DiócesisHomilías Mons. Dorado

V Centenario de la fundación de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Mijas

Publicado: 17/12/2005: 558

1.- “¡Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales”. (Ef 1, 3).

Éste ha sido, queridos hermanos, el contenido de la gran plegaria de alabanza y acción de gracias a Dios que la parroquia de Mijas ha cantado con alegría durante este año dedicado a celebrar el V Centenario de la fundación de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Mijas.

Habéis querido:

- agradecer a Dios la creación de la parroquia,

- agradecer a la parroquia las enseñanzas del Evangelio y de los Sacramentos recibidos en ella, y

- agradecer a los mijeños su ejemplo de vivir cristianamente y valorar lo recibido con voluntad firme de continuarlo.


2.- En esta conmemoración hay muchas razones para dar gracias a Dios. Él, por la memoria y la presencia de Jesucristo, congrega a las familias para vivir la fe y la hermandad en una comunidad real y concreta, con caras conocidas y nombres propios.

Y hay que dar gracias también a los sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles seglares, hombres y mujeres, que han dedicado su tiempo y han gastado su vida con ilusión y generosidad, en animar y servir a las comunidades respectivas las exigencias del Reino de Dios, anunciado y vivido.

En estos momentos es bueno recordar la historia de vuestra parroquia a lo largo de estos años. Es vuestra historia y la historia de Dios con vosotros, en vuestro barrio, en vuestras casas, en vuestras vidas personales.

Siendo todo esto importante, es preferible pensar en el futuro, en los proyectos, en el deseo sincero de conseguir metas más altas y exigentes, en esa vocación común de ser presencia iluminadora del pueblo de Dios, de la humanidad redimida y renovada por Cristo y por la fuerza del Espíritu. La renovación del templo parroquial es la expresión y la exigencia de dar un nuevo rostro a la parroquia.


3.- La parroquia actual ha de ser capaz, ante todo, de formar nuevos cristianos convertidos y convencidos, capaces de ofrecer a las nuevas generaciones el recuerdo de Dios y presencia de Jesucristo, la esperanza de la vida eterna, fuente vigorosa de una vida ilusionada, piadosa y esperanzada, solidaria y generosa, laboriosa y alegre.

Una parroquia de hoy tiene que tener muy claras y firmes sus tres dimensiones:

- actividades de formación doctrinal y moral, para ser matriz de nuevos cristianos y de nuevas familias seriamente cristianas; catecumenados para niños y adultos; actos extraordinarios de oración y formación; técnicas de evangelización y misión para llegar a casas nuevas. No se puede descansar en las viejas ideas de hace 30 años.

- celebraciones litúrgicas donde se alabe a Dios con gozo y con belleza, donde la gente rece a gusto y se animen unos a otros a ser mejores viviendo y reviviendo los misterios de nuestra salvación.

- espíritu y vida de fraternidad para oxigenar la vida social entera, en el trabajo y en el ocio, en todos los ambientes y actividades. Un centro de servicios que lleven gestos de amor y consuelo a los pobres, enfermos, ancianos, huérfanos, presos, inmigrantes, transeúntes, marginados y necesitados de todo tipo.


4.- Y esto en comunión estrecha con las parroquias cercanas del Arciprestazgo, con el Obispo, con el Papa, con la Iglesia católica universal. Sabiendo que la Iglesia no empieza ni acaba en las pequeñas fronteras de nuestra parroquia. Viviendo en comunión real y efectiva con la Iglesia diocesana y universal. Sintiendo el gozo y la alegría de formar parte de esa familia universal, presidida y guiada por nuestro Señor Jesucristo, cabeza de la nueva humanidad.

Rezo por todos vosotros y me uno a vuestras alegrías y esperanzas.

Os deseo una renovación personal y comunitaria, para alabanza de Dios, alegría vuestra y el mejor servicio de salvación y consuelo para nuestros hermanos.

Que nuestro Señor Jesucristo os bendiga con su gracia y Santa María, la Virgen Inmaculada, os acompañe siempre, para que la parroquia sea una comunidad donde los cristianos, hombres y mujeres, viváis con tal intensidad que seáis capaces de formar una parroquia renovada, para alabanza de Dios y salvación de los hombres.

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga