer al Señor a sus hijos –cuatro recibirán hoy el ministerio de acólito-.

Con estos deseos nos presentamos ante el Señor en la Eucaristía del día de la Inmaculada Concepción.

 


+ Antonio Dorado Soto
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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