DiócesisHomilías Mons. Dorado

Vigilia de la Inmaculada

Publicado: 07/12/2007: 577

Parroquia de Santa María de la Amargura, Málaga

Queridos jóvenes, que completáis la esperanza de la Iglesia de Málaga. La Virgen de la Victoria nos acoge en este lugar tan singular –su casa- y esta vigilia tan especial, en la que entrelazamos oraciones, cantos y silencios; es una vigilia llena de esperanzas y profundas emociones.

Cualquiera que sea el motivo que os haya traído aquí, me atrevo a deciros que quien os ha traído aquí es el Espíritu Santo. Habéis venido con vuestras dudas y vuestras certezas, con vuestras alegrías y vuestras preocupaciones. Ahora nos toca a todos nosotros, a todos vosotros, abrid el corazón y ofrecer todo a Jesús.

Decidle: “Heme aquí”. Ciertamente no soy todavía como Tu quisieras que fuera, ni siquiera logro entenderme a fondo a mí mismo, pero con tu ayuda estoy dispuesto a seguirte. Señor Jesús, esta noche quisiera hablarte, haciendo mía la actitud interior y el abandono confiado de aquella joven María, que hace 2.000 años pronunció su Sí al Padre, que la escogía para ser tu Madre. El Padre la eligió porque era dócil y obediente a su Voluntad. Como Ella, la pequeña María, cada uno de vosotros queridos jóvenes, diga con fe a Dios: “Heme aquí; Hágase en mí según Tu Palabra”

Todos y cada uno pedimos al Señor el don de una vida plena y feliz, una vida llena de sentido, una vida verdadera. Por desgracia muchos jóvenes creen que una existencia plena y feliz es un sueño difícil. Muchos compañeros vuestros piensan en un futuro con miedo. Se preguntan preocupados: ¿Cómo integrarme en una sociedad marcada por numerosas y graves injusticias y sufrimientos?;¿Cómo reaccionar ante el egoísmo y la violencia?; ¿Cómo dar sentido pleno a la vida?

Permitidme que os repita esta noche: ¡No tengáis miedo!, cada uno de vosotros, si permanece unido a Cristo, puede realizar grandes cosas. Nada es imposible para quien se fía de Dios y se entrega a Dios. Mirad a la joven María de Nazaret. El Ángel le propuso algo inconcebible: participar del modo más comprometedor posible en el más grandioso de los planes de Dios; la Salvación de la humanidad. Ante esa pregunta, María se turbó y preguntó: ¿Cómo es posible?; ¿porqué precisamente yo?. Sin embargo, dispuesta a cumplir la Voluntad de Dios, pronunció prontamente su Sí –“Fiat”- que cambió su vida y la historia de la humanidad.

Queridos jóvenes, aprendamos de María a pronunciar nuestro Sí. Mirándola a Ella, siguiéndola dócilmente, descubriréis la belleza del Amor; pero no de un amor que se usa y tira, pasajero y engañoso, prisionero de una mentalidad egoísta y materialista, sino del Amor verdadero y profundo.

Para muchos, el sueño de un amor que dé pleno sentido a su futuro, este sueño se realiza en la opción del matrimonio y en la formación de una familia, desde el amor entre un hombre y una mujer, se vive como don recíproco y fiel , como entrega definitiva, sellada por el “Sí” pronunciado ante Dios el día del matrimonio, un “Sí” para toda la vida.

Se bien que este sueño hoy es cada vez más difícil de realizar. ¡Cuantos fracasos del amor contempláis en vuestro entorno!; ¡Cuantas parejas inclinan la cabeza, rindiéndose y se separan!; ¡Cuantas familias se desintegran!; ¡Cuantos muchachos, incluso entre vosotros, han visto la separación y el divorcio de sus padres!

Frente a tantos fracasos, con frecuencia se formulan esta pregunta: ¿Soy yo mejor que mi amigo y mis parientes, que lo han intentado y han fracasado?, ¿por qué yo, precisamente yo, debería triunfar donde tantos otros se rinden? Este temor tan humano, puede frenar incluso a los corazones más valientes; pero en esta Vigilia, María os repetirá a cada uno de vosotros, las palabras que el Ángel le dirigió: “¡No temáis! ¡No tengáis miedo! El Espíritu está con vosotros y no os abandonará jamás. Nada es imposible para quien confía en Dios”.

Eso vale para quien está llamado a la vida matrimonial; y mucho más para aquellos a quien Dios llama a una vida de total desprendimiento de los bienes de la tierra a fin de entregarse a tiempo completo a ser Reino en la vida sacerdotal ó religiosa. Algunos de vosotros habéis emprendido el camino del sacerdocio, de la vida consagrada; algunos aspiran a ser misioneros, concientes de cuantos y cuales peligros implica. Pienso en los sacerdotes, en los religiosos y en los laicos misioneros que han caído en la trinchera del Amor al servicio de Jesucristo y del Evangelio.

Queridos jóvenes: Si el Señor os llama vivir más intensamente al servicio, responded con generosidad y el “Señor” también hará en vosotros maravillas que os hará cantar, con la Virgen, su Magnificat, una gozosa Acción de Gracias a Dios. Tened la certeza de que la vida consagrada a Dios nunca se gasta en vano.

¿Hay algo que pueda frenar nuestro entusiasmo, cuando estamos unidos a Cristo y a María?...”Nada, ni nadie, diría San Pablo, podrá separarnos del Amor de Dios, en Cristo Jesús, Señor Nuestro” (Rom. 8, 35-39).

¡Cómo María, la Virgen Inmaculada!


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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