DiócesisHomilías Mons. Dorado

Solemnidad del Apóstol Santiago

Publicado: 24/07/2006: 546

1.- Celebramos esta tarde, en comunión con toda la Iglesia, las Vísperas de la Solemnidad de Santiago Apóstol, patrón de España y primer evangelizador de nuestro pueblo. Había sido pescador en Galilea y fue llamado por Jesús para que fuera uno de sus discípulos y apóstol. Y con Pedro y con Juan, uno de los amigos más íntimos del Señor. Fue el primer Apóstol que dio su vida en el martirio por el Maestro.


2.- En este día y en esta Eucaristía, deben afianzarse en nosotros dos sentimientos: un sentimiento de gratitud por el don de la Fe que hemos recibido y que fue predicada en España, según una Tradición muy antigua y venerable, por el Apóstol Santiago. Como rezamos en el Prefacio de la Misa:

“Con su guía y patrocinio se conserva la fe en España y se dilata por toda la tierra”.

Y en segundo lugar “acogen el aliento del Apóstol Santiago a los que peregrinan para llegar finalmente a Ti”.

Aliento, ánimo y crecimiento en la esperanza para que, guiados por el Espíritu, permanezcamos fieles al Evangelio y sepamos transmitir la fe a las nuevas generaciones. Es el objetivo de nuestro Proyecto Pastoral Diocesano: “Fortalecer y transmitir la Fe”.


3.- Para suceder a los doce apóstoles y continuar su ministerio de garantizar la fe de la Iglesia, Jesucristo fundó el ministerio de los Obispos, que son los sucesores de los apóstoles.

Durante veinte siglos la Iglesia ha continuado transmitiendo con fidelidad esta fe a través de los Obispos en comunión con el Papa, que es el sucesor de San Pedro.

Hoy precisamente nuestra Iglesia de Málaga quiere hacer memoria agradecida de uno de los sucesores de los apóstoles que cumplió esta sagrada misión desde el año 1970 hasta el 1973, y que murió recientemente en San Sebastián, su ciudad natal. Me refiero a D. Ángel Suquía.

El lema de su escudo episcopal era: “Por vosotros y por muchos… por todos”. Desde el momento en que fue designado hizo hincapié con gran fidelidad en ser el Obispo de todos y para todos. Antes de entrar en la diócesis saludaba por radio al pueblo de Málaga diciéndoles:

“Mi programa pastoral es, por ahora, entregarme en cuerpo y alma a vosotros, suscitando la colaboración de todos, a fin de preparar cuanto antes un Plan Pastoral adaptado a nuestras necesidades y posibilidades”. “El Obispo es de todos y para todos”, dirá. Y si alguna preferencia cabe en él será por los pobres y por los que sufren.

“Desde este momento tienen en mí todos los malagueños un hermano y un amigo que va a servirles con la máxima ilusión y esperanza”.

Creo que es eso lo que sintetizará la presencia de D. Ángel Suquía entre nosotros: acompañamiento cercano, ayuda eficaz, organización decidida y segura de toda la pastoral diocesana y entrega incondicional a todos y a todo.

Uno de las grandes preocupaciones era que la diócesis fuera una verdadera comunidad unida, compacta, que, formando un solo redil, atrajera a los de fuera y a los de dentro, empeñándose en evitar que surgieran gérmenes de división. Fueron años de eclosión y efervescencia eclesial aquellos del primer decenio del postconcilio y de los finales del sistema político español anterior a la democracia.

“Como Obispo quiero ser fiel a mi vocación de reunir, respetando la diversidad necesaria. Y para ello trataré ante todo de permanecer cada día más unido a Dios, porque `como el sarmiento no pude dar fruto por sí mismo, tampoco vosotros –dice el Señor- si no permanecéis en mí´”.

Al irse de Málaga para Santiago de Compostela, el preguntaban de qué se sentía más satisfecho de la etapa de Málaga, y decía:

“De mi dedicación absoluta a lo que en cada momento creía que debía decir, escribir o hacer. Dios me ha llamado a ser puro sembrador en esta diócesis. Me voy con la alegría de haber sembrado y con la esperanza de que algún día alguien recogerá el fruto, que siempre será de Dios”.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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